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| 5/22/2012 12:00:00 AM

Robben: el eterno villano

El jugador holandés tuvo en sus botas el título del mundial del 2010 y la Champions League del 2012. Sus desaciertos fueron cruciales para que la selección holandesa y el Bayern München se conformaran con el subtítulo.

Arjen Robben (Bedum, Holanda) tiene 28 años, más de la mitad de ellos dedicados al fútbol. De joven talento del equipo de su ciudad, pasó a las filas del FC Groningen, un equipo de media tabla del fútbol holandés, en el que debutó en el año 2000.

Tenía 16 años y por delante una carrera que lo llevaría a vestir las camisetas de equipos de auténtica élite en Europa. Del PSV Eindhoven (donde ganó dos títulos: una liga y una supercopa de Holanda), pasó al Chelsea de Londres en el 2004, como una de las grandes contrataciones del magnate ruso Román Abramóvich (donde ganó dos Premiere League). En el 2007 el Real Madrid desembolsó 36 millones de Euros por hacerse con sus servicios. Dos años después era transferido al alemán Bayern München.

Doce temporadas como jugador profesional que han tenido sus momentos más intensos desde el 2010. Precisamente, en los recientes dos años, Arjen Robben ha tenido la posibilidad de escribir su nombre en el olimpo del fútbol. De subirse al tren de la gloria que ha pasado en frente de sus narices por dos veces. Un tren que ha dejado pasar sin siquiera subirse.

El habilidoso extremo izquierdo, que ha confesado que su velocidad y dominio tienen como inspiración el fútbol que en los años 70 desplegó el brasileño Rivelino, tuvo en sus botas la posibilidad de conquistar dos de los títulos más preciados del fútbol mundial: la copa del mundo de la FIFA y la Champions de la UEFA.

El error de la Copa del Mundo
 
Hace dos años, y contra todo pronóstico, la selección holandesa que orientaba Bert van Marwijk, remó hasta llegar a la final del mundial de Surafrica, incluso a costa de eliminar a serios aspirantes al título como Brasil (en cuartos de final) y Uruguay en la antesala de la final.

Era la tercera vez que los holandeses disputaban el título del mundo, aunque de nuevo no partían como favoritos, pues en frente, la mejor generación del fútbol español, capitaneada por el arquero Iker Casillas, quien había sido compañero de Robben en el Real Madrid

El 11 de julio de 2010, los herederos de aquella ‘naranja mecánica’ de los años 70 y del 88 (cuando Holanda ganó la Eurocopa), pretendían romper esa maldición de ser los eternos segundones.

Ese día, en el Soccer City de Johannesburgo, los holandeses controlaban la ofensiva española. Pero cuando el cronómetro señalaba el minuto 61, Robben tuvo todo para trascender a la historia.

Tras un pase de Sneijder, Robben atravesó la defensa española que estaba ubicada casi que en la línea que divide la mitad del campo. El envío fue tan preciso, que el delantero holandés sólo tuvo que aprovechar sus mejores virtudes, la velocidad y el dominio del balón, para llegar hasta las barbas de Iker Casillas que pretendía controlarlo casi que en el punto penal.

Arjen fue una bala inatajable para Piqué, Puyol y Capdevilla que sólo atinaron a ver el número 11 de la camiseta naranja que nunca pudieron detener.

La pierna izquierda de Robben, que ha tenido fama por su precisión y potencia, tenía todo para marcar el gol que significaría la ventaja para los holandeses en la final. Una ventaja que, por lo avanzado del cronómetro, y por lo cerrado de la competencia, bien podría ser definitiva.

Robben se acerca a los terrenos de Casillas, que aguanta la última decisión del holandés, pero que se inclina hacia su izquierda para adelantarse a un posible regate de su excompañero de club. El delantero lo engaña, no lo va aludir, y opta por lanzar la pelota al arco. Pero el arquero español, en el piso, decide levantar su pie derecho, alcanza la pelota y la desvía.

Pudo ser el epílogo anticipado de ese juego, que por falta de goles tuvo que extenderse 20 minutos más de los 90 pactados. En esa prórroga, el tren de la gloria volvió a pasar por en frente de Robben, protagonizó otro contragolpe en el que superó una zancadilla de Puyol, pero de nuevo se estrelló con la muralla de Casillas. Minutos después, quien si decidió subirse al tren, fue Andrés Iniesta, quien marcó el gol del título para España.

12 pasos al infierno
 
Pasaron 22 meses para que Robben tuviera la revancha, esta vez con la camiseta roja del Bayern München, y en la Champions league, el campeonato de clubes más importante del mundo.

Tras vencer en semifinales al Real Madrid, con un gol de tiro penal de Robben con el que pareció saldar cuentas con Casillas, el Bayern era el favorito para alzarse con el codiciado trofeo.

Esta vez, el escenario era el Allianz Arena, donde el Bayern juega de local. En frente, uno de los antiguos clubes de Robben, el Chelsea.

El partido también tuvo que extenderse hasta la prórroga, pues en los 90 minutos se saldó con un empate a un gol. En la primera mitad del suplemento, Didier Drogba, el marfileño del Chelsea que se había encargado de extender el juego hasta sus últimas consecuencias, trató de quitarle la pelota al francés Ribery en el área que menos conoce, la de su propio equipo. Pero en su intento por colaborar en defensa, desestabilizó la pierna del francés del Bayern. El árbitro del juego pitó el penal ante la sorpresa de cientos de miles de aficionados bávaros, que atónitos se percataron que la Copa nunca la tendrían más de cerca.

Robben era el encargado de patear la pena máxima. La mayoría de sus definiciones desde el punto penal han tenido como característica la calidad y la precisión para ubicar la pelota lo más ceñido a cualquiera de los verticales. Así le convirtió a Casillas en el Bernabeu.
 
Sin embargo, el holandés prefirió el camino de la potencia, pero la precisión abandonó su disparo. El golero checo Peter Cech se lanzó a su mano derecha y controló el balón con su cuerpo. Ese penalti hubiera significado la ventaja para los bávaros, o más aún, el gol del título.

Robben, que tenía todo para lucir el traje de héroe, volvió a ponerse el de villano. El juego mantuvo la igualdad y tuvo que ser definido mediante el desempate de los cobros desde el punto de penal. El holandés no hizo parte de los cinco encargados, y no tuvo la oportunidad de remediar sus pecados. El Bayern München perdió la opción de levanter su sexta Champions, y Robben, de protagonizar la conquista.

¿Habrá revancha? El delantero zurdo es una de las cartas de Holanda para la Eurocopa. Todos saben que en los juegos previos su habilidad es un argumento. Pero en los decisivos, Robben deberá cargar una cruz que pesa como una conspiración del destino, la de ser un crack que en los juegos donde está en disputa el trono del fútbol abandona su frac de gala por el traje de villano.
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