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| 6/14/2014 12:00:00 AM

Un tango quiere sonar en Brasil

El plato está servido. Argentina tiene la oportunidad de conquistar el Mundial que organiza su eterno rival: Brasil. ¿Le alcanzarán el fútbol y el corazón?

“Si le ganamos la final a Brasil y damos la vuelta olímpica en el Maracaná –me decía un amigo días atrás– ya está, cerramos los mundiales”.

El sueño de mi amigo es el de millones de argentinos: salir campeón mundial en Brasil. No en Rusia o Catar. En Brasil. Al fútbol, sabemos, es difícil concebirlo sin el otro. A Boca sin River, al América sin el Deportivo Cali, al Deportivo Independiente Medellín sin Nacional. Y la Argentina elige como rivales clásicos a los inventores y a los reyes. A Inglaterra ya le ganamos con la ‘mano de Dios’ y con la ‘apilada de Dios’ (porque esa, más aún que la final 3-2 contra Alemania, fue la batalla más inolvidable de México86).

Y a Brasil, los reyes del fútbol, le ganaremos en su casa, ya no con Diego Maradona, sino con su heredero. Lionel Messi, por fin, se reveló humano en el Barcelona. Su apagón fue un alivio más que una preocupación. Porque Messi, creemos, se apagó con Barcelona, con el que ya ganó todo, para volver a ser Dios con la selección. Porque México ya fue hace 28 años y Lionel ya tiene 27.

Exagerado, como debe ser, el sueño de mi amigo es el de millones de argentinos. Contada ya la ilusión, ahora, salgamos a la cancha. Y recurramos a Javier Mascherano, acaso el jugador más reflexivo que tiene la Selección Argentina. “Tenemos jugadores totalmente talentosos para tener la posesión de la pelota –dijo Javier semanas atrás–, pero son tan anárquicos y tan directos que quizá no necesitamos la posesión”. Porque “en los últimos 30 metros, si no lo tenés a Messi, con la posesión hacés poco y nada”. Difícil no estar de acuerdo. Lionel, el Kun Agüero, Pipita Higuaín y Angel di María (acaso el de mejor presente, aunque tal vez llegará agotado) garantizan explosión en ataque.

La abundancia permite el lujo de prescindir de Carlos Tévez, maduro y más jugador de equipo que nunca en su formidable temporada con Juventus. Su exclusión, por mucho que se empeñen en desmentirlo todos, solo puede explicarse a partir de situaciones que tienen que ver con el grupo, del que se separó de mala manera después del fiasco en la última Copa América de Argentina 2011. Pero un equipo, sabemos, es algo más que ataque. Y es allí cuando la selección de Alejandro Sabella pierde chapa de candidato.

Desde el arco defendido por Sergio Romero (suplente y con fallas juega en el Mónaco) hasta una zona de volantes que hoy ofrece inclusive más dudas que la última línea. Porque está muy impuesto aquello de que Argentina defiende mal. Pero no defiende solo la última línea. Defiende un equipo. Y Mascherano, al que Barcelona usa como zaguero, no como centrocampista, ya no tiene 24 años. Y Fernando Gago, su socio principal en la recuperación del mediocampo, jugó un pobre torneo en Boca y se lesiona seguido.

Ese es hoy el talón de Aquiles del equipo, más aún que los zagueros Federico Fernández y Ezequiel Garay, que cerraron la temporada afirmados como titulares en Nápoli y Benfica, respectivamente. El lateral derecho, con Pablo Zabaleta (Manchester City) está mejor cubierto que el izquierdo, que tiene a Marcos Rojo (Sporting de Lisboa). Hay anarquía. ¿Habrá equipo?


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