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| 12/16/1996 12:00:00 AM

MODELO PARA ARMAR

El avance de los nacionalismos y los deseos de reconocimiento de algunos países están cambiando el mapa futbolístico de Europa.

El pasado miércoles 13 de noviembre se reunieron en un pequeño estadio de Los Pirineos para jugar un partido de fútbol cuatro estudiantes, dos funcionarios de aduanas, un empleado oficial, un envasador, un mensajero, un con-tador, un celador, un cajero de banco y un vendedor de seguros. A primera vista esta nómina no se diferencia mucho de la de los aficionados que se reúnen los fines de semana en cualquier potrero colombiano para disputar los tradicionales picados. Es más, al igual que en Colombia, estos deportistas europeos ni siquiera se concentraron para el encuentro "porque estaban en sus respectivos empleos". Pese a esto fueron acompañados por 1.200 felices hinchas, en su mayoría familiares y amigos. El partido fue cubierto por 200 periodistas de toda Europa y seguido por aficionados de todo el viejo continente. Se trataba del debut internacional de la selección de fútbol de Andorra, un pequeño país enclavado entre Francia y España.Con 453 kilómetros cuadrados territorio y sólo 18.000 nacionales de sus 68.000 habitantes, ese miércoles Andorra hizo realidad uno de sus sueños: empezar a disputar competencias de la Fifa y la Uefa. Por eso, al margen de la derrota 6-1 contra su primer rival, Estonia, para el país fue día de fiesta "porque así iniciamos nuestra presencia en la Eurocopa de 2000", dijo Francesc Vila, presidente de la Federación Andorrana de Fútbol. La ilusión era inscribirse oficialmente para disputar un cupo para el mundial de Francia 98, pero no alcanzaron a gestionar todas las diligencias ante la Fifa. Pese a esto no les importó mucho este pequeño impasse porque su selección había logrado como premio de consolación nada menos que inscribirse para participar en las eliminatorias de la Eurocopa.El caso de Andorra sirve para ilustrar lo que muchos han llamado la atomización de Europa, que no es otra cosa que el ingreso de más de una docena de nuevas selecciones dentro del mapa futbolístico del viejo continente. Desde la caída del muro de Berlín en 1989 y la desmembración de la Unión Soviética, algunas de las las primeras cosas que buscaron las nacientes naciones fue consolidar su independencia siguiendo al pie de la letra la sentencia del escritor Albert Camus de que "la patria es la selección". Antes de la caída del muro las eliminatorias para el mundial de Italia fueron disputadas por 22 selecciones. Las de USA 94 fueron peleadas entre 36. Y para Francia 98 son 49 los países que están buscando uno de los 14 cupos asignados a ese continente.Pero, pese a esta explosión de selecciones, para muchos durante la última jornada de eliminatorias, disputada hace una semana, quedo claro que más allá del deseo de llegar al mundial lo que realmente buscan muchos de estos equipos es obtener su reconocimiento internacional por medio del fútbol. En la actualidad las Naciones Unidas tienen 185 miembros y la Fifa ya le pisa los talones con 177 selecciones inscritas. Esto convierte al organismo rector del fútbol mundial en la entidad internacional más importante después de la ONU.Para muchos, esta es la principal razón por la cual para algunos países es más importante armar un equipo de fútbol que buscar su independencia. Esto explica porqué naciones como Moldavia o Bielorusia, que aún no figuran dentro del listado de naciones reconocidas por la ONU, están de fiesta desde el año pasado cuando fueron aceptadas por la Fifa para disputar las eliminatorias para Francia. Los habitantes de estos dos países saben que las posibilidades de que sus selecciones lleguen triunfantes a la Ciudad Luz son remotas, pues antes tendrán que derrotar a algunos de sus compañeros de grupo, entre los que se encuentran Italia, Inglaterra, Austria y Suecia. Sin embargo lo importante para ellos es participar al lado de los tradicionales gigantes de Europa.Otro de los que no ha sido reconocido por la ONU, pero que está aprovechando el pantallazo internacional por medio del fútbol, son las Islas Feroe. Aunque dependen administrativamente de Dinamarca, la Fifa las acogió tan sólo hace tres años en su seno debido a que este grupo de islas de 1.399 kilómetros cuadrados de extensión posee una autonomía interna. Sin embargo su actuación ha sido menos afortunada de lo que sus 50.000 habitantes hubieran deseado. Después de cinco fechas la selección marcha quinta en el grupo seis con cero puntos, 22 goles en contra y sólo cinco a favor.
En similar situación está Liechtenstein, un pequeño Estado entre Austria y Suiza, reconocido por las Naciones Unidas en 1990 y por la Fifa en 1995. Sus 18.000 habitantes, 5.000 de los cuales son suficientes para llenar el estadio de la capital Vaduz, guardan las esperanzas de clasificar sin importarles que su selección va de última en el grupo ocho con cero puntos, dos goles a favor y 21 en contra en apenas cuatro partidos. Pese a las devastadoras cifras, los diarios también son optimistas, "Todavía quedan seis fechas. No todo está perdido", escribieron después de la última derrota.Contrario a lo que pasa en Suramérica, estas humillaciones futbolísticas no amedrentan a los débiles debutantes. Los habitantes de San Marino, Estado de 60 kilómetros cuadrados ubicado en la bota italiana, siempre soñaron con que su equipo nacional compitiera en unas eliminatorias contra los que por razones históricas consideran su eterno rival: la escuadra azzurra de Franco Baresi, Paolo Maldini, Roberto Donadoni, Roberto Baggio y Gianfranco Zola. Sin embargo el mapa futbolístico los dejó en grupos separados. San Marino aspiraba a asistir a Francia pero le tocó en el mismo grupo con Holanda, Turquía y Bélgica. En el último partido los turcos los devolvieron a casa tras un contundente 7-0, con el que ajustaban 14 goles en contra en dos encuentros.Pero no a todos los 'nuevos' les ha ido tan mal como a Liechtenstein. Bosnia, por ejemplo, derrotó hace tres semanas a Italia 2-1 en un partido preparatorio. Ese revés casi le cuesta el puesto al técnico Arrigo Sacchi. Croacia, que a diferencia de Andorra, cuenta con una nómina de lujo encabezada por Davor Suker, estrella del Real Madrid, y Alen Boksic, figura del Juventus, es según los expertos uno de los nuevos equipos que tiene suficientes argumentos para jugar mano a mano con las potencias del continente. Dentro de este grupo de debutantes la sorpresa también ha estado en los pies de la selección de Serbia-Montenegro que, guiada por Pedraj Mijativic, marcha primera del grupo seis con 12 puntos de 12 posibles, por encima de Eslovaquia y República Checa, que hasta hace poco eran una sola, y le siguen de segundo y tercero respectivamente en un duelo a muerte.Aunque los resultados de estos países han demostrado que estan lejos de disputarle con seriedad la hegemonía a los tradicionales dominadores de Europa, por lo menos su sola presencia en los estadios ha servido para congestionar el mapa europeo de fútbol. Pocos creen que oncenos de países del tamaño de una finca en los Llanos Orientales, con nóminas como la de Andorra, sean un obstáculo en el camino a Francia para la Italia de Baggio o la Holanda de Patrick Kluivert. Todo indica que lo único importante para un gran número de los nuevos países es obtener la bendición de la Fifa como un camino para lograr el reconocimiento internacional que la política no les ha dado. Prueba de esto es la polémica que a comienzos de este mes se vivió en España, en donde los catalanes y los habitantes del País Vasco le exigieron al gobierno de José María Aznar el derecho a formar sus propias selecciones de balompié, argumentando que si el Reino Unido podía tener cuatro selecciones en competencia _Inglaterra, Escocia, País de Gales e Irlanda del Norte_, y los daneses dos _Dinamarca e Islas Feroe_ ya es justo que a ellos se les permita hacer lo mismo.¿Qué tal esa?
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