Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/22/2007 12:00:00 AM

Pillados en la red

¿Cómo un asunto de celos profesionales terminó siendo el escándalo más grande en la historia de la Fórmula 1?

En una gran conspiración no se puede dejar ningún cabo suelto y eso fue lo que hizo la escudería británica McLaren-Mercedes en el famoso caso de espionaje a Ferrari. La historia comenzó en septiembre de 2006, cuando Jean Todt, director deportivo de Ferrari, nombró a Luca Baldassieri responsable de coches en pista, por encima del jefe de mecánicos, Nigel Stepney. Herido en su orgullo, Stepney contactó a Mike Coughlan, diseñador jefe de McLaren, para entregarle un expediente de 780 folios con especificaciones técnicas de Ferrari. Para que la información pasara de una escudería a otra, Stepney y Coughlan hablaron 35 veces por teléfono, intercambiaron 288 mensajes de texto y 23 correos electrónicos y se vieron tres veces, todo entre marzo y julio. En uno de esos encuentros ocurrió la entrega del dossier. Hasta ese punto parecía el crimen perfecto.

El cabo suelto se llama Trudy, esposa de Coughlan, quien copió el expediente en una fotocopiadora cercana a la sede de McLaren, con tan mala suerte, que la persona que la atendió era fanático de la Fórmula 1 e hincha de Ferrari. Indignado, llamó a Maranello, sede de la escudería italiana, para informar sobre lo que se estaba fraguando.

El caso llegó en julio a oídos de Max Mosley, presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), con el agravante de que el citado Stepney ya había estado involucrado en otro oscuro incidente. Meses atrás había sido interrogado por la Policía a causa de unos misteriosos polvos blancos encontrados en sus pantalones, iguales a los que estaban en el tanque de gasolina de los monoplaza Ferrari en el Gran Premio de Mónaco.

Todt, el hombre fuerte del equipo italiano, pidió una profunda investigación, no sin antes despedir de su cargo a Stepney, gesto que fue imitado por su contraparte, Ron Dennis, director de McLaren, quien dejó sin puesto a

Coughlan. El asunto se resolvió rápidamente: pese a tener en su poder documentos secretos de Ferrari, la FIA no sancionó a McLaren por no haber utilizado la información en propio beneficio, aunque no especificó que si no lo había hecho, no era por respeto a su rival, sino porque un McLaren es distinto a un Ferrari y técnicamente no era posible aplicarle todas las mejoras. Fin de la historia, al menos por un tiempo.

Un giro inesperado

El caso tomó nueva forma cuando llegaron a la FIA unos comprometedores correos que entre marzo y abril habían intercambiado Pedro Martínez de la Rosa, piloto de pruebas de McLaren, y Fernando Alonso, el campeón defensor, donde se dejaba claro que la escudería inglesa estaba utilizando en sus propios autos los desarrollos de Ferrari (Ver recuadro). Pero, ¿cómo llegó a tener la FIA conocimiento de dichos correos? Presionado por Jean Todt, Max Mosley reabrió el caso y se comunicó con De la Rosa, Alonso y el mismo Lewis Hamilton, el otro piloto de la escudería, para pedirles colaboración a cambio de inmunidad. Los españoles accedieron, mientras que Hamilton aseguró no tener en su poder ningún tipo de pruebas.

Así, el 13 de septiembre pasado, tras nueve horas de intensos debates y de declaraciones de Jean Todt, Ron Dennis, Martínez de la Rosa y Hamilton, el Consejo Mundial de la FIA decidió multar a McLaren-Mercedes con la pérdida de los 160 puntos que había logrado en el campeonato de constructores, le prohibió seguir sumando puntos en las carreras que faltan y lo multó con 100 millones de dólares, cifra muy superior al cálculo de los especialistas, el cual rondaba entre 20 y 30 millones. Eso sí, tal como había prometido, Mosley, Hamilton y Alonso no fueron sancionados.

La multa en dinero equivale a la cuarta parte del presupuesto anual de McLaren-Mercedes (400 millones de dólares) y es mayor al gasto anual de los equipos Super Aguri (95 millones), Spyker (76), Red Bull (66) y Toro Rosso (66).

Al golpe deportivo y anímico sufrido por el equipo británico se suma una profunda división interna. Alonso no está contento en la escudería, tiene continuos roces con su compañero británico y desde comienzos de agosto no se habla con Ron Dennis. Al parecer, el español espera un trato preferencial por ser bicampeón del mundo, mientras que Dennis prefiere tratarlo igual que Hamilton, su protegido desde que tiene 12 años y actual líder del campeonato. La prensa europea especula que lo que buscaba Alonso al haber revelado a la FIA el contenido de los correos era acelerar su salida de McLaren-Mercedes para volver a Renault, equipo con el que logró sus títulos.

Hasta el momento, Hamilton no está implicado en el tema de espionaje, pero la FIA busca por todos los medios encontrar correos, registros de llamadas o de mensajes de texto que revelen su participación, ya que le cuesta trabajo creer que la escudería utilizara la información para beneficiar a solo uno de sus pilotos. El escándalo de espionaje en la Gran Carpa todavía no agota los titulares.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.