Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/04/07 00:00

Nadar es una droga

Michael Phelps sufría de hiperactividad, pero a los 9 años dejó de tomar Ritalín, su medicina, y se dedicó a la natación. Tanto nadó, que hoy es el gran Michael, el último fuera de serie que ha dado el deporte de alta competencia.

Michael Phelps posee seis récord mundiales, cinco de los cuales batió en los mundiales de Australia que acaban de terminar. Su primer récord mundial, en 200 metros mariposa, lo obtuvo cuando apenas tenía 15 años y 9 meses. En la actualidad tiene 21 años

El Olimpo de los inmortales acaba de abrir una sucursal en Melbourne, Australia. A la décimosegunda edición de los campeonatos mundiales de natación asistieron 2.195 nadadores de 173 países, pero, al parecer, 2.194 tuvieron por misión ser testigos de excepción de la hazaña del estadounidense Michael Phelps.

Del 17 de marzo al primero de abril era necesario ser extraterrestre para no enterarse de que en la pileta del Rod Laver Arena un joven estaba haciendo añicos todo lo que se le cruzara por delante. Durante dos semanas, el oriundo de Baltimore, Maryland, ganó siete medallas de oro, batió cinco récord mundiales y mandó los nombres de John Weissmuller, Mark Spitz e Ian Thorpe a guardar en el baúl de los recuerdos.

A partir de ahora, Phelps es a la natación lo que Pelé al fútbol, Tiger Woods al golf, Roger Federer al tenis y sus tocayos Jordan y Schumacher al basquetbol y el automovilismo.

Un chico cualquiera

A Michael le gusta desayunar bien. Dos sándwiches de huevo y queso, una tortilla, cereales y un cerro de pancakes; además muere por las hamburguesas y la lasaña, pero su cuerpo es apenas un 7 por ciento de grasa, cuando lo normal para un deportista de elite es de un 15 por ciento.

Claro, con una altura de 1,98 metros, 88 kilos de peso, el tronco más largo que las piernas y un método de entrenamiento que lo lleva a nadar 90 kilómetros semanales, Phelps necesita muchas calorías para quemar. Sólo durante el Mundial de Melbourne nadó 120 kilómetros, como para no perder ritmo, y entre 1997 y 2004 sumó menos de una semana de inactividad.

Calza 47, oye rap a decibeles imposibles de cuantificar, Austin Powers es su personaje de cine favorito y su habilidad dentro del agua es sólo equiparable a su torpeza fuera de ella; no en vano muchos lo comparan con 'Largo', el mayordomo de los locos Addams. Su madre se llama Debbie, Fred es su padre; se separaron en 1993, pero ambos han luchado para sacar adelante la carrera de su hijo, el menor de tres hermanos, dos de ellos mujeres.

Oro en el pecho

A los 11 años lo descubrió el entrenador Bob Newman, que le hizo a la familia Phelps una proyección de lo que sería su carrera: triunfos, fama y fortuna con un pico de rendimiento que llegaría en las Olimpíadas de 2012, cuando tenga 27 años de edad.

Se desfasó por más de un lustro. A los 15 años asistió a los Juegos Olímpicos de Sydney, que vieron coronarse al local Ian Thorpe como el mejor, con tres oros y dos platas. Phelps no ganó nada, pero cinco meses después se convirtió, a los 15 años y nueve meses, en el hombre más joven en establecer un récord mundial, el de los 200 metros mariposa.

Cuando en 2004 los Olímpicos regresaron a su lugar de nacimiento, Atenas, el mundo esperaba la consagración de Thorpe, pero a los 21 años 'El torpedo' estaba desmotivado, nada que ver con la máquina que había ganado seis medallas de oro en el Mundial de Fukuoka, Japón, en 2001. Sus cuatro medallas (dos de oro, una de plata y una de bronce) supieron a poco comparadas con las ocho (seis oros, dos bronces) de Phelps, que llenó su pecho de finos metales, pero no pudo cobrar el cheque que la fabricante de trajes de baño Speedo le había ofrecido: un millón de dólares si igualaba la marca de siete medallas de oro de Mark Spitz en Munich 1972.

Con un Thorpe de 24 años retirado desde noviembre de 2006, Phelps no tiene competencia y su exhibición de Melbourne así lo demuestra. Tal es su dominio, que en los 400 metros estilos rebajó su propia marca en más de dos segundos y le sacó más de tres segundos a su compatriota Ryan Lochte, medalla de plata.

Un octavo oro en los recientes mundiales de Australia se vio frustrado cuando en la prueba de relevos de 4x100 estilos su compatriota Ian Crocker saltó a la piscina a destiempo y provocó la descalificación del equipo norteamericano. Igual, no importa. Su estado de forma es tal, que de los seis registros mundiales que ostenta, cinco los consiguió en Melbourne, casi a razón de uno diario, y desde 2003 ha batido el récord de 200 metros estilos en seis oportunidades.

La imagen de buen muchacho de Michael estuvo a punto de romperse en noviembre de 2004, cuando con 19 años fue detenido por un policía en Baltimore. El rey de las piscinas se había volado una intersección y además manejaba borracho, crimen agravado si se tiene en cuenta que en el estado de Maryland sólo se puede tomar alcohol desde los 21.

Por el hecho, Phelps afrontaba una posible condena de un año y 1.000 dólares, pero al declararse culpable y ofrecer disculpas públicas, sólo tuvo que pagar 250 dólares, cumplir con 18 meses de libertad condicional y dar charlas preventivas en colegios de la ciudad.

El incidente no pasó a mayores y nunca ocurrió lo que se temía: que sus patrocinadores lo abandonaran; por el contrario, desde su debut, su cuenta bancaria no ha parado de aumentar. Al contrato con Speedo se le suman acuerdos con la marca de relojes Omega, Visa, AT&T, Power Bar y la empresa de productos electrónicos Matsunichi, lo que representa unos 10 millones de dólares de ingresos anuales.

La propuesta de Speedo sigue en pie. Si Phelps gana siete medallas de oro en Beijing 2008 podrá llevarse a casa un bono de un millón de dólares, algo no tan importante como su deseo de que a un hipotético sucesor le resulte un infierno atravesar una piscina. Y tiene apenas 21 años.

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