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| 4/21/2010 12:00:00 AM

Muere Samaranch, el hombre de los Olímpicos

Juan Antonio Samaranch, cuya gestión de 21 años como presidente del COI marcó un crecimiento exponencial de los juegos y su más grave escándalo de corrupción, murió el miércoles a los 89 años en su ciudad natal Barcelona.

Por STEPHEN WILSON y PAUL LOGOTHETIS  (AP)
El dirigente español estuvo al frente del COI entre 1980 y 2001.

Samaranch ingresó el domingo pasado en un hospital de la capital catalana por una insuficiencia cardíaca y falleció tres días después a causa de una parada cardiorrespiratoria, según informó el Hospital Quirón de Barcelona en un comunicado.

"Si hay una buena forma de morir, supongo que es esta", dijo a la AP su hijo Juan Antonio Samaranch Jr. "Tuvo una vida y una carrera plena".

El presidente del COI, Jacques Rogge, estará entre los dignatoarios que acudirán a una ceremonia especial el jueves por la mañana antes del funeral el mismo día en la catedral de Barcelona.

"No encuentro palabras para expresas el dolor de la familia olímpica", dijo Rogge en un comunicado. "Personalmente estoy muy triste por la muerte del hombre que construyó los Juegos Olímpicos modernos, un hombre que me inspiró, y que tenía un conocimiento realmente excepcional del deporte".

La era Samaranch fue quizás la más intensa en la historia del COI, incluyendo boicots políticos, la aceptación al profesionalismo, la irrupción del comercialismo, el auge en popularidad de los juegos, la plaga del dopaje y el escándalo de prebendas en los juegos de invierno en Salt Lake City.

Hace sólo un año, Samaranch apadrinó la candidatura de Madrid 2016 y pidió a los miembros del COI reunidos en Copenhague que otorgasen los juegos a España porque su "final estaba muy cerca". Finalmente, Río de Janeiro se impuso a la capital española en la votación definitiva.

Samaranch había sufrido en los últimos años numerosos problemas de salud. Estuvo hospitalizado 11 días en Suiza por "fatiga extrema" en 2001 tras regresar de la sesión del COI en Moscú, donde el belga Jacques Rogge fue elegido como su sucesor. También, en años posteriores, convaleció por problemas renales y de hipertensión.

Samaranch, por entonces un desconocido diplomático español, fue elegido en Moscú, en 1980, como el séptimo presidente del movimiento olímpico, asumiendo el cargo más prominente del deporte mundial.

Veintiún años después, ya como una figura de reconocimiento mundial, Samaranch volvió a Moscú para completar su ciclo, celebrando la popularidad y bonanza económica de los juegos, aunque con la imagen menoscaba por el escándalo que precipitó la expulsión de 10 miembros del COI por recibir favores de parte del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Invierno 2002.

Aunque sus amigos cercanos solían describirlo como una persona afectiva, hasta los últimos días de su gestión exhibió una personalidad fría y proclive a pronunciamientos filosóficos.

"Me siento tranquilo", dijo. "Así es la vida. Hay un principio y un final. Este es el final de mi presidencia. Sabía desde mucho tiempo que este día iba a llegar".

Inclusive en la parte final de su mandato en 2001, Samaranch se esforzó por hacer realidad tres objetivos como parte de su legado: conferir la sede de las olimpiadas de 2008 a Beijing, la elección de Rogge como nuevo presidente y el nombramiento de su hijo homónimo como miembro del COI.

Samaranch se despidió como el segundo presidente que más tiempo gobernó en los 107 años de historia del COI. Sólo Pierre de Coubertin, el barón francés que fundó las olimpíadas modernas estuvo más tiempo en el cargo, al hacerlo durante 29 años (1896-1925). El estadounidense Avery Brundage lo hizo durante 20 (1952-72).

Periodos tan prolongados ya no se repetirán. El COI reformó su reglamento y la gestión de un presidente no puede pasar de 12 años, uno inicial de ocho años que incluye la posibilidad de cuatro años adicionales.

"Después de Coubertin, no cabe duda que Samaranch supera a los demás de los presidentes en cuanto a su impacto, no sólo en cuanto a los Juegos Olímpicos, sino por el sitial que tiene el movimiento olímpico en el mundo", declaró el historiador olímpico John MacAloon.

El canadiense Dick Pound, veterano miembro canadiense del COI y que quedó tercero en la votación en la que Rogge salió triunfador, comentó que Samaranch fue uno de los "tres más importantes presidentes" en la historia.

"De Coubertin puso en marcha el movimiento; Brundage lo mantuvo con vida durante un periodo tormentoso; y Samaranch lo sacó de la cocina y lo puso en la vitrina mundial", dijo Pound.

Samaranch también se refirió a la dramática transformación.

"Hay que comparar lo que son las olimpiadas hoy con lo que eran hace 20 años ... Ese es mi legado", dijo antes de su retiro. "Son mucho más relevantes. Además, todo nuestra financiación proviene de fuentes privadas, ni un solo dólar de un gobierno. Eso significa que podemos garantizar nuestra independencia y autonomía".

Cuando Samaranch asumió en 1980, el COI estaba virtualmente en la bancarrota y las olimpiadas eran zarandeadas por boicots, atentados terroristas y problemas financieros.

Cuando se fue, las arcas del COI estaban repletas de ingresos por patrocinios, la era del boicot pasó a la historia y los juegos se constituyeron definitivamente como la prueba multideportiva favorita en el mundo.

"Tomó una organización que estaba muy fragmentada, desorganizada y sin plata y la dejó como una organización universal, unida y que es independiente tanto en lo político como lo financiera, que tiene credibilidad, no sólo en el mundo del deporte, pero también en los círculos políticos", dijo Pound. "Se trata de un logro enorme en esos 20 años".

Pero la presidencia de Samaranch también estuvo marcada por la polémica. No faltaron las voces críticas de que los juegos se pasaron de la raya en cuanto a comercialización, que el consumo de sustancias para mejorar el rendimiento se disparó y que perpetuó la imagen del COI como un club privado para elites.

El autor británico Andrew Jennings, uno de los críticos más duros de Samaranch, escribió que "la corrupción pasó a ser el lubricante de su industria olímpica", y que "desplumó al deporte de su integridad moral y monetaria".

La reputación de Samaranch fue afectada sobre todo por el escándalo de Salt Lake, que derivó en la expulsión de seis miembros del COI y la renuncia de otros cuatro que recibieron más de un millón de dólares en efectivo, obsequios, becas y otros favores a cambio de que la ciudad estadounidense de Salt Lake obtuviese la sede de los Juegos de Invierno.

"Lo que lamento, lo que realmente lamento, es lo pasó en Salt Lake City", señaló Samaranch.

"Fue un golpe devastador a la organización, para él", comentó MacAloon. "Fue quien recomendó a varios de los miembros que aceptaron los sobornos ... Es algo que dejó una huella imborrable en su presidencia".

Samaranch aprovechó la crisis para aprobar una serie de reformas que permitieron que el proceso de selección de una sede se hiciese más moderno, abierto y democrático, incluyendo una prohibición de las visitas de los miembros a las ciudades postulantes.

"Usamos esta crisis para cambiar la estructura del COI", dijo. "Quizás sin esta crisis, esto no habría sido posible".

En diciembre de 1999, Samaranch se convirtió en el primer presidente del COI que testificó ante el Congreso de Estados Unidos, aguantando tres horas de cuestionamientos por parte de legisladores escépticos de las reformas.

La olimpiada de Sydney 2000, que Samaranch describió como la mejor en la historia, permitió devolverle el brillo a las justas.

Pound dijo que el escándalo no debe quitarle lustre al legado de Samaranch.

"El progreso y logros en su contexto histórico eclipsarán el hecho que estaba en la mirilla cuando estalló lo de Salt Lake", dijo.

El pasado de Samaranch también fue oscuro para sus detractores. Jennings y otros le denunciaron por haber sido funcionario de la dictadura de Francisco Franco.

Indignado, Samaranch se defendió diciendo que eran los españoles, no periodistas extranjeros, quienes tenía que juzgarlo por su pasado. Indicó que sólo tuvo un papel modesto como funcionario y líder parlamentario del movimiento falangista.

Llegó a considerar apartarse del cargo tras la olimpiada de 1992 en su natal Barcelona, y nuevamente tras los juegos del centenario en Atlanta 1996. En ambas ocasiones, animado por sus simpatizantes, siguió al frente del COI. En dos ocasiones se modificó el límite de edad para permitirle la permanencia.

Como presidente honorario de por vida, Samaranch se mantuvo activo en el movimiento olímpico. Fue el presidente de la directiva del Museo Olímpico en Lausana y con frecuencia asistió a las reuniones del COI alrededor del mundo.

Su esposa, María Teresa, falleció por un cáncer en 2000, cuando tenía 67 años, y poco después de que Samaranch presidió la ceremonia apertura de los juegos de Sydney. Samaranch viajó a Barcelona para estar a su lado, pero murió cuando volaba. Regresó después de Sydney para lo restante de los juegos.

Además de su hijo Juan Antonio, de 50 años, a Samaranch le sobrevive una hija, María Teresa.

Cuando era joven, Samaranch fue activo en hockey sobre césped, boxeo y fútbol. Fue elegido miembro del COI en 1966 y estuvo como vicepresidente entre 1974-78.
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