Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/02/15 00:00

Primer día de clases

SEMANA acompañó al Bogotá Chicó F.C. en su debut en el fútbol profesional. Como cualquier alumno en su primer día en la Universidad Nacional el equipo sufrió, lloró y rio.

Con pie derecho empezó su carrera en el profesionalismo el Bogotá ChicóF.C. Encabeza la fila el sub 19 Castiblanco seguido por el capitán Vallesillas y el autor del gol Anuar Guerrero.

Falto poco para que el Bogotá Chicó F.C., nuevo representante de la capital en el fútbol profesional colombiano, ganara por 'W' su primer partido oficial. A las 2:20 de la tarde del domingo 8 de febrero, mientras los encargados de la logística del estadio Alfonso López Pumarejo de la Universidad Nacional ultimaban los detalles, terminaban de acomodar a la prensa y daban un visto bueno del control del escenario, Jaime, el conductor del bus que transportaba al Atlético Junior, le rogaba al vigilante del estadio para que los dejara ingresar. "Lo siento, pero así venga ahí el mismísimo Maradona, yo no tengo la orden de dejar entrar el vehículo", decía el encargado de cuidar la puerta de entrada de la calle 53.

Finalmente, gracias a una orden que le llegó por radio de su inmediato superior, el vigilante reconsideró su actitud y permitió el ingreso del equipo tiburón, que ya creía que se trataba de alguna estrategia de Eduardo Pimentel, director técnico del Chicó, cuya fama de mañoso no han logrado borrar los años. "Ustedes me perdonarán, pero yo sólo obedezco órdenes", terminó diciendo el vigilante con un tono un poco más amigable mientras abría la puerta. Cerca de 15 minutos después llegó el equipo local. Menos problemas tuvieron en la entrada y fácilmente se fueron acomodando en el que sería su nuevo hogar.

Con el correr de los minutos el carnaval de Barranquilla se trasladaba a las gradas de oriental. Mientras los hinchas tiburones, algunos con máscaras de 'marimondas' y 'monocucos', cantaban al son de las tamboras y parecían mandar la parada de la fiesta en el estadio universitario, en frente de ellos los hinchas del Chicó, con sus camisetas ajedrezadas integraban una barra más sobria y un poco confundida, probablemente porque muchos de ellos, al igual que los jugadores, acudían por primera vez a una cita con el profesionalismo.

A las 3:30 de la tarde todo estuvo listo para que comenzara la fiesta. Para Junior un inicio más de campeonato en el que sin duda querían cobrarle a su rival el peaje de ingreso a primera división. Para Chicó, un sueño hecho realidad, un partido que había empezado a jugarse algunos días atrás.

Largo preliminar

Para el Bogotá Chicó su primer partido en la profesional había empezado a jugarse con la resaca de la celebración del título del ascenso. Ese día, sus jóvenes directivas y su cuerpo técnico habían cumplido su meta más anhelada pero nunca se imaginaban el reto que les esperaba.

Reuniones en busca de patrocinios, asesorías de expertos, firma de contratos, conflictos legales, pruebas a jugadores, la adecuación de un estadio sin uso profesional por cerca de 50 años y construir toda una empresa fueron algunas de las pruebas con las que se encontraron en su camino los nuevos directivos antes de llegar a este momento. Solucionados los problemas legales, realizada la labor de mercadeo y estructurada la nueva empresa sólo quedaba por definir lo más importante: el sistema de juego.

Más de 10 partidos de fogueo, pruebas a cerca de mil jugadores, diferentes esquemas e incontables tácticas y estrategias fueron necesarias para que Pimentel y su asistente técnico Mario Vanemerak pudieran, por fin, definir cuál sería la alineación con la que saldrían al campo en su primer partido. Finalmente, después de la última práctica del equipo, el sábado a las 10 de la mañana el profesor Pimentel reunió a sus muchachos para dar quizá, la noticia más esperada desde el comienzo de este proceso.

"Villegas en el arco, Vallesilla, Silvino y Santander en la parte de atrás; Nilson, Claudio y Lozada, la primera línea de volantes; Lucho y Salazar, la segunda y Wason, que llenará la cuota sub-19, en compañía de Anuar irán adelante", anunció el estratega bogotano luego de respirar tranquilo al resolver el complicado acertijo de la alineación que le había quitado el sueño en los últimos días. Con lo que no contaba el entrenador de la nueva escuadra bogotana era con que Wason Rentería, goleador de la primera C y refuerzo en la delantera del equipo para esta temporada, no podía jugar el partido. "Profe, es que ahora que me acuerdo a mí me expulsaron en el último juego del torneo de la C y eso me inhabilita para jugar", anunció el novato goleador.

De esta manera Rentería no sólo dañaba el esquema de la delantera sino que obligaba a buscar otra variable que supliera la ausencia del jugador sub-19 y se cumpliera la nueva regla impuesta por la Dimayor. Sin tiempo para discusiones no hubo más remedio que replantear la figura y buscar otra alineación. Esa noche, la última de una espera de más de dos meses, los jugadores del Chicó asistieron al encuentro que Millonarios le ganó al Tuluá, para calmar un poco la ansiedad y observar a sus rivales.

"Yo no voy a poder dormir, mi hermano", le decía el arquero Villegas a su compañero Castiblanco, quien había sido alineado en reemplazo de Rentería. "Yo menos, decía Castiblanco, no ve que ya me duele el estómago de tanto vacío". Y esa noche pocos pudieron dormir como siempre. Al otro día a las 2:40 de la tarde del domingo 7 de febrero, con el arribo del bus a la Universidad Nacional, lo que muchos creían que era un sueño se había convertido en una realidad.

A las 3:15 de la tarde sólo faltaba salir a la cancha para que comenzara la función.

Minutos antes, Caicedo y Salazar se habían rifado quién se quedaría con la camiseta número 11, la goleadora, sin saber que los números ya habían sido asignados. A Villegas, quien defendería el arco, se le salía el miedo por los poros y casi ni podía agarrar la paloma que soltarían los jugadores como símbolo de la paz. Primero la media derecha era el agüero que predominaba en un camerino oscuro y lleno de la prensa que no se quería perder ni un minuto del debut. Una oración y mucha suerte en esta nueva etapa de la vida se desearon en un solo abrazo los jugadores en el túnel que los arrojaría al campo. Un partido intenso, con un empate aceptable, dejó atrás para el Bogotá Chicó F.C. ser primíparos en el fútbol profesional. Clasificar al octogonal, una Copa Libertadores o vestir la camiseta de la selección serán sus nuevas ilusiones. Así, después de romper el mito de jugar en la primera, ya se podía soñar con algo más lejano. Y mientras los jugadores respondían sus primeras entrevistas como profesionales, el seleccionador nacional, Reinaldo Rueda, quien se escondió entre los espectadores, se retiraba del estadio con una libreta llena de apuntes.

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