Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/04/11 00:00

'Surfin' Tayrona

Mientras termina de combatirse la fiebre amarilla en la Costa, otra epidemia invade las playas del Caribe colombiano.

Desde hace cuatro años empezó a realizarse el Circuito Nacional de Surfing en las playas de Cartagena y Barranquilla . Este año, por primera vez, el agresivo mar del Parque Tayrona fue el escenario de esta competencia.

Los que acudieron el pasado sábado 20 de marzo a la reapertura del Parque Tayrona no fueron las grandes familias cargadas de maletas, ni los expedicionarios colombianos con mapas y catalejos, ni los europeos a la moda en busca de chaquiras de colores y mochilas arhuacas. Esta vez, bajo el sol de un mediodía en el Caribe colombiano, los que bajaron del bus fueron 40 jóvenes con cuerpos musculosos y caras embadurnadas con bronceadores de colores. Su equipaje no eran hamacas, carpas, esteras ni pelotas de playa, sino un único elemento: una tabla de surf. La tercera válida del Circuito Nacional de Surfing era la razón de su visita. Por primera vez, el agresivo mar del Tayrona sería el escenario de este torneo cuyas primeras paradas se habían realizado en San Andrés y Cartagena.

Las banderas rojas enterradas en la playa de Viento Fresco, que indican la prohibición de ingresar al mar, no fueron obstáculo para los competidores que sin siquiera mirar el lugar donde se hospedarían desenfundaron sus tablas y corrieron en busca de las olas. Y es que en este deporte la adrenalina se encuentra en el mar embravecido y en las grandes olas, así que entre más peligroso sea, mejor.

Afanados por reconocer el mar los competidores ingresaron al agua para el primer día de competencia que es dedicado al free surf o reconocimiento de las olas. Mientras tanto los espectadores se ubican en los mejores puestos para ver el espectáculo y al son de un 'coco loco' tranquilizan la tensión por el color de las banderas y celebran con gritos las maniobras de los surfistas. En pocas horas será el primer día oficial de torneo en una playa cercana y ahora sí los corredores de olas colombianos tendrán que demostrar qué es lo que tanto saben.

A pesar de que las playas colombianas apenas empiezan a ser conquistadas por los surfistas, el origen de este deporte se remonta cientos de años atrás. Según la leyenda, en las islas del Pacífico, los ancestros de la Polinesia, hacia el año 1700, exploraron el océano convertidos en corredores de olas. En 1912, Hawai se ganó el protagonismo de este deporte y así, luego de reunir miles de practicantes, en 1964 se realizó el primer mundial de surf en Sydney, Australia. Siendo un país bañado por dos océanos y con casi 3.000 kilómetros de costas, Colombia se había demorado en oficializar el deporte.

Gracias a un grupo de jóvenes que se dio a la tarea de darle fuerza, desde hace cuatro años se realiza este torneo en el país. "La idea es crear escuelas a los lugares donde se pueda surfear, patrocinar jóvenes de bajos recursos que quieran hacerlo como una alternativa de vida y viajar por Colombia descubriendo sus playas", dice Sergio Navarro, presidente del torneo.

Primer 'hit'

En el mágico lugar donde el río Piedras, que desciende de la Sierra Nevada de Santa Marta, se une con el mar que baña la playa Los Naranjos, es la cita para el primer día de clasificaciones. Alrededor de las 9 de la mañana empiezan a llegar los competidores con sus caras coloreadas de bronceadores y su tabla bajo los brazos. Un poco de cera sobre la tabla para ganar agarre y un par de estiramientos bastan para ingresar al agua.

En el balcón de una casa sobre la playa, con una vista hacia el mar que envidiarían los enamorados, se ubican los jueces que calificarán a los competidores. Se trata de cuatros veteranos del surf que hace cerca de 30 años corrieron por primera vez las olas colombianas turnándose la única tabla que había llegado al país. Al ritmo de las canciones de Bob Marley, el público, en el que se mezclan suizos, venezolanos, costeños y bogotanos, extiende sus esteras para observar la competencia.

Cuando el reloj marca las 10, se da el aviso para que se alisten los participantes. Junior, Open y Long Board serán las categorías en que se realizará el torneo; las dos primeras sólo las diferencia la edad, pues Junior llega hasta los 18 años. La tercera se realiza con una tabla más larga, sin punta y no premia el número de figuras que se haga sobre la ola sino el tiempo que se dure encima de ella.

Los competidores son divididos, dependiendo el

ranking nacional, en turnos o hits de cuatro personas que tendrán 20 minutos para coger las mejores olas y hacer el mayor número de maniobras.

Una vez en el agua los competidores esperan el sonido de la sirena que indica el comienzo del tiempo previo a su diálogo intangible con el mar. Y aunque en el surf no existen los equipos, las olas son sus aliadas para sobresalir. El buen surfista es el que conoce el momento en que la ola concentra su energía para pararse sobre la tabla y lograr el mayor desplazamiento. Por su parte, los competidores en descanso esperan a su manera la hora de su turno; algunos observan las maniobras de sus rivales; otros siguen calentando, y otros esperan al son de las tocatas de un improvisado picado de fútbol.

Después de medio día de competencia, 22 surfeadores quedan eliminados.. Jorge Albor, con cut back y un round house (maniobras en que se dan giros en la tabla) logra su cupo en la semifinal de Open. Hunen Oke, si repite en la final la ola casi perfecta que logró en la sesión previa, sería el ganador en Junior. Y en Long Board, la sorpresa la da Adriana Alarcón Noguera, la única mujer clasificada para las finales.

Con el lento atardecer caribeño se da fin al primer día oficial de torneo. En la final, el cupo en el mar estará reservado para los mejores.

Concentración de final

Para los surfistas todo se basa en pasear por el mundo en busca de las mejores olas y más que competir encuentran en el surf un estilo de vida. Por eso, una tarima en la playa con buen rock and roll y reggae a la luz de una fogata y acompañados de unas cervezas es la mejor manera para preparar en la noche que precede una final. Quedar primero en una competencia pasa a un segundo plano. Lo importante es disfrutar las olas con los amigos que ha hecho el mar.

Con la resaca de las cervezas, los surfistas acuden nuevamente a la playa Los Naranjos para llevar a cabo las finales del torneo. Otra vez, los jueces se ubican en el balcón de los enamorados y bailan al ritmo de Vives mientras anotan los puntajes. A las 12 del día, los cartageneros Pedro Segrera y Julio Burbano son los

nuevos campeones en las categorías Junior y Long Baoard, respectivamente. Ahora, toda la expectativa se concentra en la final de Open, y hasta un par de koguis que pasan por la playa, territorio sagrado de sus ancestros, miran confundidos. Como si el mar supiera que llegó el momento de la final saca un repertorio con sus mejores olas. Navarro sale del mar y corre por la playa para poder coger las olas por la derecha, donde pegan con más fuerza. Y mientras Espinoza y Barrios, los otros dos finalistas, se deslizan en todas las olas para aumentar su puntaje, Albor hace una pasada larga que lo declara sin duda el ganador.

Sin envidias ni roces salen los surfistas del agua a recibir sus medallas. La próxima cita será en la ensenada de Nuquí, Chocó, donde se intentará descubrir qué tan cierto es el mito de que en el Pacífico colombiano están las mejores olas del mundo para surfear. En un solo abrazo, aficionados, jueces veteranos y surfistas celebran, más que los triunfos, la culminación de esta válida al ritmo de las gaiteros que han llegado a la premiación. Así se da luz verde para el que quiera surfear en el Tayrona esperando poder volver a invadirlo y que nunca se encuentre la vacuna para esta epidemia.

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