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| 7/8/2006 12:00:00 AM

¡Qué grande eres, Zizou!

La final del 9 de julio en Berlín será recordada porque fue el último partido de Zinadine Zidane. Se va el más grande futbolista de los últimos años.

Zinadine Zidane supo jugar al fútbol como sólo unos cuántos elegidos tienen el privilegio de hacerlo. Ya en 1998 había conducido a Francia a ganar el campeonato del mundo, y en 2000, la Eurocopa. En sus años en la Juventus había ganado títulos y puesto picardía en una liga dura y fría. En sus primeras temporadas en el Real Madrid (cuando todavía tenía a su escudero Makelele, quien le protegía la espalda y lo abastecía de balones), había ganado una Liga y una Copa de Europa y se había hecho con el respeto y la admiración de una hinchada que sólo a muy pocos jugadores les asigna el título de genios. Muchos de los hinchas merengues se referían a él como dios. Pero fue a raíz de lo que hizo (y deshizo) ante España y Brasil que Zidane dejó atrás el lote de los Zico, los Platini, los Beckenbauer y los Gullit y se instaló al lado de Cruyff y Di Stefano. Pasó a ser un futbolista inmortal. De aquellos cuya leyenda alimentará sueños y provocará nostalgia de tiempos mejores. El 9 de julio de 2006 será recordado más porque fue el último partido que jugó Zidane, que por haber sido el día en que se consagró al país campeón del mundo.

Zidane hizo algo que muchos volantes creativos de innegable talento nunca logran: echarse el equipo al hombro en los momentos de adversidad. No lo hicieron ni Platini ante Alemania ni Zico ante Francia en el Mundial de 1986, cosa que sí hizo Maradona ante Uruguay, Inglaterra y Bélgica. Y su persistencia logró llevar a Francia nuevamente a la final de la Copa del Mundo, una instancia en la que se daba por sentado que estarían Brasil y Alemania.

Después de los partidos contra Suiza y Corea del Sur lo daban por muerto. Pero ha sido en los momentos adversos cuando el aparentemente callado y frío Zidane ha hecho gala de su frialdad para salir airoso. Ante España y Brasil, 'Zizou', el hijo de argelinos emigrados a Marsella, se puso el frac de director de orquesta y el overol de maestro de obra. Ante Portugal pidió cobrar el penal que llevó a Francia a la final y, de paso, les enseñó a Lampard, Gérard, Cambiasso y Ayala, así como a Platini, Zico, y Baggio, cómo se patea desde los 12 pasos en un partido decisivo de la Copa del Mundo.

Periodistas, jugadores e hinchas se rindieron a sus pies. No es común que los diarios de todo el planeta asuman como propio a un futbolista. "No te vayas, Zidane", fue el clamor que se leyó y se oyó en todos los idiomas del mundo luego de sus lecciones magistrales ante España y Brasil.

Sus rivales no guardaron elogios . Del Piero, quien fuera su compañero en la Juve, dijo antes de la final que era "el absoluto número uno". Y sus compañeros en el equipo francés dicen que es su "guía". Pero ningún elogio lo hará cambiar de opinión. En septiembre, cuando haya disfrutado de sus vacaciones, irá todos los días a la Ciudad Deportiva del Real Madrid a entrenar a los niños de las divisiones menores..

"No estoy a gusto. No juego como me gustaría ni como le gustaría al club (Real Madrid). Y ya no tengo 25 años. Cada día que pasa se me hace más difícil. Tengo molestias físicas que no tenía a los 20 años. No quiero estar aquí por estar. Siempre he sido competitivo y lo he dado todo por ganar. Ya no me veo en condiciones de darlo todo", dijo al anunciar su retiro del Real Madrid . "Pero todavía me quedan 10 partidos como profesional, advirtió. Los tres que quedan de Liga y los siete que jugaremos en Alemania".

Nadie daba entonces un peso por Francia después de los fracasos del Mundial de 2002 y la última Eurocopa, pero Zidane no les dio el gusto a aquellos que lo creían muerto para el fútbol de retirarse como un derrotado.

Ronaldinho (a quien él mismo ha señalado como su sucesor) y Kaká tuvieron que padecer la lección que les ofreció el maestro. Una lección que ya verán ellos si la aprovechan para pasar del nivel de buenos futbolistas al de grandes jugadores. Porque 'Zizou' hizo volver a creer en un fútbol mágico que incluye sacrificio.

Tal vez una jugada simbolizará para la historia la llegada de Zidane al Olimpo: el sombrero que le hace a Ronaldo con una inexplicable combinación de humildad, sobradez, oficio de obrero y sapiencia de virtuoso. ¡Qué grande, Zidane!
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