Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/11/1994 12:00:00 AM

REGRESO SIN GLORIA

Un año después del atentado en el campeonato de Hamburgo (Alemania), Mónica Seles habla por primera vez sobre su experiencia y su posible regreso al mundo del tenis.

HACE SOLO UN año Mónica Seles era la número uno del tenis mundial. Desde que apareció por primera vez en las canchas internacionales, en 1988, se convirtió en un fenómeno deportivo que acabó con casi todos los récords: cuando sólo tenía 17 años, era la mujer más joven en la historia de este deporte en conquistar la cima de la Women Tennis Association (WTA) y, como si esto fuera poco, llegó a ganar siete de los 13 torneos que disputó de Gran Slam (abiertos de Australia, Francia, Wimbledon y Estados Unidos). Ahora, con 20 años, nadie sabe realmente si algún día volverá a competir.
Muchos periodistas han especulado sobre los efectos sicológicos y físicos que le habría ocasionado a la Seles el atentado de que fue víctima el 30 de abril del año pasado en el torneo de Hamburgo. La verdad es que muy pocos son los que han hablado con ella y todo lo que se sabía hasta el momento no dejaba de ser chisme. Sin embargo, la semana pasada la tenista yugoslava habló con la revista estadounidense Tennis, y los aficionados quedaron sorprendidos con sus declaraciones.
"No quiero jugar para obtener nuevamente el puesto número uno del ranking, para llamar la atención, ni para ganar más plata -dijo Seles-. Incluso, no quiero competir porqúe el mundo quiera volver a verme haciéndolo, aunque es muy bueno saber que a la gente le interesa esto. Yo sólo quiero jugar porque realmente me gusta".
Prueba de estas palabras de Mónica Seles es que ella, pese a que ya está totalmente recuperada, no entrena con la misma disciplina ni la misma dedicación con que lo hacía antes. Ahora no tiene ningún horario. Un día puede realizar una o dos sesiones de trabajo, y otro, no hacer ninguna clase de entrenamiento. Todo depende de su estado de ánimo.
Si bien su rehabilitación física fue lenta y trabajosa, pues tuvieron que pasar más de cinco meses para que pudiera volver a coger una raqueta, su recuperación mental ha sido aún más complicada. "Muchas veces se me pasa por la cabeza, y más cuando me paro en una cancha de tenis, que el hombre que me atacó obtuvo lo que quiso -dice Seles-: Steffy Graff volvió al número uno y él fue dejado en libertad. No importa cómo se mire, el mensaje que trajo todo esto es que lo que él me hizo estaba muy bien. Y esa es la razón por la que no quiero volver a jugar. Hasta que no tenga claro todo esto, no pisaré una cancha de tenis".
Además de los problemas síquicos y físicos que le dejó el atentado, quizás lo que más le ha dolido a la tenista es la actitud que frente a esto han tenido sus colegas. De hecho, cuando la WTA les preguntó a las primeras 10 jugadoras del ranking si creían que Seles debería estar protegida en su puesto de número uno del escalafón hasta que se recuperara del ataque, todas, menos la argentina Gabriela Sabatini, contestaron negativamente.
Pero más allá de todas las secuelas del accidente, la tenista asegura que está muy decidida a volver a las canchas. Lo que no sabe con exactitud es cuándo. Y aunque muchos piensen que a Mónica Seles le va a pasar lo mismo que a John Mc Enroe y Mats Wilander, quienes estuvieron por fuera de las canchas más de un año y cuando regresaron no encontraron nuevamente su nivel, Seles aspira a volver a ser protagonista de este deporte. "No quiero ser recordada como la jugadora que gritaba en las canchas -dice- y menos aún como la mujer que apuñalaron. Quiero que se me recuerde por mi juego". -
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.