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| 12/19/2004 12:00:00 AM

Raspando

El Once Caldas fue el mejor alumno del desempeño futbolístico colombiano este año. Por eso, y por las selecciones juveniles, el país no se rajó.

Como en las historias universitarias, el fútbol colombiano pasó el año raspando, con una calificación que sirve, aunque no alegra del todo: un tres, y no propiamente aclamado, nos dejó 2004...

Y gran parte de ese logro lo consiguió el Once Caldas, que levantó la Copa Libertadores de América, el más representativo torneo de clubes en Suramérica, y ahora con equipos mexicanos a bordo.

Siempre ocurre en el fútbol y quizás en otras áreas deportivas, los resultados se someten a examen. Para los puristas y clásicos, afiliados al fútbol fluido, bien jugado, casi con exquisitez, el Once Caldas se fue por una línea calculadora, donde lo primero era no perder. De allí su excelente plan defensivo, aunque desequilibrado, porque los de arriba también pensaban más en defender que atacar. Surge entonces la eterna discusión. Para todos los que pagan una boleta, el gol es la esencia del juego y mientras más se consigan mejor. Nada como ganar. Para otros, lo fundamental es el juego. Y en eso recuerdo una respuesta ofrecida por un jugador argentino de la época del Dorado, llamado Miguel Juan Zazini, quien dijo alguna vez: "El gol es simplemente la interrupción de un partido". Y a esa respuesta se unen muchos de aquellos que solo quieren divertirse, haciendo túneles, taquitos, lujos, etc... sin eficacia en el arco adversario.

Claro que ganar la Copa Libertadores no es propiedad de muchos equipos y países futboleros. Allí la importancia del título. Pero el Once Caldas, fiel a su estilo y a sabiendas de lo que había conseguido, fue al Japón y no pudo repetir, dentro de su manera de jugar, el logro antes obtenido.

La Selección Colombia de mayores, cambiando técnico, ahora con Reynaldo Rueda, no logró reparar el daño hecho en el comienzo de la eliminatoria, en la que se perdieron muchos puntos en casa. Hoy en día estamos a mitad del camino, con algunas posibilidades matemáticas, para aspirar a pelear por un quinto puesto, donde se tendría una opción, llamada repechaje, ante un representante seguramente de Oceanía.

El problema está en un calendario para 2005, en el cual visitaremos rivales de peso y escasamente nos quedarán tres juegos en Barranquilla. El técnico Rueda, sin escapar a los temores, consigue organizar partidos en los cuales la defensa sobresale, pero no creamos oportunidades de gol suficientes. Y para completar, los delanteros estelares, Juan Pablo Ángel, el mejor ejemplo, atraviesan por rachas adversas, en las que los arcos contrarios se le cierran. En este campo no perdimos el año del todo. Por supuesto que esto sólo es un consuelo.

Las selecciones juveniles siguen convertidas en las grandes esperanzas de éxito. La sub-17, la sub-20, bien orientadas por Eduardo Lara, saben jugar y ganar. Lástima sí, que todos deseamos el premio mayor con la de mayores.

En el campo profesional de nuestro medio, sin poder echar a andar la famosa lotería deportiva, que significaría gran ayuda y alivio para las arcas de los equipos, disfrutamos un campeonato entretenido, con muchos jóvenes en circulación, gracias a las disposiciones adoptadas. No faltaron por supuesto los problemas arbitrales, las sospechas en juegos de la primera B, pero así y todo, nuestros jóvenes, contrastando con los de antaño, sueñan en emigrar, en buscar otros horizontes, trayendo como consecuencia lógica, un desangre en la filas de los equipos. Sin embargo hay renovación y lo que comenzó como una aventura allá en 1948 tiene un presente sólido y cuenta con una afición renovada, más agresiva, más pasional, más exigente, aunque más resultadista.

Pasamos el año raspando con un tres, en el que el Once Caldas fue el mejor alumno. Los otros estamentos o equipos y selecciones terminaron copiando el examen y no se rajaron gracias a los de Manizales.

*Comentarista deportivo de 'Caracol Radio' y de 'Noticias Uno'
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