Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/06/17 00:00

Paso a paso

Lo normal en una Copa del Mundo es que los favoritos arranquen a media máquina. Los partidos definitivos aún no se han jugado.

Francia empató sin goles contra Suiza y fue uno de los equipos grandes que más decepcionaron en su debut. Brasil apenas pudo ganar 1-0 a Ucrania y tampoco convenció

Cuando el juez mexicano Armando Archundia pitó el final del juego entre Brasil y Croacia, media humanidad se preguntó: "¿Y eso era todo? ¿No dizque Brasil iba a ganar fácil este Mundial?". Buena parte del periodismo, entre resentido y feliz de poder caerle con todo al equipo más grande, se dedicó a desbaratar el funcionamiento táctico de Brasil, a cuestionar a Ronaldo, a Adriano, a Ronaldinho...

De lo que poco o nada se habló es de que el vacilante debut de Brasil ante Croacia no hizo más que confirmar una regla: a los grandes casi siempre les cuesta arrancar con pie derecho en un Mundial. Muy raras veces un campeón del mundo juega bien desde el primer partido. Las dos únicas grandes excepciones han sido Brasil en 1970 (debutó con un inapelable 4 a 1 ante Checoslovaquia) y Alemania en 1990, que liquidó a Yugoslavia por el mismo marcador y que, dicho sea de paso, cada vez jugaba menos bien y ganó el torneo tras jugar la final ante Argentina como si se tratara de un partido de potrero que resolvió a su favor gracias a un penal inexistente.

Cómo olvidar a Italia, campeón en 1982, que en la primera fase no ganó ningún partido y clasificó segundo de su zona por tener un gol más a su favor que Camerún. O a Alemania, que en 1974 no pudo arrancar peor. Un par de desabridos triunfos ante los débiles Chile y Australia, y derrota 1 a 0 frente a la República Democrática Alemana. Lo de Inglaterra en la primera fase del Mundial de 1966 fue de una pobreza franciscana.

Argentina, en 1978, sufrió lo indecible para superar a Hungría y a Francia en la primera fase y perdió 1 a 0 con Italia. En México 86 arrancaron con resultados aceptables, pero muchas dudas en el funcionamiento. Al igual que el brasileño Feola en 1958, Carlos Bilardo hizo varios cambios hasta que logró conformar el equipo que consagró a Maradona en el Estadio Azteca.

En este Mundial, el balance de los grandes no ha sido el mejor. Italia, España y República Checa, y en menor grado Argentina, tuvieron un primer partido bueno o al menos aceptable. Los argentinos (ver recuadro) deslumbraron en su segunda presentación ante Serbia y Montenegro. Alemania les ganó a Costa Rica y a Polonia, dos rivales muy limitados, pero estuvo lejos de convencer. Lo de Inglaterra ante Paraguay fue muy pobre y sólo al final del segundo tiempo ante Trinidad y Tobago pudo insinuar algo de su verdadero potencial. Holanda, que arrancó sobria ante los serbios, terminó pidiendo la hora, incapaz de controlar el ímpetu de Costa de Marfil.

En los últimos 30 años se ha vuelto moneda corriente que los favoritos comiencen a media máquina. ¿La razón? Desde España 1982 el campeón debe jugar siete partidos en poco menos de un mes, y los únicos que se pueden jugar con algo de calma son los de la primera fase. Y en más de una ocasión, los arranques espectaculares (Italia y Perú en 1978, Brasil en 1982, Dinamarca y la Urss en 1986) han terminado de manera deprimente (ver recuadro).

Desde que el Mundial subió a 24, y luego a 32, participantes apareció una primera fase que muchos grandes se toman casi como una pretemporada. Salvo aquellos que quedan sembrados en los llamados 'grupos de la muerte' (como Argentina en 2002), las superpotencias suelen aprovechar estos tres primeros partidos como laboratorios de prueba y error en los que ajustan detalles de última hora.

¿Cómo evitar estos debuts a media máquina que tanto exasperan a los hinchas ávidos de ver en la cancha lo que muestran los cracks de estas superselecciones en los comerciales de Nike, Adidas y Pepsi? Una posibilidad sería volver al antiguo sistema de 16 equipos. En tiempos anteriores a España 82, la norma eran grupos integrados por Argentina, Alemania, España y Suiza o Brasil, Portugal, Hungría y Bulgaria (Inglaterra 66) o el espectacular Brasil, Checoslovaquia, Inglaterra y Rumania de México 70, que dejó tantos recuerdos imborrables.

Sobra decir que los dirigentes de la Fifa jamás van a tomar la decisión de volver a 16, que les quitaría los votos de Asia, África y Centroamérica en los que basan su poder.

O que la gente se acostumbre a ver la primera fase del Mundial como un precalentamiento de los grandes y una vitrina para los chicos que, salvo una hazaña, sólo contarán con esos tres partidos para dejar algún recuerdo grato en el torneo.

Algo más que razonable, si se tiene en cuenta que cada vez más son las personas que afirman: "Para mí, el verdadero Mundial arranca en octavos de final". Es decir, cuando sólo quedan 16 en competencia.

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