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| 7/3/2015 12:10:00 PM

“Nairo carga con todo un continente sobre sus hombros”

Carlos Arribas, una de las voces más respetadas en el mundo del ciclismo, habla acerca del reto que tiene Nairo Quintana en el Tour de Francia que comienza este sábado.

Según cuenta Carlos Arribas en la biografía del ciclista Luis Ocaña (Cultura Ciclista, 2013), cuando el campeón del Tour de Francia del 73 visitó a Colombia, y asistió como espectador al Clásico RCN del 81, se quedó maravillado. Su carácter ofensivo, la desmesura al correr que lo había llevado incluso a desafiar la hegemonía de Eddy Merckx, la reconoció también en esos pedalistas colombianos “delgados como cerillas”, endurecidos por la altura, que se elevaban, agónicos y alados, por cuestas colosales y llenas de baches.

“Me he visto reflejado en ellos –dijo- porque se toman el ciclismo con el genio y la furia que yo mismo mostraba en mis años buenos. Son como yo, salen de la pobreza, quieren vivir de la bicicleta”. No extraña, entonces, que cuando el director del Tour de aquellos años le planteara la locura de dirigir un equipo de ciclistas aficionados colombianos para correr la ronda francesa del 83, Ocaña aceptara sin rechistar. Quería demostrar, según Arribas,  que no había muerto aún el ciclismo que lo había hecho grande, pese a que en aquellos tiempos “él sólo veía cálculo y mediocridad”.  

Aquel desembarque en Europa, bajo el timonel de Ocaña, auspiciado por pilas Varta y representado en corredores como Patrocinio Jiménez y Edgar ‘Condorito’ Corredor, sería la génesis de todo. Y aunque el verano francés, la falta de experiencia en terreno llano y el derroche de fuerzas de ese primer destacamento de colombianos en el pelotón internacional hicieran desfallecer a varios de ellos, incluso antes de que despuntara la alta montaña, la aventura de esa primera vez constituiría la punta de lanza y el campanazo que anunciaban al viejo continente el arribo de una raza ciclística que terminaría por deslumbrar a la afición del pedal. Se hicieron llamar ‘los escarabajos’.

32 años después, el mundo entero ve desfilar ante sus ojos a la versión más depurada de aquella estirpe andina. Y a partir del próximo sábado la verá pelear por ganar un Tour de Francia por primera vez en la historia. La ilusión la encarna, más que nunca, Nairo Quintana.

En vísperas del Tour de Francia 2015, antes de emprender el viaje hacia Utrecht, Holanda, donde iniciará el peregrinaje de la gran vuelta ciclística del mundo, el periodista Carlos Arribas  habló con Semana.com(*) sobre el Tour de Francia que comienza este sábado, y en el cual Nairo Quintana figura como uno de los favoritos.  

¿Cree que nos alistamos para ver el mejor Tour de Francia de los últimos años? ¿Con qué otro Tour de sus recuerdos o la historia lo compararía?  


Carlos Arribas: No recuerdo ningún otro Tour en el que se juntaran tres ganadores de la carrera en plena forma (Contador, Froome y Nibali) y un ganador de Giro, como Nairo. Y salvo Chris Horner, a quien nadie echará de menos, están los podios completos de las tres últimas Vueltas (Contador, Valverde, Purito, Froome, Nibali), los ganadores de los tres últimos Giros (Nibali, Nairo, Contador) y, salvo Wiggins, los podios de los tres últimos Tours (Froome, Nibali, Nairo, Purito, Peraud y Pinot). Y todos con ánimo y capacidad para ser protagonistas. Creo que mayor densidad es imposible obtener.

Quizás se le podría comparar a este Tour con el de 1989, en el que ocuparon el podio tres corredores que ya lo habían ganado antes: LeMond, Fignon y Delgado. El de 1991 también contó con todos los excampeones en activo, pero ya en declive: todos sucumbieron en el Tourmalet cuando atacó la nueva generación: Indurain, Chiappucci, Bugno.

Desde que Pelé dijo que Colombia iba ganar el Mundial del 94 y salió eliminada en la ronda de grupos, los colombianos le tenemos mucho miedo al favoritismo. Y sin embargo, en este caso resulta imposible no ilusionarnos. ¿Cree usted que hay motivos para la esperanza? Hace poco decía en el Informe Robinson sobre Nairo que en su opinión él estaba un escalón por arriba de sus inmediatos rivales.


C. A.: Como decía Nairo en la última entrevista que le hice, no puede negar ni esconder que es uno de los favoritos por todo tipo de razones. No creo (o eso espero) que en el Tour del 15 haya autogol a no ser una caída, como en la Vuelta o como la que fastidió el año pasado el Tour a Froome y Contador. Siempre hay que contar con eso, pero, aunque no gane, Nairo no defraudará. Está un escalón por encima, sí, porque ha hecho la preparación que quería, porque llega limpio psicológicamente, porque no ha hecho Giro, porque sube como nadie, porque tiene un gran equipo.

No deja de ser curioso que teniendo en carrera a tres corredores que ya han ganado el Tour (Contador, Froome, Nibali), buena parte de la presión recaiga sobre los hombros de Nairo.


C. A.: Precisamente porque no lo ha ganado: los otros tres pueden decir: yo ya lo gané, no sufriré más que otros por no ganarlo de nuevo. Aunque Contador, con el desafío Giro-Tour, yo creo que se ha cargado más de presión. Además, Nairo es el ciclista al que se le espera desde 2013, y carga también con todo un continente sobre sus hombros.

Sin embargo, Nairo ha tratado de sacudirse de esa presión al decir que hay otros más favoritos que él. Con todo, y usted que lo ha seguido podría confirmarlo, uno tiene la impresión de que en lo más profundo de sí, Nairo sólo se conformaría con traerse de vuelta el maillot amarillo.  

C. A.: En efecto, Nairo solo corre por la victoria. Otro resultado le sentaría fatal. Lo comprobé en la Ruta del Sur: no quería ganar, sino solo estar todo el tiempo con Contador para demostrarle que nunca podría contra él, y el despiste en el descenso le sentó fatal.

Quienes como usted conocen y han seguido la trayectoria de Nairo, saben que detrás de ese aire de bonhomía del que es dueño, se esconde un auténtico depredados del ciclismo ¿Qué tan grandes  y de qué tipo son las ambiciones de Nairo?  ¿Cómo concilia él su ambición con su humildad?

C. A.: No están reñidas la sencillez, o la humildad, con el carácter del campeón. Uno se siente campeón porque se sabe capaz de ser el mejor, pero eso no incluye los pecados capitales (pocos campeones de ciclismo han pecado de soberbia, todo lo más, de gula y a veces de ira, pero no de codicia o avaricia o envidia, mucho menos de pereza). Son, los campeones, gente aparte: es imposible llegar a comprender las razones que les llevan a tomar sus decisiones, cómo funcionan en realidad sus cerebros. Pero seguro que tienen cerebro, no son futbolistas. No es una humildad fingida, sino básica, que a través del aprendizaje de la vida ha sabido combinar con la valentía, la osadía, el no tener miedo a nadie. Sigue aquello que decía Sócrates –creo que fue él– de que hay que ser desafiante con los poderosos y humilde con los que no tienen ningún poder, cuando en el mundo actual, la mayoría lo hace al revés.

¿Cuándo fue la primera vez que vio o escuchó hablar de Nairo Quintana?

C. A.: Cuando ganó el Tour del Porvenir en 2010. Al principio pensé que sería un colombiano más, como todos los que aparecían brillando y desparecían rápido en Europa. Pero cuando lo fichó el Movistar y empecé a hablar con compañeros y el médico, Jesús Hoyos, empecé a entender que era un ciclista único.

Si uno lee sus crónicas, pareciera que la irrupción de Nairo en el pelotón internacional le ha hecho recuperar a usted ha recuperado la ilusión en este deporte, en una época donde ha estado envilecido por la sombra del dopaje. ¿Qué lo cautiva del ciclista colombiano?


C. A.: Un poco todo lo que he contado antes, y también su forma de comportarse dentro del equipo y, sobre todo, su forma de expresarse, la claridad con la que formula sus respuestas, siempre muy pensadas. Y me sorprendió en el Tour del 13 que pocos periodistas adivinaran lo que sucedería cuando se vino abajo Valverde y Nairo asumió el liderato del equipo. Y también, por puro egoísmo, soy ‘nairista’ en cierta forma porque cumplió las expectativas que había puesto en él. No es el decir públicamente, ya había dicho yo que era muy bueno, sino una satisfacción más íntima.

Es un ciclista que descresta por la agudeza e inteligencia de sus opiniones sobre el ciclismo. Un deportista que no dice tonterías, que crea frases maravillosas. Háblenos del tipo de inteligencia que tiene…

C. A.: Algún compañero colombiano, con cierta suficiencia, lo quería reducir  malévolamente a lo que llamaba ‘malicia del indio’, pero Nairo es sobre todo una persona que sabe en cada momento con quién está hablando y lo que debe o no debe decir. Tiene esa capacidad extraña, innata, creo, que no es solo astucia, para sacar ventaja de todas las situaciones.  

De todas sus victorias de etapa, ¿con cuál  se queda usted? ¿Cuál le resulta más cercana al ciclismo que a usted le emociona?

C. A.: La de Val martello fue la más importante porque demostró que sabía cómo ganar una gran carrera, cómo dar un gran golpe lejano sin miedo; la del terminillo tuvo el valor de dejar clavado a Contador. M e quedo con la del Giro.

Si uno mira su historia, pareciera que Quintana hace parte de esa misma estirpe de pedalistas
como Ocaña en España, o como Soler en Colombia– a los que el rigor y la disciplina de la vida en el campo, han contribuido a forjar su espíritu aguerrido, su alma de campeón. ¿Cree que en este caso también puede predicarse esa relación entre una cosa y la otra?


C. A.: Sobre todo, creo, le ha forjado, la sabiduría de que para conseguir algo, como él dice, hay que trabajarlo y esperar. Me gustó eso que me dijo de que los sueños no se tienen y se cumplen sin más al día siguiente, sino que los sueños se siembran, se trabajan y finalmente se pueden recolectar. Eso es también la vida en el campo.

¿Qué tanto queda en los pedalistas colombianos que hoy corren en Europa de aquellos escarabajos que maravillaron a Ocaña en la década de los ochenta?

C. A.: Creo que nada. De aquellos colombianos, no de Lucho o Parra, que triunfaron, sino de Patrocinio o Condorito Corredor, nos queda el recuerdo en Europa de corredores poco disciplinados, poco dados a entender que había que aprender a correr en el llano, demasiado nostálgicos de su tierra, melancólicos, que aceptaban venir a Europa, donde se les explotaba, para sacar un buen sueldo dos años y no más. Ahora, los que llegan, llegan preparados, saben contrarrelojear, llanear, liderar equipos. Es una generación que cree en ella, aunque aún haya europeos, como los que rigen el equipo Colombia, que no lo han entendido.

¿Qué ha tenido que cambiar para que estemos viviendo esta especie de renacer del ciclismo colombiano? Para algunos, el hecho desencadenante fue la victoria del mismo Nairo del Tour del Porvenir en 2010.  

C. A.: Es el trabajo de gente como Ignacio Vélez o Luis Fernando Saldarriaga, capaces de enfrentarse con la cultura del dopaje que acababa con la ilusión de todos, y de lograr transmitir el mensaje de que solo con ciencia, con buenos entrenamientos, con tecnología, con dedicación y sacrificio, se podía llegar a ser ciclista. Y que tuvieron la osadía de llegar al [Tour del] Porvenir con ambiciones y sin miedo.

Para algunos Nairo, dentro de ese proceso natural de querer pelear grandes vueltas, también ha caído un poco en la dictadura del cálculo y del ataque medido en los últimos kilómetros…


C. A.: Como dice Contador, lo único malo del ciclismo es que solo cuenta ganar. Los ataques locos que puede que salgan puede, más, que no, ya no tienen sentido para alguien que acude con la responsabilidad de liderar a un equipo pensando en ganar. Los ataques lejanos, inesperados, no calculados, solo los deberán hacer los que no tienen nada que perder porque ya sienten que lo han perdido todo.

Dentro de esa búsqueda del ideal de belleza del ataque en solitario del que usted habla en sus crónicas, a lo mejor haya que destacar lo que hizo Julián Arredondo en el Giro del año anterior. ¿Qué podemos esperar de él en este Tour de Francia y en los próximos años?

C. A.: Arredondo pudo hacer ese Giro porque nadie lo vigilaba y podía meterse en todas las escapadas matinales. Luego demostraba que podía llegar. No le he vuelto a ver bien desde el Giro aquel, y no sé qué se podrá esperar de él en el Tour, donde es más difícil destacar. Pero espero que haya recuperado su capacidad.


Eusebio Unzue ha pronosticado que en los años que están por venir el pelotón internacional se verá azotado por una “dictadura colombiana”. ¿Coincide en eso? ¿Qué ciclistas la encarnarán?

C. A.: A Eusebio le fascinó la modernidad de los ciclistas que llegaban a Europa los últimos años vía [Tour del] Porvenir: Chaves, Jarlison, Supermán López (este, creo, le encanta). Para él, eso dice, combinaban la capacidad innata de los colombianos nacidos en altura para escalar, con la ciencia del ciclismo europeo. Pero creo que exageraba. Creo que, exceptuando a Rigo Urán, capaz de crearse por necesidad dos personalidades y dos madres, la colombiana y la italiana, los ciclistas colombianos sufren porque no pueden expresarse plenamente en equipos en los que no se hable español sobre todo, y sufren también si se quedan en equipos puramente colombianos.

Se ha dicho que Nairo es un ciclista llamado a marcar una época en el ciclismo mundial. Como lo hizo Eddy Merckx o Miguel Indurain. ¿Cree que así serán las cosas? ¿Cuáles serán sus principales rivales en los próximos años?

C. A.: Tiene 25 años y, sí, parece llamado a crear una época tras la generación de Contador-Nibali-Froome-Valverde-Purito. Sus rivales serán, supongo, los otros de los 90 que ya despuntan seriamente: Bardet, Pinot, Dumoulin, más nuevos jóvenes que lleguen.

¿Qué libro de ciclismo recomendaría para leer a lo largo de este Tour?

C. A.: Están los Cuentos del pelotón (Cultura ciclista) de mi amigo Sergi López Egea; el relato del Giro del 49 de Dino Buzzati (Editorial Gallo Negro); y, si lees francés, cualquiera de Christian Laborde o de Paul Fournel.

Aventúrese a pronosticar un podio para este Tour…

C. A.: En desorden (o en orden alfabético): Contador, Nairo, Nibali.


*Por: Juan Sebastián Serrano, especial para Semana.com
Twitter: @juanserranosoto
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