Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1996/02/26 00:00

NACE UNA ESTRELLA

Al llegar a la semifinal del abierto de Australia, Chanda Rubin demostró que puede ser la única en destronar a Mónica Seles.

NACE UNA ESTRELLA


EL ABIERTO DE Australia le devolvió a los estadounidenses la fe en el tenis femenino de su pafs y les hizo recordar los buenos tiempos de Chris Evert, cuando Estados Unidos ocupaba la cima del escalafón de la WTA. La encargada de recobrar toda esa ilusión fue Chanda Rubin, quien la semana pasada derrotó a la argentina Gabriela Sabatini, a la espafiola Arantxa Sánchez Vicario y disputó el paso a la final del torneo con la número uno Mónica Seles.
Rubin, nacida en la pequeña ciudad de La Fayette, Luisiana, fue la tenista de quien más se habló en Australia, aun por encima de Seles. No sólo porque el martes pasado venció a Arantxa en el partido más largo en la historia del abierto =3 horas y 33 minutos=, sino porque en el juego con Seles, dos dias después, pudo haber ganado si no hubiera cometido algunos errores.
La importancia de la actuación de esta tenista de 19 años para los estadounidenses consiste en que desde hace algún tiempo habian resignado sus aspiraciones de recobrar el dominio mundial del tenis femenino a las participaciones de jugadoras de otros pafses que habían decidido nacionalizarse. Tal fue el caso de la checoslovaca Martina Navratilova, quien durante años ganó a nombre de los estadounidenses los más importantes eventos tenísticos del planeta; o la serbia Mónica Seles, quien hace poco obtuvo la nacionalidad y hoy en día ocupa el primer lugar del ranking internacional en representación del Tío Sam.
Si bien es cierto que en temporadas anteriores han surgido promisorias jugadoras en ese pafs, los años han demostrado que casi con la misma velocidad con la que escalaron posiciones las han descendido. Casos como el de Jennifer Capriatti, quien terminó su carrera por consumir drogas; o Mary Jo Fernández y Lindsay Daven- port, quienes por su irregularidad profesional e inestabilidad emocional entran y salen constantemente de la lista de favoritas, fueron la prueba de que los estadounidenses estaban prácticamente sin una compatriota que pudiera pelear con autoridad la cima del tenis.
Para los expertos, Rubin es un caso diferente a los de las otras promesas norteamericanas, porque ella no ha recorrido aceleradamente los laberintos de la WTA para llegar a los primeros lugares. En 1994 terminó la temporada en el puesto 23 de la clasificación, y el año pasado logró meterse dentro de las 15 primeras del ranking. Según Rolando Lehera, periodista de la agencia Reuter de Miami y quien ha seguido de cerca los últimos dos años de la carrera de Rubin, "A diferencia de Davenport, Capriatti y Fernández, Chanda tiene un grado de madurez más elevado, y sobre todo sabe hacer las cosas con calma, porque no tiene prisa en llegar al número uno. Lo único que busca es que al llegar tenga los suficientes argumentos para sostenerse ".
Por ahora lo único cierto es que los estadounidenses tienen de nuevo una compatriota por quien hacer barra en las canchas de tenis, pero no hay que desconocer que deben soñar despacio porque el partido que Rubin perdió con Seles dejó ver no sólo que se asustó al estar a punto de llegar por primera vez en su vida a la final de un grand slam, sino que aún le falta tener más confianza en su buen juego para poder afrontar con verdadera decisión los grandes retos que tendrá de ahora en adelante.

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