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| 6/24/1996 12:00:00 AM

POR LA PUERTA DE ATRAS

EXTRAÑEZA EN EL MUNDO DEL FUTBOL CAUSO LA VERGONZOSA DESTITUCUIN DEL HOLANDES JOHAN CRUYFF DE LA DIRECCION TECNICA DEL BARCELONA F.C.

Hace unos meses el tecnico Johan Cruyff le hizo una indicación a uno de los jugadores titulares del Barcelona Fútbol Club de cómo pararse en la cancha para controlar el balón. El deportista recibió la orden sin mayor interés. Cruyff se indignó. Tomó el balón, lo puso en el césped y le preguntó delante de toda la plantilla: "¿No me crees jovencito? ¿Apostamos para ver quién de los dos juega más?". "No. Usted es el mejor de todos", aceptó humildemente el futbolista. La anécdota refleja el respeto hacia este hombre de 49 años nacido en Holanda, especialmente culto, respetuoso de todos los rivales, que habla con fluidez cinco idiomas, lector voraz de literatura, demócrata convencido, uno de los más exquisitos jugadores que ha dado la historia del fútbol y quien, paradójicamente, fue echado el sábado 18 de mayo de la dirección técnica del Barcelona como si se tratara de un empleado holgazán. La decisión fue tomada por los miembros de la junta directiva del equipo azul grana, quienes justificaron su decisión con argumentos poco creíbles como estos: "Cruyff planeaba las giras para sacar provecho económico". "Cobraba comisiones para aceptar juegos amistosos". "Recibía dinero de partidos políticos". "Utilizaba la imagen del estadio Camp Nou para vender productos particulares". Ante ese tipo de disculpas, era de esperar que la hinchada se solidarizara con el holandés. Desde ese día hay una romería permanente ante su casa en el barrio de Bonanova: "Te queremos Johan", "Johan, maestro número uno". Los fanáticos tienen muchas cosas que agradecer a Cruyff, quien llegó hace ocho años a la dirección del equipo. En ese tiempo convirtió al Barça en una máquina del buen fútbol _en ocasiones tan espléndida como la 'naranja mecánica' holandesa que capitaneó en 1974_ y llenó la estantería del club con 18 trofeos entre los que sobresalen cuatro ligas consecutivas de España , una Copa del Europa de Clubes, una Recopa, una Supercopa y tres Supercopas de España. Todo ello sin contar los éxitos de su época como jugador del equipo, entre 1973 y 1978, cuando sus magistrales jugadas y su impecable estilo futbolístico lo consolidaron como la estrella indiscutible del Barcelona de los años 70. En ese tiempo el Barça ganó el título de liga en 1974 y la Copa del Rey en 1978 . A pesar de semejante palmarés, sus reveses de este año comenzaron a pesar demasiado. Durante el último mes el Barcelona perdió la final de la Copa del Rey ante el Atlético de Madrid, fue eliminado en semifinales de la copa Uefa y le faltó aire en los últimos partidos para ganar la liga que concluyó el domingo pasado. Esa mala racha hizo que algunos comenzaran a hablar del final de su ciclo y a pedir su cabeza. Por lo visto, los directivos siguieron esa tendencia, pero en lo que la mayoría de los hinchas está de acuerdo es en que jamás debieron echarlo de esa manera tan poco elegante. El beso de Judas Todo comenzó a las nueve de la mañana de ese sábado negro. A esa hora Cruyff estaba en el vestuario del mítico Camp Nou listo para iniciar un entrenamiento más, aunque los rumores ya se habían filtrado a la prensa. El vicepresidente del club, Joan Gaspart, llegó tan descompuesto que Cruyff vislumbró en su rostro la noticia . Por eso el holandés le reprochó al instante: "¿Por qué me das la mano, Judas? Gaspart, fatigado porque había estado discutiendo la determinaciónhasta las cinco de la mañana con los demás directivos, le dijo: "No me contestes así que tú sabes lo difícil que es esto para mí" . Antes de que prosiguiera Cruyff le preguntó: "¿Y por qué no destituirme después del partido ante el Celta para poder decirle adiós a mi público? Gaspart no tuvo respuesta. La noticia se regó por el resto de España. Está claro que los directivos no querían que Cruyff dirigiera los dos últimos partidos que le quedaban al Barça para concluir la liga por el temor a que la afición se volcara a favor del técnico y los desautorizara. La estrategia no fue muy útil. Aunque Cruyff no estuvo en el banquillo sí fue representado en la cancha nada menos que por su hijo Jordi, de 22 años. Aunque el joven jugador dista mucho de tener la calidad y el carisma de su padre, tiene los méritos suficientes para haberse ganado la titular del Barça y para estar en la nómina de convocados por Holanda para la próxima Copa de Europa de Naciones. El domingo 19, día del partido contra el Celta, numerosos aficionados esperaron a los directivos del Barcelona a la entrada del estadio y los agredieron de palabra. La actitud tiene un significado especial porque en España los equipos son clubes compuestos por socios que realmente tienen poder y voto. El Barça, por ejemplo, tiene 90.000 afiliados y, como en una empresa, la junta directiva debe rendir cuentas a los accionistas, quienes a su vez pueden retirarlos con su voto en las elecciones que se realizan periódicamente. Por eso cuando el presidente del equipo, José Luis Núñez, entró al estadio, palideció porque se encontró a boca de jarro con centenares de pancartas en su contra. Al lado de las clásicas"Cruyff te queremos" o "Cruyff sí, Núñez no", algunas recurrieron a la misma imagen que usó Cruyff en su diálogo con el vicepresidente: "Johan, perdónalos porque no saben lo que hacen". Más adelante, la multitud sacó pañuelos blancos para despedir al ex técnico, quien en ese instante veía las imágenes en un estudio de televisión donde decenas de periodistas retrataban su rostro conmovido. Los ojos se le humedecieron cuando Jordi tomaba la pelota y la multitud se levantaba de sus sillas y gritaba emocionada. Cruyff hijo se adueñó de su papel estelar y empezó a lanzar besos a la tribuna, se ponía la mano en el corazón o daba la señal con sus palmas para que la tribuna aplaudiera. Para cerrar con broche de oro, cuando el Barcelona ya ganaba 3-2 y faltaban dos minutos exactos, Jordi pidió el cambio. El técnico encargado le hizo caso. Jordi salió lento, despacio, en medio de una multitud que aplaudía sin cesar. "Como debió irse su padre", decían los comentaristas de radio con voz quebrada. Al día siguiente Núñez volvió a patinar y dijo: "Dudo que Jordi sea buen jugador. Pero sí tengo la certeza que manda más que cualquiera. Hace lo que le da la gana y ordena desde la cancha al técnico los cambios que debe hacer". Fue demasiado. Johan Cruyff salió en defensa de su hijo y aprovechó las acusaciones que se le habían hecho en el sentido que desde su puesto de técnico buscó beneficios particulares y anunció una demanda judicial. La prensa y los aficionados nuevamente se inclinaron a favor del holandés. Jamás podrán olvidar su feliz estancia en el Barça. Durante su permanencia como técnico, este hombre menudo, de cabellos rubios y ojos claros, dirigió 430 partidos, de los cuales ganó 250, empató 97 y perdió 83. La historia continúa Pero, más allá de los éxitos deportivos y de las frías estadísticas, su vida personal debería ser un verdadero modelo a seguir para cualquier técnico del mundo: trabajador incansable, siempre pendiente hasta del último detalle de sus jugadores, de un excelente nivel cultural y hogareño como el que más: "Además de entrenar al equipo, debo dedicarle un buen tiempo a mi jardín", dijo recientemente. Padre consagrado _además de Jordi tiene dos hijas_ y abuelo feliz desde hace tres años. Con todos los éxitos encima jamás dejó de estudiar: al abordar un avión siempre lleva un buen libro de compañía. "Leo poco, sólo dos o tres libros a la semana", dijo modestamente hace unos días cuando confesó que lo sorprenden las madrugada leyendo. Por si fuera poco, dice que "quisiera tener más tiempo para estudiar otro idioma". Con su preparación intelectual, Cruyff sacó al fútbol del potrero y lo llevó a los más altos círculos sociales. Al día siguiente de su salida del Barça se sentó a manteles con el rey Juan Carlos como cualquier miembro de la alta sociedad española. Por eso, con su salida, el fútbol es el único perdedor. "La destitución de Johan es inconcebible. Pierde la estética", dijo el técnico del Ajax, Luois Van Gaal, al conocer la noticia. "Cruyff es el alumno más aventajado de esa escuela del fútbol que ha logrado retrasar el afán depredatorio de los que juegan a no dejar jugar", comentó por su parte Jorge Valdano. Las palabras del argentino no sólo son una voz de aliento a su colega sino un llamado de atención para el futuro adiestrador del Barcelona, el técnico inglés Bobby Robson, de 63 años, famoso porque le gustan los equipos patabrava. El miércoles, en su primera rueda de prensa, Robson quiso menospreciar a Cruyff pero terminó dándole más estatus: "No entiendo por qué el escándalo. Si se puede cambiar al presidente de Estados Unidos por qué no se puede hacer lo mismo con el técnico del Barcelona". Cruyff ya sólo podía sonreír. No quiso entrar a polemizar más porque estaba ocupado atendiendo llamadas telefónicas de todo el mundo. El que más insiste es su amigo del alma Franz Beckenbauer, quien le ofrece ya mismo la dirección técnica del Bayern Munich "porque tú sabes lo que es el arte".
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