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| 6/10/2010 12:00:00 AM

Se busca el ‘hexa’

En el país cinco veces campeón del mundo reina el escepticismo. El equipo de Dunga no convence a muchos. Por Rodrigo Cavalheiro

 
Cuando Portugal, Costa de Marfil y Corea del Norte se perfilaron como rivales en el próximo Mundial, los brasileños se dividieron. A una pequeña parte el grupo le pareció difícil. Y no gustó. Uno puede perder con Portugal en una buena noche de Cristiano Ronaldo y empatar con los marfilenses en un buen día de Drogba. O viceversa. O sea, hubo preocupación. A los demás brasileños el grupo no les pareció duro sino durísimo. Y eso les encantó. “Si espero cuatro años, lo que quiero son partidos buenos, ¿qué gracia tiene jugar con Venezuela?”, se ha dicho en los bares tras el sorteo.

Entender cómo Brasil respira un Mundial es sencillo: no ganarlo es un fracaso. En Italia, Alemania, Argentina y los demás países campeones puede que pase más o menos lo mismo. La hinchada añora ganar. El tema es que en Brasil, ‘la torcida’ en su casi totalidad no sólo quiere ganar, quiere hacerlo con espectáculo. El Mundial del 94 en Estados Unidos –el del ‘Tetra’– es el patito feo de los cinco títulos que ganó Brasil. “Fútbol de resultado”, “un equipo de mediocampistas pegadores”, “si no fuera por Romario...” es lo que se escucha de aquel equipo, algo importante para explicar el Brasil en Sudáfrica. Uno de aquellos ‘pegadores’ era Dunga, el que dirige la selección brasileña.

Dunga heredó la seleção tras el desastre de Alemania 2006, cuando las estrellas no se resistieron y levantaron antes la Copa (y los cubiertos). Por eso ficharon a un tipo que no había entrenado siquiera equipos de su barrio, en Porto Alegre. Allá, por cultura y clima, se practica un fútbol más parecido al que se ve en el Río de la Plata y menos al que gusta en Río de Janeiro. Más objetividad, menos ballet. Así funciona su equipo y poco se puede decir contra sus resultados. En las eliminatorias, Dunga (el apodo viene de la similitud con el enano de Blancanieves) dejó huellas gigantes en los céspedes de Montevideo (0-4 sobre Uruguay) y de Rosario (1-3 con Argentina).

En Brasil, una victoria humillante se llama ‘chocolate’. Los chocolatazos en dos de las canchas más respetadas de Suramérica y en la Copa de las Confederaciones no llenaron a los críticos de Dunga. “Nadie puede prescindir de Ronaldinho”, se dice en São Paulo. “Esta selección juega a la contra, no es Brasil”, añade otro en Río. Bien o mal, el equipo está elegido y no parece haber hueco para Ronaldinho. Dunga llevará al Mundial los que le dieron respuesta cuando los necesitó. Falta definir el lateral-izquierdo titular, y ya está.

Portugal y Costa de Marfil tienen buenos equipos. Sus delanteros son, hoy por hoy, estrellas de mayor magnitud que las canarinhas. Se merecen respeto, pero no demasiado. Quedar eliminado en primera fase sería una catástrofe en Brasil. El tema es que simplemente avanzar tampoco es mucho. Si queda segundo en su grupo, Brasil muy probablemente enfrentará en octavos a la campeona de Europa, España. Algunos piensan que es un rival difícil. Los demás creen que España es un equipo duro, pero sin carácter. Que ha ganado cinco mundiales menos y por eso no puede parar una selección que busca el ‘hexa’. La vacuna contra el optimismo se llama Dunga.
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