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| 3/4/2016 9:07:00 PM

Stephen Curry, el redentor de la NBA

Liderados por un fuera de serie, los Warriors de Golden State tienen en mira el mejor récord de todos los tiempos en la NBA. Curry revoluciona el juego y va por la historia.

Con un registro de 55-5 hasta el mediodía del viernes, los Golden State Warriors, equipo comandado por Stephen Curry y su absurda efectividad desde los tres puntos, luchan por quedarse con el registro histórico al mejor récord en la temporada regular. Los Chicago Bulls de Michael ‘Air’ Jordan, Scottie Pippen, Tony Kukoc y Dennis Rodman ganaron 72 juegos y perdieron diez en 1995-1996, y miran de reojo al equipo de Oakland, California que tiene la intención de destronarlos.

Pero para escribir su nombre en la historia, como lo hicieron esos Bulls, los Warriors y Curry no solo tendrán que batir el récord, tendrán que defender el título que ganaron el año pasado. Quedan 22 juegos, varios contra rivales complicados como los San Antonio Spurs, el fantástico equipo conducido por Gregg Popovich que podría arruinarle el caminado. Y luego, además, tendría que validar su imponente estilo de juego en los ‘playoffs’, una instancia que por su arrollador ritmo alcanzarían así perdieran los 22 juegos restantes.

La misión no es nada fácil pero dimensiona lo que vive la NBA: un resurgimiento de la magia, del interés y de la discusión que provoca un equipo plagado de talento, con atletas versátiles como Draymond Green, Andre Iguodala, Harrison Barnes y Klay Thompson, y cuya figura estelar es un fuera de serie como pocos en la historia. Stephen Curry es un lanzador letal, tira de tres puntos con una velocidad y un ángulo casi imposible de neutralizar, hace de un metro cuadrado un kilómetro cuadrado y sus disparos desafían la lógica por la distancia ridícula desde la cual intenta.


Desde 2013 ostenta el récord de cestas de tres puntos en temporada, pero no ha dejado de superarse. Hoy, tiene los tres mejores registros históricos, eclipsando a prominentes lanzadores de larga distancia como Ray Allen y Reggie Miller. El 25 de febrero pasado estableció el récord de partidos consecutivos anotando de tres puntos con 128… y sigue sumando. Y no solo es cuánto y cómo anota, en la mayoría de juegos ha demostrado que cuando su equipo más lo necesita, responde y hace la diferencia. Y cuando tiene un partido complicado, es decir, cuando luce humano, sus compañeros aprovechan para brillar.

Curry no es la única estrella de la liga, pero de lejos es la más brillante y su historia es particular. Lebron James llegó a la liga directo del colegio, se sabía que descollaría, Kevin Durant tuvo un desempeño en la Universidad de Texas que revelaba una futura superestrella. La mayoría de equipos universitarios descartaron a Curry por bajito, por frágil. Consiguió un lugar en la atléticamente modesta Universidad de Davidson y desde ahí comenzó a demostrar de qué estaba hecho. Seis jugadores fueron escogidos antes que él en el draft de 2009. Llegó a la liga y generaba dudas, pero ahora es el tema de conversación, el redentor de una liga que pedía espectáculo y lo ha conseguido en el talento de un jugador nunca antes visto. Crédito merece el técnico Steve Kerr por reforzar valores humildes.

Los campeones defensores de la NBA escucharon toda la pretemporada que ganaron porque equipos como los Cavaliers de Cleveland, sus rivales en las finales, sufrieron lesiones. Se volvió común dudar de su éxito. Las críticas solo lograron enfurecer a unos Warriors plagados de talento y compañerismos que pocas dudas dejan hoy día.

Es tal la revolución que ha causado Stephen Curry en la NBA, la liga más importante de baloncesto del planeta, que jugadores de décadas pasadas han salido a criticar a sus rivales, quizás para defender sus propios legados. “Los directores técnicos no quieren defenderlo, le dejan mucho espacio para lanzar”, aseguró Oscar Robertson, el jugador más destacado en la historia de los Bucks de Milwaukee.

Robertson, una leyenda viva, conoce el juego como pocos y es, a la fecha, el único que ha promediado en una temporada (1961-1962) un ‘triple-doble’, como se le conoce a sumar de a dos dígitos en tres categorías distintas del juego. ‘Big O’ promedió más de 30 puntos, diez rebotes y y diez asistencias. Para sumarle a la gesta, lo logró en una temporada en la que no existía el tiro de tres puntos, que se implementó hasta 1979. Pero sus críticas le quitan mérito a un jugador que hoy prende televisores, inspira enorme admiración entre sus pares, y hace parte de un equipo fantástico que ganó el título el año pasado y va por la historia y otro campeonato más.

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