Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2000/03/06 00:00

Para dónde va Colombia

SEMANA analiza las posibles implicaciones, en el mediano plazo, del desastre de la selección preolímpica de fútbol ante Brasil.

Para dónde va Colombia

La derrota de Colombia ante Brasil 0-9 provocó una histeria generalizada. Nadie podía creer que la selección de un país que en los últimos 12 años se había acostumbrado no sólo a jugarle de igual a igual a Argentina y Brasil sino tam-

bién a ganar títulos suramericanos en las ramas juveniles perdiera de una manera tan estrepitosa y humillante.

Era como volver a un pasado remoto, cuando por fortuna no existía la televisión, la época de los torneos Suramericanos de Fútbol en los cuales brasileños, argentinos y uruguayos goleaban a placer a las débiles selecciones de Ecuador, Bolivia y Colombia.

Como era de esperarse, el país comenzó a desgarrarse las vestiduras, a buscar chivos expiatorios y a tratar de explicar lo inexplicable. La primera solución a mano, el cambio de técnico, no tomó demasiado tiempo. El miércoles 2 de febrero Alvaro Fina, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, anunció el nombramiento de Luis Augusto el ‘Chiqui’ García como nuevo estratega de Colombia, quien reemplazó a Javier Alvarez. Este cambio alivió un tanto a quienes veían en Alvarez a un hombre inexperto y que no inspiraba confianza.

Pero el llamado al ‘Chiqui’ García volvió a revivir viejas heridas regionalistas, lo que ha generado un ambiente de tensa espera, más si se tiene en cuenta que el ‘Chiqui’ debe trabajar contra el reloj para restaurar la muy maltrecha confianza de jugadores, periodistas e hinchas. En el corto plazo tendrá que arreglárselas para armar una selección de fútbol que le permita aspirar a uno de los cupos disponibles al Mundial de Japón y Corea de 2002.

Sin embargo son varios los temas de fondo que debe solucionar el fútbol colombiano en general si no quiere caer en un pozo profundo, como les ha ocurrido a varios países que no han sabido asimilar derrotas de este tipo.

Estas goleadas, si no se manejan con sangre fría, dejan secuelas que van más allá de una simple sustitución de un técnico. En más de una ocasión un marcador adverso ha dejado huellas profundas en la historia del fútbol, incluso de las grandes potencias.

En 1958 los argentinos reaparecieron en la Copa del Mundo tras 24 años de ausencia, convencidos de que eran los mejores del mundo. Los checos, que no opinaban igual, los golearon 6-1. Esta catástrofe la pagaron muy caro en los siguientes 16 años, marcados por frustraciones deportivas, improvisación y cambio continuo de técnicos.

La Selección Colombia que se preparaba para afrontar la eliminatoria al mundial de 1982 jugó un partido de preparación ante el Atlético Mineiro, de Brasil, que perdió 5-1. Este resultado desbarató la confianza de un equipo que pocos meses antes había goleado 5-0 al Nottingham Forest de Inglaterra, dos veces campeón de Europa. Colombia sólo pudo ir a un Mundial ocho años después, luego de un profundo cambio táctico y de mentalidad.

En 1982 Perú llegó al Mundial de España como uno de los favoritos luego de clasificar brillantemente al eliminar a Colombia y a Uruguay. Luego de empatar ante Camerún e Italia los peruanos enfrentaron a Polonia, equipo que, en poco más de 20 minutos, les anotó cinco goles. Desde entonces el fútbol inca no ha vuelto a clasificar a un mundial.



Las preocupaciones

Para nadie es un secreto que los equipos profesionales colombianos están pasando por una etapa de vacas flacas. Cada vez menos gente asiste a los estadios y una de las pocas tablas de salvación ha sido vender a sus principales figuras. Esto ha traído como resultado el éxodo de jugadores a otros países, lo que a su vez trae dos problemas adicionales. Uno, el técnico de la Selección Colombia ya no dispone, como en tiempos de Francisco Maturana, de las principales figuras para hacer un trabajo sostenido. El otro problema que esto acarrea es que la Selección Colombia se convierte en una vitrina para mostrar jugadores, lo que le genera al cuerpo técnico toda clase de presiones para que convoque a tal o cual jugador.

Bastante complejo es el tema del periodismo deportivo, encargado de orientar a la opinión pública. Aunque no se puede generalizar, es muy común encontrar comunicadores que exageran la nota tanto en los momentos de euforia como en los de crisis. Muy rara vez se analizan triunfos y fracasos en un contexto amplio. Al fin y al cabo genera más audiencia, y por ende más pauta publicitaria, un locutor que pone cada cinco minutos el disco “Qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano”.

El otro grave problema que puede traer un desastre como el de Londrina es la inmadurez generalizada de jugadores, técnicos, directivos, periodistas e hinchas. Las grandes potencias del fútbol mundial no llegaron allí de la noche a la mañana. En algún momento de su historia Argentina, Brasil, Italia e Inglaterra tuvieron que afrontar crisis similares o peores, y parte de su patrimonio histórico se cimenta en esos hechos. Brasil no sólo es grande por sus cuatro títulos mundiales, sino también porque supo afrontar las lecciones del ‘Maracanazo’ y de los fracasos en los mundiales de Suiza e Inglaterra.

Colombia apenas lleva poco más de 10 años en el mapa del fútbol mundial y todavía debe recorrer un camino largo para consolidarse. Muchos de los que hoy reniegan de Francisco Maturana olvidan que, hacia 1977, empatar ante Brasil en El Campín era una hazaña que se pagaba con un 6-0 en el partido de vuelta en el Maracaná. Y para no volver a ese oscurantismo que parecía superado, esta crisis debe manejarse con seriedad y un alto sentido de la autocrítica.

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