Miércoles, 26 de noviembre de 2014

| 1994/12/26 00:00

NADIE COMO NADIA

Con el regreso de Nadia Comaneci a Rumania y el reciente triunfo del equipo de gimnasia en el campeonato mundial de Dortmund, Alemania, los rumanos comenzaron a recobrar parte de un glorioso pasado.

NADIE COMO NADIA

EL LUNES 21 DE NOVIEMBRE LOS altoparlantes del aeropuerto Otopeni de Bucarest anunciaron la llegada del avión 727 de la compañía rumana de aviación Tarom. En él venía un grupo de pequeñas niñas, delgadas y pálidas, que traían entre sus equipajes las medallas y los trofeos que habían ganado para su país durante el pasado mundial de gimnasia olímpica celebrado en Dortmund, Alemania.

Al bajar del avión vieron a decenas de personas que sostenían banderas con el tricolor de Rumania. Unos segundos después, al aparecer por la escotilla Nadia Comaneci, la multitud reventó en aplausos, las banderas comenzaron a ondear con fuerza y los gritos de bienvenida se tomaron el lugar. La reina de la gimnasia había vuelto a casa, y con ella las siete rumanas que conquistaron el tercer título mundial en la historia de la gimnasia de ese país.

Pero el regreso de Nadia no sólo motivó alegrías entre sus compatriotas. En la madrugada del martes 15 de noviembre Dumitru Todeodenescu incendió el 80 por ciento del gimnasio que Comaneci había construido antes de fugarse en 1989.

El diario Adevarul dijo que podía tratarse de un miembro de un grupo que se oponía al regreso de la gimnasta, a quien consideraban desleal por haber huido en el peor momento de la historia rumana, cuando más necesitaban de una figura que sacara la cara por el país.

REINA DESDE PEQUEÑA
Pero Nadia Elena Kemenes-Comaneci comenzó a despertar admiración en todo el pueblo rumano desde los seis años, cuando en un jardín infantil de su pueblo natal, Onesti, captó la atención de Martha y Bela Karoly, sus primeros entrenadores, quienes analizaron por algunos minutos los movimientos de la pequeña, que jugaba con otros niños. Al verla se dirigieron a ella y le preguntaron si quería ser gimnasta: inmediatamente respondió que sí.

Quienes la conocieron en este período afirman que a Nadia no le gustaba la disciplina con la que Beta la trataba; al comienzo fue muy dispersa y promovió el desorden en el grupo de pequeñas gimnastas que el matrimonio Karoly había logrado reunir.

Las nueve horas diarias de entrenamiento en la Asociación Deportiva Flacara, que dos años más tarde se convertiría en el Centro Nacional de Gimnasia, fueron formando el cuerpo y el carácter de la futura campeona.

La táctica de los entrenadores fue muy controvertida porque en ese entonces las gimnastas eran jóvenes de 18 a 20 años, mientras que el grupo de los Karoly estaba conformado por niñas que no superaban los 8. Las críticas fueron quedando atrás a medida que se empezaron a ver los resultados: a los 12 años Nadia ya se había consagrado como campeona nacional de su país. En 1975, a los 14, se convirtió en campeona europea absoluta en los juegos de Skien, Noruega. Un año después, durante los Juegos Olímpicos de Montreal, la historia de la gimnasta empezó a ser escrita por esta rumana de tan sólo 15 años.

En la sala forum donde se realizaron los ejercicios, su perfecta ejecución la hizo merecedora de tres medallas de oro, una de plata y una de bronce, así como obligó a los árbitros a conceder por primera vez en la historia cinco veces un 10, la máxima nota que se puede otorgar. Pero como el tablero de calificaciones sólo estaba programado para 9.95, considerada hasta entonces la más alta calificación en un campeonato de gimnasia, los 10 de Nadia aparecieron bajo la nota 1.00. Por unos minutos el desconcierto invadió a las integrantes del equipo y a los cientos de espectadores que pudieron ver cómo esta niña se elevaba por el aire sin brusquedad, combinando la fragilidad de un niño con la fortaleza y flexibilidad de un adulto. Los jueces aclararon el mal entendido y calificaron la actuación como "biomecánicamente inconcebible". Desde ese momento, y hasta su retiro a los 19 años, después de los Olímpicos de Moscú en 1980, Nadia Comaneci fue la única reina de la gimnasia en el mundo.

FUGA DE BUCAREST
A raíz de la victoria en Montreal, Nadia fue declarada heroína nacional de Rumania. El recibimiento fue con todos los honores de un jefe de Estado y el gobierno de Ceausescu le ofreció todos los privilegios que una dictadura podía dar. A Nadia le era permitido el acceso a las tiendas en donde se vendían fruta, verdura y otros productos occidentales. También podía entrar a su familia y obtener cosas que raramente los rumanos podían ver.

Después de su retiro, en 1980, Nadia inicia sus estudios en el Instituto de Educación Física de Bucarest, donde llevó con éxito la dirección del equipo junior femenino de gimnasia. Pero la vida de Nadia no sólo fue dominada por un monótono comunismo, sino por un excéntrico villano, Nicolae Ceausescu, quien supo aprovechar el Éxito en el exterior de la gimnasta para convertirlo en el suyo propio. Teniendo en cuenta esto, la resistencia anticomunista rumana, organizada en el extranjero, planeó la fuga de la Comaneci, creyendo que de este modo podrían atraer la atención de la prensa mundial sobre la situación del país, que llevaba 40 años de sufrimiento -24 bajo el régimen de Ceausescu-.

El ex futbolista rumano Constantinu, establecido en Estados Unidos, fue elegido para la misión de transmitir a Nadia el plan de fuga: se iba a aprovechar una invitación para viajar a Suiza por parte del Comité Olímpico Internacional (COI), y una vez llegara a ese país llamaría al grupo de rumanos de Nueva York para obtener de inmediato el asilo político.

Nadia aceptó el plan, pero todo fracasó porque su conversación con el ex futbolista, aunque tuvo lugar en un pequeño hotel de Bucarest, fue registrada por la Securitate, la temida policía política del dictador, que en aquel entonces espiaba a Nadia, quien salía con Nicu, el hijo menor del matrimonio Ceausescu. Desde ese momento las salidas legales de Rumania fueron canceladas para la gimnasta. Las invitaciones para participar como jurado fueron rechazadas por el gobierno sin que Nadia se enterara.

VISA USA
Desesperada por la situación de aislamiento que sufría, Nadia decidió aceptar la oferta de fuga, poco planeada, que Constantin Panait, un techador de casas, le había hecho durante una fiesta en un apartamento en Bucarest.

En la noche del 25 de noviembre de 1989, durante el XIV Congreso del Partido Comunista Rumano, cuando la Securitate había concentrado su atención en otros objetivos más importantes, Comaneci y Panait cruzaron clandestinamente la frontera oeste de Rumania. Caminaron a lo largo de carreteras y bosques desiertos, oyendo ladrar los perros de la guardia de la frontera, hasta llegar varias horas después a Hungría. De allí viajaron a Canadá y más tarde a Estados Unidos. Un mes después de la fuga, Nicolae Ceausescu fue fusilado, poniendo punto final a la dictadura y dando paso a un país que nació libre mediante una serie de acontecimientos tan desafiantes como los saltos mortales de Nadia.

En la ciudad de Norman, Oklahoma, Nadia Comaneci alcanzó una esquina del sueño americano: hace tres años fundó, en compañía de su futuro esposo, el gimnasta estadounidense Bart Connor, una escuela que cuenta con 1.000 alumnos y 35 entrenadores, un lugar en donde enseña la técnica que le dio la exclusividad durante los años 70.

DESPUES DE LA CORTINA
El equipo de gimnastas que triunfó en Alemania confirmó la revolucionaria teoría que hace 28 años descubrió Bela Karoly, puesta en practica por primera vez con Nadia Comaneci, según la cual se podía confiar más en la capacidad de esfuerzo y en la movilidad de las niñas que en el de las gimnastas que pasaban de los 18 años. Lo demostró durante los años 70, cuando la gimnasia rumana fue amplia dominadora a nivel mundial y quedó ratificado durante el pasado mundial, cuando Lavinia Milosovic, Gina Gogean y Simona Amanar, tres de las siete niñas del equipo de gimnasia, volvieron a escribir en rumano las páginas de este deporte.-

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