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| 6/23/1986 12:00:00 AM

¡OH, QUE SERA!

Los probiemas del Brasil 86, similares a los del Brasil 70, abren la esperanza a los aficionados de que algo grande pueda ocurrir

El viernes pasado los hinchas del fútbol, empezando por los 126 millones de brasileños, recuperaron el aliento y en sus almas, donde antes tenían alojado el escepticismo, les floreció la esperanza cuando supieron que sí, que era cierta la recuperación de Arthur Antunes Coimbra, Zico, y que, entonces, el Mundial 86 no se privaría de este número 10 prodigioso.
Con la ceremonia de inscripción oficial de los seleccionados, cumplida el 23 de mayo en las oficinas de la FIFA en Ciudad de México, la duda mundial sobre la presencia del crack brasileño quedó despejada y dio paso a un alborozo, mezcla de tranquilidad y de optimismo.
Fue la retribución a tres semanas de incertidumbre, de pronósticos oscuros, de nervios sin control que invadieron el ámbito del seleccionado nacional del Brasil, el único que ha asistido a todos los mundiales y el único que, esté como esté, siempre convoca el favoritismo de los aficionados.
La cadena de la amargura pareció, así, llegar a su fin. Había comenzado en firme el 7 de mayo por la noche en el estadio de Curitiba, donde los auriverdes enfrentaron al diezmado y eliminado equipo de Chile. El encuentro, que era el último antes de emprender el viaje a México, se empató con angustia a un gol, lo cual ya era una derrota humillante. Pero la humillación no fue sólo el resultado en goles, sino que se tornó en drama: Zico volvió a resentirse de su lesión en la rodilla izquierda y de esa manera el equipo dirigido por Tele Santana perdió un punto, el honor y a su estrella.
Con el dolor de lo sucedido, el equipo brasileño viajó a México con una amargura más en su equipaje: Leandro, una de las piezas claves en España 82 y clave también para México 86, decidió renunciar a su participación por un principio de solidaridad: había protagonizado, junto al delantero Renato, un acto de indisciplina, por el cual rodó la cabeza de este último. Leandro dijo que él merecía igual castigo y prefirió quedarse en su casa y seguir por las noticias los acontecimientos de los que hubiera sido protagonista.
Los problemas no pararon ahí. Volaron a México, desembarcaron en el aeropuerto y se concentraron en el Centro de Capacitación Guillermo Cañedo, escogido como cuartel por los tricampeones. Las primeras prácticas allí arrojaron resultados tan desastrosos que desde el Brasil clamaron los adivinos y las pitonisas para alejar, según ellos, los malos espíritus que estaban asfixiando al seleccionado. Y no era para menos: Zico continuaba irnposibilitado hasta para entrenar, a pesar de los trabajos médicos hechos con choques eléctricos; Toninho Cerezo, otro jugador clave, había llegado desde su equipo Roma, de Italia, con un desgarre muscular y pocas posibilidades de tomar parte en el Mundial; Dirceu se torció un tobillo; Muller (el posible sucesor de Zico) fue incapacitado por tres días y Alemao sufrio una torcedura del tobillo izquierdo.
"Un hospital", dijeron en titulares los periódicos para describir la situacion del Brasil, por la cual se multiplicó el trabajo del médico Neylor Lasmar y el del preparador físico Gilberto Tim, mientras que para el director técnico, Santana, los calmantes parecían ser su refugio, no sólo por la situación interna, sino por los comentarios externos: Pelé, el más grande de todos los tiempos, dijo medio en chiste y medio en serio que, para ayudar ante tal derrumbe, estaba dispuesto a volver a jugar para su país.
Y Mario Zagalo, ex alero izquierdo y ex entrenador del scracht, bañado en gloria en el mismo México en 1970, tuvo la mala educación de declarar que él tenía listo un equipo por si de pronto Telé Santana renunciaba.
No renunció ni por todo eso, ni por el golpe siguiente: Mozer, zaguero central titular en Flamengo y en la selección, se lesionó a tal gravedad que el diagnóstico no daba esperanza: no podrá jugar en todo el torneo mundial. Mozer, que pasaba por su mejor momento y sobre.el que el equipo tenía puesta toda la confianza en la defensiva, fue remplazado por Mauro Galvao.
Por todo ello, Brasil mereció la lástima de observadores y hasta de rivales. Diego Maradona, el astro argentino, en una cortesía poco usual en él y en los jugadores de ese pais, dirigió una breve nota a Zico deseándole éxito en su trabajo de recuperación:
"Para beneficio de los aficionados de todo el mundo, confío que usted se reponga pronto a fin de poder participar en la Copa Mundo y deleitarnos a todos con su arte", dijo Maradona en su mensaje.
La incertidumbre se agrandó el 21 de mayo cuando, en un simple entrenamiento, el centrodelantero Walter Casagrande salió resentido. El ariete, fijo como titular del seleccionado, abandonó la práctica y debió mirarla desde un sector donde Zico y Cerezo continuaban con sus trabajos de recuperación. Y, por fin, allí hubo, por primera vez en muchas semanas, buenas noticias: los médicos dijeron, en primer lugar, que lo de Casagrande no era de sumo cuidado y agregaron, con una sonrisa sin disimulo, que tanto Zico como Cerezo estaban experimentando una evolución satisfactoria, casi milagrosa.
Las sonrisas se ampliaron al día siguiente. Ante el América de México la práctica rutinaria de los jueves le dio a los brasileños una amplia victoria por cuatro goles a cero y la satisfacción de ver que Zico y Cerezo parecían al otro lado de sus dolencias, muy cerca al estado atlético ideal para iniciar la competencia ante España, en Jalisco, el 1° de junio. Ese resultado de entrenamiento y esos partes médicos hicieron que, por primera vez en todas estas semanas de suplicio, los periódicos titularan con alabanzas a los cariocas en frases como "Brasil vuelve a ser Brasil".
Las amarguras, pues, parecían cosa del pasado al cierre de esta edición. Y entre los aficionados al fútbol -al fútbol del Brasil, se entiende- surgían las esperanzas no sólo por la recuperación de Zico y la confianza del plantel, sino por una referencia histórica: en 1970 la selección brasileña, que finalmente se llevó todos los honores y definitivamente la Copa Jules Rimet al ganar su tercer Campeonato, empezó también dando tumbos, sembrando dudas y cojeando hasta que llegó a la gloria. ¿Será que ahora tambien?-
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