Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1986/06/16 00:00

REVIVIR UN SUEÑO

La gran fiesta del fútbol vuelve a México, donde hace 16 años Pelé y sus compañeros enloquecieron al mundo

REVIVIR UN SUEÑO

El próximo 31 de mayo, a las 12 del día --hora mexicana--, los habitantes del mundo iniciarán un largo y cautivante viaje. Los 22 jugadores de los equipos de Italia y Bulgaria, darán comienzo al evento deportivo más espectacular del planeta: el Campeonato Mundial de Fútbol. Más de 120 mil espectadores se congregarán en el legendario Estadio Azteca de Ciudad de México para asistir a este encuentro que, como un resorte mágico, movilizará toda una serie de mecanismos de tipo futbolístico, comercial y de comunicaciones.
Cuando se de inicio al Mundial, al menos una tercera parte de la humanidad respirará por el fútbol, pues desde todos los rincones del orbe y gracias a la televisión, que este año hará el mayor derroche de técnica jamás visto, 800 millones de personas suspenderán cualquier actividad que se encuentren desarrollando para dejarse hipnotizar durante 90 minutos por un partido de fútbol. Cerca de 500 millones de dólares se moverán en inversión publicitaria alrededor de las transmisiones del torneo y otros cuantos millones pasarán de mano en mano en el curso de las más dramáticas apuestas.
Este año, el Mundial le correspondía --por designación de la FIFA, la rectora del fútbol en el mundo-- a Colombia, y hoy en día nadie discute que haber renunciado a esta organización fue una decisión que debía tomarse. Basta echar una mirada a lo que está sucediendo actualmente en México. Los graves problemas sociales y económicos que atraviesa este país parecen estar cargando el ambiente. La crítica que se escucha con más frecuencia es que el terremoto de septiembre del año pasado requería de grandes inversiones que no se pudieron realizar porque las partidas estaban destinadas al Mundial.
A partir de esta tragedia, el evento comenzó a ser visto por muchos mexicanos como una especie de maldición. Continuamente se llevan a cabo manifestaciones callejeras, durante las cuales aparecen grandes cartelones en los que se puede leer: "Queremos frijoles, no goles".
Hasta hace unos cuantos días, las manifestaciones seguían siendo toleradas por el gobierno, pero apenas comenzó a sentirse la invasión de turistas, las protestas fueron circunscritas a ciertas áreas específicas. Y la réplica de los manifestantes no se ha hecho esperar: "Soluciones y no manifestódromos", dicen los nuevos cartelones.
Pero esta no es la única polémica. Hace 16 años, cuando se realizó el Mundial en México, parte de las obras de los estadios se llevó a cabo gracias a la venta de localidades. Quien adquiría un palco, tenía derecho a usufructuarlo por un lapso de 99 años. Pero la FIFA no quiere en esta ocasión reconocer ese derecho y pretende obligar a quienes compraron sus puestos en 1970 a pagar las entra das para los partidos de este Mundial. Grupos de propietarios han contratado abogados para demandar y la decisión judicial está aún pendiente.
Sin embargo, es muy probable que todos estos problemas desaparezcan como por encanto, cuando la pelota se ponga en movimiento el 31 de mayo. Todo quedará borrado, aseguran muchos, y el espectáculo arrancará sepultando cualquier debate que no sea futbolístico.

Revivir un sueño
México se convierte en el primer país en organizar dos veces un campeonato mundial. Aún están frescas para el aficionado común, las imágenes de ese esplendoroso certamen de 1970.
En aquella ocasión, la fiesta pareció ser perfecta. Ningún detalle de organización falló, todo se planeó al centímetro, la televisión llevó la imagen a todo el mundo. Pero hubo algo que rubricó todo este esfuerzo: el fútbol.
Hay una opinión unánime: se afirma que México 70 ha sido el más cálido y espectacular en cuanto a fútbol. Allí, el scracht (como se conoció al Brasil) formó la que quizás ha sido la mejor selección de todos los tiempos.
Pelé era el director de esta orquesta. Es cierto que el entrenador era Mario Lobo Zagalo. Pero con esa constelación de estrellas, ¿para qué sirve un entrenador? No había uno solo que desentonara en ese conjunto armonioso.
Brasil fue de inmediato adoptado por el pueblo de Guadalajara. Sus jugadores fueron objeto de toda clase de atenciones. En realidad, fueron idolatrados. Pelé, Tostao Gerson Jairzinho, Rivelino, Ciodoaldo, Carlos Alberto, Everaldo, Piazza, Félix. Los brasileños iniciaron su campaña derrotando a Checoslovaquia 4-1. Posteriormente enfrentaron a Inglaterra --campeón mundial en ese momento y lograron un vibrante triunfo 1-0. Luego cayeron los rumanos: 3-2.
En cuartos de final, las víctimas fueron los peruanos, conducidos por el hábil Teófilo Cubillas. El marcador fue 4-2. En la semifinal, los uruguayos no pudieron controlar a Brasil: 3-1 en contra. Y en la gran final los cariocas ratificaron que no había poder que los detuviera y apabullaron 4-1 a Italia.
Las cámaras registraron muchas de las jugadas brillantes de los brasileños. Esa magia en cada disparo, el poder de gambetear, todo eso es inolvidable. Era inútil cualquier intento de detenerlos.
Son muchos los aficionados al fútbol que, con sólo cerrar los ojos, reviven las jugadas magistrales. Como aquella frente a Inglaterra, cuando Tostao entró por la izquierda y desde la esquina del área centró para Pelé, quien con una calma estremecedora, la cedió a la derecha, por donde entró Jairzinho y fusiló a Gordon Banks. O aquella otra, la más genial tal vez, que lamentablemente no se convirtió en gol, cuando Pelé enfrentó solo al arquero uruguayo Mazurquiewicz y dejó pasar el balón por detrás, para luego, en una maniobra en forma de ocho, rematar con la derecha ligeramente desviado. Los comentaristas enloquecieron y uno de ellos dijo: "Si hubiera hecho ese gol, nos hubiera tocado construirle un monumento detrás de la portería".
Otras sorpresas deparó ese Mundial. Los peruanos cumplieron una heroica labor, a pesar de que pocos días antes de la iniciación del torneo, y cuando ya estaban en México, supieron que un vasto terremoto había desolado su territorio. Aun con listones negros en la manga de la camiseta, salieron a enfrentar su primer compromiso frente a los búlgaros.
Los europeos se fueron en ventaja por 2-0, antes de los diez minutos del primer tiempo. Pero el orgullo peruano pudo más, y al finalizar el encuentro, los jugadores se habían alzado con su primera e histórica victoria, por 3-2, y sus mejillas estaban llenas de lágrimas.
Los uruguayos llegaron a la semifinal, gracias a una de las jugadas más discutidas en un Mundial. Se enfrentaban en cuartos de final a la Unión Soviética. El 0-0 se mantuvo a lo largo de todo el partido y éste sólo pudo definirse cuando un balón que iba a salir del campo (o salió, según la versión rusa) fue enganchado por Víctor Espárrago. Los soviéticos, convencidos plenamente de que la pelota estaba afuera, se quedaron quietos.
Aprovechó Luis Cubilla y la metió en el arco. El árbitro marcó gol y los uruguayos fueron semifinalistas.
El del 70, fue un Mundial impecable en todos los sentidos. No se presentó ningún expulsado en los 32 partidos de la Copa, contrastando con el evento anterior celebrado en Inglaterra, donde la violencia y la patanería impusieron su ley.
Todos estos factores hicieron que México 70 fuera el modelo a imitar. Cuando se dice buen fútbol, se dice México 70. Y son muchos los que esperan que ese sueño se reviva en 1986.

El mundo entero en México
El 27 de mayo, un total de 508 jugadores de 24 países intentarán complacer a estos aficionados. Representarán a cuatro continentes. Por Suramérica estarán Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Qué diferente la situación al año 1930, fecha del primer Mundial, cuando a duras penas 13 equipos aceptaron la invitación a Montevideo.
Hoy, 124 países jugaron las eliminatorias, incluyendo algunos que estaban en guerra. Irak, por ejemplo, no pudo jugar de local porque la FIFA no permitió exponer a los equipos visitantes, en una ciudad como Bagdag, que podía ser bombardeada en cualquier momento. Esto determinó que los iraquíes enfrentaran a sus rivales en sedes neutrales. A pesar de eso, clasificaron. Ahora los asiáticos están preocupados porque su religión les impone ciertos ayunos, y eso se les convierte en un problema técnico a la hora de jugar.
En el Mundial pasado, los representantes de Asia también protagonizaron algunos hechos curiosos. En esa ocasión, Kuwait enfrentaba a Francia. De pronto, un gol francés fue protestado vivamente por los asiáticos. El árbitro seguía validando el gol. Fue cuando todos vieron en la tribuna a un jeque pidiendo a los jugadores que se retiraran del campo.
El mismo jeque descendió después a la gramilla y habló personalmente con el árbitro, que era el soviético Stoppar, y... ¡el tanto fue anulado! Cada equipo es un universo. Los cuadros del Tercer Mundo siguen aferrados a sus tradiciones religiosas.
Bilardo, el técnico argentino, no faltó a Luján para rezarle a la Virgen. Los países europeos prefieren trabajar con más ciencia que con fe y se ha visto el caso de los daneses entrenando con sofisticados aparatos similares a tanques de oxígeno, que imitan la atmósfera de México.
En lo que sí coinciden prácticamen te todos los combinados es en traer un cocinero, al que algunos entrenadores le otorgan más importancia que al preparador físico. Los alemanes traerán todos sus ingredientes, de manera que a los dirigidos no les falte ni siquiera el pan de su tierra.

La distancia se va haciendo menor
Hasta hace unos años, los cuadros de Africa y Asia eran la comidilla en los mundiales. En el 74, por ejemplo, Zaire fue derrotado 9-0 por Yugoslavia. Pero los cuadros de estas regiones, sobre todo en el mundo árabe, han invertido astronómicas sumas de dinero para conseguir un progreso adecuado. Esto es importante, porque es una forma de eliminar distancias y diferencias entre naciones.
En España, Argelia y Camerún, representantes de Africa, lograron lo que se consideraba imposible. Camerún terminó con tres empates y sin derrotas, y sin siquiera haber caído ante el posterior campeón mundial, Italia. Por coincidencia, Argelia enfrentó al otro finalista, Alemania Occidental, derrotándolo por 2-1, en una de las mayores sorpresas que se ha visto en un Mundial. Si en esa ocasión los argelinos no clasificaron a la siguiente ronda, fue porque Austria y Alemania se pusieron de acuerdo sobre un resultado que, gracias al gol diferencia, les permitía clasificar a los dos. Pero nada de esto ha desanimado a los llamados equipos chicos. Y en México, es seguro, volverán a dar la pelea.
El Mundial está a punto, con doce estadios listos para recibir a 24 equipos. Ya pronto en México, León, Querétaro, Puebla, Monterrey, Toluca, Nezahualcoyotl, Irapuato y Jalisco, el balón se pondrá en movimiento y los seleccionados se esforzarán por ganar una estatuilla de oro de 36 centimetros de alto y 4.98 kilos de peso.
No es esa la motivación mayor, por supuesto. Es la gloria de disfrutar durante cuatro años del privilegio más envidiado por cualquier nación del planeta: ser campeón mundial de fútbol.

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