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| 11/15/1982 12:00:00 AM

OCTUBRE DE SUSPENSO

La actuación del Tolima en la Copa Libertadores y la expectativa por los finalistas del campeonato colombiano distraen la atencion de los hinchas

El campeonato de fútbol colombiano, a lo largo de su historia, ha convertido poco a poco sus últimas jornadas en un guión de suspenso cuyo objetivo es atraer al público al estadio, aun que la calidad del espectáculo no sea digna de la atención que suele despertar. Desde su iniciación en 1948, el sistema para proclamar al campeón era muy simple y muy justo.
Los equipos jugaban entre ellos a lo largo del torneo y era campeón aquel que lograra el mayor puntaje. Así ocurre en la mayoría de los torneos del mundo actualmente, donde el campeón suele ser el equipo que ha hecho mejor las cosas. Este sistema tuvo en Colombia finales dramáticos como el de 1966 entre el Santa Fe y el Medellín. Pero en general le restaba interés a los partidos entre los equipos sin opción al título, y más aún en un torneo de discreto nivel técnico. En 1967, los argentinos crearon dos campeonatos: el metropolitano, jugado entre los equipos tradicionales de Buenos Aires, Rosario, La Plata y Santa Fe, y el Campeonato Nacionalen el cual, además de los anteriores conjuntos, también participaban equipos provenientes de las provincias remotas y de ciudades intermedias como Córdoba y Tucumán.
En Colombia, extraordinaria coincidencia, se dividió también el campeonato en dos: el Torneo Apertura y el Torneo Finalización. La idea no era, como en la Argentina, la de promover el fútbol de otras regiones del país sino inventarse una final entre el campeón del Apertura y el ganador del Finalización.
En 1968 se estrenó la nueva fórmula y el campeón fue el Unión Magdalena. Para 1969 ya tenían acceso a la final los dos primeros de cada torneo y en 1970 el campeón fue el Cali por tener mejor diferencia de goles que el Junior en el cuadrangular final . En 1971 Nacional y Santa Fe empataron en el primer lugar y una serie extra realizada a comienzos del 72 proclamó campeón al Santa Fe en un tercer partido, luego de dos soporíferos empates bastante sospechosos en Medellín y Bogotá. En 1972, la maratón final tuvo dos capítulos. Triple empate al terminar el Finalización entre Cali, Nacional y Millonarios, este último campeón del Apertura. Se realizó un triangular entre los tres equipos, que ganó el Cali. Y en los albores de 1973, Junior, Cali y Millonarios protagonizaron otro triangular muy taquillero que consagró campeón a Millonarios. En 1973 no hubo emoción. Nacional se proclamó campeón sin problema y entre Navidad y año nuevo el Cali y Millonarios se enfrentaron para decidir el subcampeón de Colombia.
Como era de esperarse luego del triste final del año anterior, 1974 trajo una serie de innovaciones que favorecían a los llamados equipos chicos. El Torneo Finalización se dividió en dos grupos y de ese modo se clasificaban seis finalistas: los dos mejores del Apertura, los dos primeros del grupo A del Finalización, el ganador del grupo B (un equipo chico) y, de los restantes equipos se clasificaba el equipo con la mayor suma de puntos obtenidos en el Apertura y el Finalización. Estos seis equipos jugaban un hexagonal de todos contra todos para consagrar al campeón. El nuevo sistema pareció ser el indicado ya que incluia en la final a un equipo chico .
Pero en 1978 los dueños de los equipos decidieron ampliar a ocho el número de finalistas, en una medida increible que hace posible que la final incluya más del 50% de los clubes que participan en el torneo. El nuevo sistema le permite a los equipos clasificarse de muchas maneras.
Las últimas fechas del Finalización parecen concebidas por la mente compleja de un especulador y los equipos se juegan su "carta" con la mente en tres estadios distintos donde se espera que igual número de equipos dejen de hacer sus puntos. Como resultado de este angustioso Octubre, los directivos de los equipos esperan buenas taquillas que en condiciones normales se logran simplemente con buenos partidos de fútbol .
Este año ha sido particularmente dramático. Ya excepción del América, que en un torneo "normal" ya sería el campeón, y del Deportivo Cali, subcampeón del Apertura, los equipos han tenido que sufrir cada partido antes de poder asegurar un cupo en el octogonal final o de verse definitivamente eliminados.
La presencia del Tolima en la Copa Libertadores de América y el campeonato de fútbol en su parte crucial hacen olvidar dos hechos que tienen mucho que ver con el futuro de este deporte en el país. El acuerdo firmado por la Dimayor que permite la presencia de cinco extranjeros por equipo y la muerte del proyecto de Coldeportes para realizar un torneo de ascenso ponen de presente que, entre la política demagógica de Coldeportes y el continuismo de los clubes en su afán de traer figuras extranjeras, el fútbol colombiano está destinado a vivir de ilusiones que mueren cada cuatro años en manos del Brasil en el Maracaná o del Uruguay en el Centenario de Montevideo. Con o sin mundial, resulta indispensable crear mecanismos efectivos que obliguen a los equipos a ser clubes de verdad, en los cuales se enseñe el fútbol. El torneo de ascenso es indispensable ya que le da la oportunidad a otras ciudades para que sus equipos lleguen al torneo de Primera División. Pero un simple decreto no sirve más que para quemar una idea que requiere cambios de fondo en la organización del fútbol.
Mientras llega el día del gran cambio en el fútbol colombiano y mientras el señor Neuberger decide el kilometraje mínimo de la red ferroviaria que debe tener un país que aspire a ser sede de una Copa del Mundo, hay que preparar las gargantas para celebrar los goles del Tolima en la Copa; y que los hinchas del América organicen desde ya su desfile y su fiesta porque este año, ha sido, es y deberá pertenecerle al América a la hora de señalar el campeón. A menos que el azar decida otra cosa.
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