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| 7/5/2014 12:00:00 PM

Selección, ¡gracias totales!

Hasta el final Colombia trató de meterse a la historia grande y eliminar a Brasil en su Mundial. Es lo de menos, la Selección salió eliminada, en hombros.

Veintiséis de junio de 1998, estadio Félix Bollaert, Lens. Faryd Mondragón llora desconsolado por la eliminación lógica de Francia 98. Cuatro de julio de 2014, Arena Castelao, Fortaleza. James Rodríguez no aguanta, y rompe en llanto por tener que marcharse de Brasil 2014. Entre los dos momentos, qué travesía la de Colombia. En el olvido quedaron sepultados esos 16 interminables años sin Mundial, eso de “perder es ganar un poco”, de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”.

En Brasil, la tricolor soñó con intensidad y personalidad, pulverizó todos los récords criollos y osó cambiar la historia del fútbol, tratando hasta el minuto 95 de eliminar a los dueños de casa, a los que derrocharon miles de millones de dólares por la fiesta, a los que proclaman ser campeones del mundo desde la inauguración.

Nadie dijo que iba a ser fácil. A pesar del juego mediocre de la Seleção, la Arena Castelão de Fortaleza fue la guarida de 60.000 leones verdeamarelos, que no pararon de rugir. Por momentos el aire vibraba, los tímpanos se quejaban, las piernas temblaban con el estruendo brasileño. Había 2.500 estoicos colombianos tratando de colar un “oee oeee oeee oaaaa” entre el barrullo. Pero nada qué hacer.

Como tampoco fue mucho lo que hizo la Tricolor en el primer tiempo. Salieron nerviosos, frente a un Brasil iracundo, que quería demoler esa imagen de equipo llorón que les dejaron los penaltis contra Chile. Malas entregas, regalos en la salida, marcas inexistentes, las bandas invadidas, Colombia tenía plomo en las piernas. Y vino el gol de Thiago Silva en un error colegial. Pero si no fuera por David Ospina, por Mario Alberto Yepes, por Christian Zapata, hubieran sido más.

James Rodríguez trataba, pero se llevaba su zapatazo apenas cogía vuelo. Ya Luiz Felipe ‘el Sargento’ Scolari había advertido que “ya no iban a ser caballeros, cordiales, educados con los equipos adversarios”. 

Empezó el segundo tiempo y Colombia ya no tenía nada que perder. Se quitaron un peso de encima, se soltó el equipo, subieron las líneas, buscaron tocarla, encarar a ese Brasil que en el Mundial poco o nada había mostrado. Y en una jugada enredada, con mucha garra y poco fútbol, Yepes logró empujar el balón detrás de la línea. Los hinchas colombianos gritan el alarido, casi desafiante, sin querer ver la banderilla en alto del juez de línea. ¿Hubo fuera de lugar?

La discusión sobre el arbitraje del español Carlos Velasco dará en Colombia para debates interminables. Pero en la cancha, el juego seguía como un relámpago: contragolpe brasileño, plancha de James y Hulk cae al suelo. ¿Lo tocó siquiera el 10 de Colombia? David Luiz reventó la polémica con un misil imparable al ángulo de Ospina. La Seleção celebró a rabiar, pateando el banderín del córner y abrazando la ‘torcida’.

Hubiera podido ser el funeral de la Tricolor. Corrían 70 minutos y el estadio ya se veía celebrando el hexacampeonato. Pero Colombia no se iba a dejar tan fácil. James se multiplicó, la delantera la tocaba, Zúñiga arrasaba por la banda derecha. Remaron hasta el penalti, que el 10 cobró con soltura.

Quedaban diez minutos para la heroica. Los corazones de toda Colombia se desbocaron, Brasil perdía tiempo, metió tres cambios defensivos en cinco minutos, se refugió en su arco. El cuerpo técnico Tricolor parecía loco, gritando desde la raya de la cancha, enfurecidos, reemplazando por momentos los flemáticos recogepelotas del Castelão. Pitó Velasco, y cayeron al piso, abatidos, Ospina, Yepes, toda Colombia.

¿Cuánto hizo falta para meterse a las semifinales? Mucho y nada. Brasil terminó sufriendo, pero Colombia regaló 45 minutos. Y la Tricolor salió aplaudida del Castelão por todo el pueblo brasileño, por esas familias colombianas que empeñaron todo por venir al Mundial, por esa gente que se metió 30 horas en un bus para llegar a Fortaleza, por esas gargantas que cantaron a capela el himno en Belo Horizonte. En el Mundial, la S0elección será para siempre un equipo derrotado, que sale en hombros.

A Bogotá regresan 23 colombianos y un argentino que hicieron trizas la historia futbolística nacional, que enamoraron con toques, goles, celebraciones, que lograron lo impensable y que sin duda, volverán a brillar. Y quedará, para siempre esa terapia de poder gritar a todo pulmón: “Gooooooooool”. Por eso, nada más por eso: ¡Gracias, totales!
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