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| 7/16/1990 12:00:00 AM

Por un pelo

Colombia al borde de la eliminación de Italia-90. Los equipos chicos se robaron el show en la primera semana del Mundial.

El precio fue alto. Luego de vencer a Emiratos Arabes, Colombia, pese a jugar bien, pagó cara la novatada y perdió 1-0 frente a Yugoslavia. El pasado jueves 14 de junio, la selección enfrentó el juego definitivo para su clasificación. Según lo visto en los días previos, sacarle un resultado favorable a Alemania parecía poco probable, y por eso las posibilidades de clasificar sin problema a la segunda fase se basaban en un buen marcador ante los yugoslavos.
En la primera media hora de juego, los colombianos fueron muy superiores a sus rivales, manejaron los hilos en el medio campo y no dejaron organizar a los contrarios. El equipo de Maturana se comportó bien en todas sus líneas pero, como ya es costumbre, se notó una falta total de argumentos a la hora de entrar al área rival. Un solitario Iguarán no fue capaz de inquietar a los corpulentos zagueros yugoslavos y el apoyo de Valderrama y Redín a la gestión atacante no fue el esperado. Fredy Rincón, la esperanza de gol, tampoco esta vez alcanzó el nivel deseado y fueron muchas las bolas que perdió a lo largo del encuentro.
Pero al promediar el minuto 30 de la etapa inicial, los colombianos fueron cediendo su dominio en el medio de la cancha y los yugoslavos, urgidos de victoria para no quedar eliminados, apretaron las marcas y se adueñaron de la cancha. Para el segundo tiempo, la presión del rival fue mayor y era de esperarse que Colombia comenzara a trabajar con el desespero del contrario, que minuto a minuto se impacientaba más por no poder anotar. Los hombres de Osim descuidaron en algo la retaguardia, pero esa ventaja no pudo ser capitalizada por los colombianos.
Claro está que, a pesar de tener el balón y el terreno, no fueron muchas las llegadas de peligro al marco de René Higuita.
Pero en el minuto 28 del segundo tiempo, la zaga colombiana pagó caro el único error que cometió hasta ese momento. Entre Perea y Escobar no pudieron detener a Davor Jozic, quien recibió una pelota en el borde del área, la bajó de pecho y remató fuertemente para vencer a Higuita. Ese fue el gol que puso a Colombia al borde del abismo. De ahí en adelante, los hombres de Maturana perdieron del todo las riendas y estuvieron a punto de recibir más anotaciones. En el minuto 34, cuando ya un tiro de los yugoslavos había pegado en el palo, Pera cometió mano en plena área y el árbitro italiano Luigi Agnolin no dudó en señalar la pena máxima. René, el más parejo de todos, el genio del arco, se lanzó al lado que tocaba y detuvo el disparo de Hadzibegic.
Con un pie adentro y otro afuera, a los colombianos sólo les restaba esperar el partido de este martes frente a Alemania, que hasta el momento se ha mostrado como la escuadra más opcionada para quedarse con la Copa Mundo. Así, los de Maturana debían emplearse a fondo para sacarle un empate a los de Beckenbauer, marcador que los dejaría dentro del grupo de los mejores terceros.
SE CRECIERON
A pesar del resultado, hay que afirmar que la presentación del equipo nacional ha sido mucho más que decorosa, así no haya alcanzado los objetivos esperados. Y es que en este campeonato ha quedado demostrado que las grandes diferencias se acabaron en el mundo. La primera sorpresa la dio Camerún en el partido inaugural al vencer a Argentina. El mismo conjunto africano derrotó a los rumanos y fue el primer equipo en hacerse al tiquete para la segunda ronda. Escocia, uno de los que más pergaminos tiene, no pudo evitar la caída frente a un bien ensamblado conjunto costarricense, que se las arregló para desarmar a los británicos.
Holanda, el cuadro de Gullit, Van Baasten, Koeman y demás astros, no pudo vencer a Egipto y la contienda se cerró con un 1-1, que fue un verdadero palo si se tiene en cuenta que los holandeses están llamados a animar la serie final del tomeo. Italia, el cuadro anfitrión, se deshizo por 1-0 de Austria y por el mismo marcador le ganó a la pobre escuadra de los Estados Unidos. Todo esto, lo único que hace es demostrar que el fútbol cada día se hace más parejo. Con muy contadas excepciones, ya no hay diferencias abismales y los que llegan a una copa mundial lo hacen con argumentos y buen juego. A diferencia de hace unos años, ahora los partidos hay que jugarlos con todas las de la ley sin importar el rival que se tenga enfrente, porque donde menos se espera salta la liebre.
Esos ingredientes han hecho del de Italia uno de los mundiales más entretenidos de los años recientes. Los favoritos -fuera de Alemania- han pasado trabajos para derrotar a los llamados equipos chicos y más de un comentarista se ha quedado con los crespos hechos en lo que a predicciones se refiere. Como era de esperarse, las tácticas han mandado la parada, los movimientos de los equipos responden a estudios profundos de los técnicos que no dejan nada al azar. Hasta tal punto han llegado las cosas, que al cierre de esta edición las grandes figuras no habían podido brillar con luz propia y hombres como Maradona y Gullit debieron conformarse con ser uno más dentro de sus equipos, pues los esquemas de los rivales lograron opacarlos.
En todo este concierto de buen fútbol y ciencia, los colombianos no desentonaron. Con un juego moderno, con jugadores de talla internacional, la Selección Nacional cumplió un papel decoroso en Italia. A última hora no se conocía la suerte final de los colombianos, que dependían del partido frente a Alemania para pelear un puesto entre los mejores terceros de los seis grupos. De todas maneras, sin importar si se logró el paso a la siguiente ronda, no se puede desconocer que la selección de Maturana no desentonó. Le tocó jugar en uno de los grupos más difíciles y se comportó a la altura de las circunstancias. No renunció a su juego bonito y de toque. Y, lo más importante, obtuvo una trascendental experiencia que seguramente le representará dividendos a corto plazo, cuando enfrente compromisos internacionales. Llegar a una Copa Mundo no es cuestión de todos los días y en ese sentido se puede afirmar que en la segunda ronda los colombianos no hicieron todo lo que pudieron y que los nervios los privaron de mejores actuaciones y resultados. Pero los tiempos en que se salía de los estadios con un costalado de goles encima, son cosa del pasado. Colombia ya está a la altura de cualquier otro equipo del mundo y, con un poquito más de empeño, puede derrotar al que le pongan.
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