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| 10/28/1996 12:00:00 AM

A SOLTAR AMARRAS

La vela empieza a consolidarse en Colombia como uno de los deportes de mayor proyección.

La ironía ha sido la constante compañera del desarrollo del deporte de la vela en Colombia. Sería lógico pensar que esta disciplina hubiera nacido en algún rincón de las costas colombianas. Pero no fue así. En lugar de haber surgido en la orilla de alguno de los casi 3.000 kilómetros de costas que el país tiene sobre dos océanos, la vela nació oficialmente, según algunos conocedores, en la calle 72 con carrera cuarta en Bogotá. En ese sitio, hace ya cerca de 52 años, dos bogotanos, José y Jorge Carulla, se dedicaron a la tarea de duplicar en cartón los planos de un velero de la clase lightning. En una bodega instalaron un taller de carpintería y unos meses más tarde, a 2.800 metros de altura, crearon el primer velero colombiano. Seis meses más tarde, junto a otros cinco amantes de los botes, quienes habían construido en ese tiempo dos veleros más, se lanzaron a las aguas de la laguna del Muña y celebraron la primera regata en el país. Hoy, medio siglo después, la ironía sigue siendo la compañera de este deporte. De los cerca de 1.500 navegantes regulares cerca de la mitad son bogotanos. Otro buen porcentaje de practicantes está en Cali, Medellín y Bucaramanga. Y, contradiciendo toda lógica, el grupo lo completan algunos deportistas en Cartagena y San Andrés. Esto se debe en parte a que, como dijo a SEMANA Eduardo Herkrath, presidente de la Federación Colombiana de Vela, en el país "el sentimiento acuático no existe". Sin embargo, y pese a esto, lo cierto es que en los últimos tres años se ha descentralizado de Bogotá la afición por esta disciplina y ya se están viendo los frutos, pero sobre todo un promisorio futuro. Colombia había logrado en el pasado algunos triunfos internacionales en diferentes modalidades, entre los que se destacaron los de Rafael Obregón en 1959, 1967 y 1968; Fernando de la Concha en 1980 y Andrés Lisocki en 1986, pero la realidad era que pese a sus dos costas el país prácticamente no existía en el panorama velístico internacional. Esto se debió, en gran parte, a que "la gente erróneamente ha pensado que practicar la vela es muy costoso, cuando en realidad no va mucho más allá de lo que puede costar la práctica del ciclismo", afirma Herkrath. Actualmente la situación ha cambiado un poco. Gracias a la creación de clubes náuticos -actualmente existen 13- y a la relativa reciente fundación de escuelas -aproximadamente hay cuatro en todo el país-, Colombia ha empezado a figurar en el panorama. De estos clubes y escuelas ha surgido una camada de jóvenes entre los 15 y los 25 años que han logrado importantes figuraciones a nivel internacional que hoy ubican al país en un lugar importante en Suramérica detrás de las potencias de la región, Argentina y Brasil, y de naciones con mayor tradición náutica como Venezuela. Una vez más, irónicamente, los abanderados de los logros son deportistas del interior. Camilo Mármol, quien hasta el cierre de esta edición participaba con éxito en el campeonato suramericano de windsurf -tabla con vela- que se celebró la semana pasada en el lago Calima, no sólo es el mejor en su especialidad en el país sino que a los 24 años ha logrado consolidarse como uno de los 10 mejores en el ranking mundial. A su lado aparece Juan Sebastián Higuera, quien a los 20 años es considerado como uno de los 10 mejores especialistas del mundo en la clase sunfish _bote pequeño con una vela_ y que ocupó el décimo puesto en esta especialidad durante el mundial que se desarrolló en República Dominicana en noviembre. Y aunque a los 22 años Solmar Bermúdez aún no ha logrado ningún reconocimiento en el exterior, sus palmarés de más de 40 campeonatos nacionales ganados, sumados a algunas importantes actuaciones en torneos internacionales, le han valido no sólo para ingresar, junto con Mármol e Higuera, al programa los 100 de Oro de Coldeportes, sino que lo consolidan como uno de los navegantes más importantes y con mayor proyección internacional del país en la clase sunfish. Si bien es cierto que hasta ahora los resultados se han conseguido en dos de las ocho categorías en las que se practica la vela, es justo reconocer que este es un buen comienzo, aunque tardío. En el campeonato mundial del año pasado, gracias a la labor de estos deportistas, Colombia quedó ubicada como una de las 10 primeras potencias en las categorías sunfish y windsurf dentro de un grupo de 120 países. Y aunque a muchos pueda parecerles poco este puesto, la verdad es que es bastante meritorio, considerando que en el país jamás se han aprovechado las reales posibilidades de su privilegiada posición geográfica o los 16.000 ríos o los centenares de lagos y lagunas con los que cuenta. Esto sin considerar que muchos de los practicantes de la vela, al igual que en otros deportes en el país, tienen que meterse la mano al dril para poder practicar y competir ya que, como dice Herkrath, "la afluencia de público es muy escasa y como no es un deporte que llene orillas" ni el Estado ni los patrocinadores apoyan decididamente esta disciplina. El próximo 12 de octubre, durante el mundial de vela que se celebrará en Santo Domingo, Mármol, Higuera y Bermúdez, junto con otros navegantes, intentarán mejorar la actuación del año pasado. Pero independientemente de los resultados que allí consigan lo importante es que en estos momentos todo parece indicar que la vela en Colombia ha soltado definitivamente las amarras. Detrás de los deportistas que competirán en Santo Domingo existe una inmensa camada de niños que, según los expertos, tienen todas las condiciones para consolidar en pocos años a Colombia como una potencia en este deporte. Tan sólo falta que alguien se dé cuenta que el país puede tener campeones no sólo de boxeo, ciclismo o atletismo y que el viento no es lo único que los navegantes necesitan para llevar muy lejos sus embarcaciones.
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