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| 8/8/1988 12:00:00 AM

PASO DE VENCEDORES

A pesar de la derrota frente a Nacional, el América dejó buena imagen.

Lo primero que hay que decir es que el América ha cambiado.
Luego de sus tres primeros juegos en la Copa Libertadores de América, el equipo caleño ha dejado el grato sabor de ser un conjunto que busca dar más espectáculo, jugar más bonito que en los años anteriores, cuando lo dirigia Gabriel Ochoa Uribe. A esto hay que sumar que los resultados, a pesar de la derróta de} pasado viernes frente a Nacional de Montevideo, lo tienen prácticamente clasificado para la siguiente ronda del torneo continental.

El equipo, dirigido ahora por Humberto "El Tucho" Ortiz, venció fácilmente a Millonarios la semana antepasada, cuando un indiscutible 3-2 hizo tambalear las aspiraciones de clasificación del equipo bogotano.
América se mostró como un cuadro más organizado y con mejores recursos deportivos que Millonarios, y con los dos primeros puntos en el bolsillo los caleños partieron hacia el Cono Sur, para enfrentar a los clubes uruguayos, rivales de turno en la primera ronda.

La primera salida en campo uruguayo, fuera de mostrar a un equipo aguerrido, desnudó algunos puntos débiles en el subcampeón colombiano. América marcó el primer gol por intermedio de Sergio Santín y, de ahí en adelante, se dedicó a esperar al Wanderers de Montevideo con la intención de explotar el contragolpe de sus delanteros Antony de Avila y Ricardo Gareca. La estrategia surtió efecto y los uruguayos, que se lanzaron al ataque con más coraje que calidad, se vieron cerca de encajar otro tanto en algunas ocasiones. Al comenzar el segundo tiempo, el Wanderers logró el empate luego de un error de la defensa americana. En ese momento, el técnico Ortiz echó mano de los refuerzos que tenía en el el banco y envió al campo al veterano Willington Ortiz. El cambio fue acertado y Willi marcó el segundo gol del equipo, que a partir de entonces se limitó a aguantar los embates del contrario. Pero, a pesar del triunfo, quedó claro que la línea defensiva, tradicionalmente la más fuerte del conjunto colombiano, está pasando por uno de sus momentos más difíciles. Ante las lesiones que han marginado a sus zagueros centrales, el técnico debió improvisar a Víctor Luna, un hombre de marca en el medio campo, como defensa central. Luna se ha mostrado inseguro y lento, lo que ha descontrolado a sus compañeros de línea. A lo anterior hay que sumarle el bajo estado del marcador de punta Jorge Porras, quien acaba de reaparecer luego de una lesión que lo mantuvo alejado de las canchas por varios meses.

Sin duda alguna, la defensa es el punto más débil del América-88. Pero el medio campo también tiene sus lunares. El equipo caleño no ha podido conseguir remplazo adecuado para jugadores como Roberto Cabañas y Julio César Uribe, que en temporadas anteriores fueron los encargados de organizarlo y de armar las jugadas ofensivas. Sergio Santín no ha podido alcanzar el nivel que se le vio en los tiempos en que jugaba en el Nacional de Medellín y Luis Noé, la nueva contratación del equipo, no ha mostrado nada interesante, aparte de las referencias con que llegó. Tal parece que lo que mantiene al América como primero en su grupo es la veteranía y la calidad de hombres como Bataglia y Gareca que, incentivados por la vocación atacante del "Tucho" Ortiz, han encontrado el estilo de juego que siempre quisieron practicar.

Fueron esas deficiencias las que le permitieron al Nacional de Montevideo imponerse, el pasado viernes, por un contundente 2-0. América no tuvo forma de contener al rival, no tuvo jugadores que organizaran el medio campo, y el arquero Julio César Falcioni, sin duda el mejor actualmente en Colombia, resultó sacrificado.
Ahora, América tiene la ventaja de jugar como local en el Pascual Guerrero, en el que es casi invencible.
Y con el botín de 4 puntos como visitante--de 6 posibles--, los "diablos rojos" esperan confirmar en su casa el paso hacia la semifinal de Copa.
Cuentan, además, con una semana para tratar de recuperar a algunas de sus fichas claves que están lesionadas y para replantear algunos puntos claves. Lo que sí ha quedado claro es que, con el nuevo estilo y un poco de suerte, 1988 puede ser por fin el año copero del América. --
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