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| 11/6/2016 6:06:00 PM

El antioqueño que quiere revolucionar el mundo del fútbol

La Tarjeta Verde que propone el periodista y árbitro Roosevelt Castro, es una iniciativa por la paz y el juego limpio.

No mide más de un metro y 65 centímetros, aunque él siempre tiene un medidor a la mano y unos zapatos con suela alta para refutarlo. Es flaco, bonachón, chistorete y exageradamente generoso. Ir a la casa de Roosevelt Castro Bohórquez es como llegar a una barra libre, pues el anfitrión es dadivoso con la comida y bebida.

Se trata de un hombre de paz, como todos, quien obstinadamente lucha por la utopía de un mundo reconciliado y feliz, donde las leyes no sean otras que los principios éticos y morales que enseñado los grandes sabios a lo largo de la historia de la humanidad. Se la pasa leyendo libros de Erasmo, de Russell, de Voltaire y de Dostoievski, entre otros, pero su visión del mundo no se queda en la teoría, pues este antioqueño por adopción es hiperactivo y no para, ni una sola hora del día, de hacer cosas.

Él es el creador en Colombia de la Tarjeta Verde, una iniciativa que pretende, a través del fútbol, fomentar la armonía, la reconciliación, el juego limpio y los buenos valores. Su idea ha sido copiada en Italia, Chile, España y México, entre otros países, aunque muy pocos le han dado el merecido crédito. Pese a ello, Roosevelt no se rinde y ya le envió detalles de su proyecto al Papa Francisco y a la Fifa.

“Mientras uno esté vivo tiene esperanzas. Mientras uno esté vivo cualquier cosa puede pasar”, señala.

Nació el 16 de abril de 1959, en Villa Rica, Tolima, en una época de turbulencia política que germinó, sobre todo en el ‘Tolima Grande’, varias de las primeras guerrillas campesinas.

Hijo de un Práctico Agrónomo y una aguerrida mujer de Anolaima, Roosevelt estuvo a punto de nacer en Santa Marta, pero su padre, del mismo nombre, tuvo que regresar con todo y familia a Villarrica, para recoger unos documentos que le pedían en la Federación Nacional de Cafeteros, entidad que lo había contratado en ese 1959.

De modo que Roosevelt llegó al mundo en la tierra de sus padres, paradójicamente, por mera casualidad, pues el resto de sus siete hermanos nacieron en diferentes ciudades del país, debido a la labor del padre. Sin embargo, siete meses después de haber salido del vientre de doña Cecilia, el pequeño fue trasladado a Antioquia, precisamente al municipio de Heliconia, tierra del bullanguero Cosiaca. De modo que Roosevelt, con toda razón, se presenta como antioqueño, y de pura cepa, a todo quien lo conoce por primera vez.

Lo de él y su familia fue toda una correría, una interminable trashumancia. Después de Heliconia se fueron a vivir a Sonsón, luego pasaron por Betania, Caramanta, Santa Bárbara y, finalmente, desembarcaron en Medellín, ahí sí para siempre.

“En 1974 compramos la casa en el barrio Florida Nueva y desde entonces vivo ahí con mi mamá”, cuenta Roosevelt, Historiador y Comunicador Social - Periodista de la Universidad de Antioquia, quien aspira a que su estrategia de la Tarjeta Verde se implemente oficialmente no sólo en el fútbol colombiano, sino a nivel mundial.

“Si castigamos la agresión y los malos comportamientos, por qué no premiamos los buenos ejemplos, los buenos comportamientos dentro de la cancha”, se pregunta el extécnico y exárbitro del fútbol aficionado antioqueño.

Explica: “Las dos tarjetas que existen en el fútbol son punitivas. La amarilla te marca, te alerta de que en cualquier momento te pueden sacar del juego, y la roja te saca de inmediato. No hay una tarjeta que te premie. Las tarjetas en el fútbol aparecieron en el Mundial de 1970, es decir, se demoraron 108 años en aparecer. De modo que yo tengo fe en que mi idea cobre vida en algún momento”.

Roosevelt Castro siempre ha sido un emprendedor. Durante su época de estudiante lideró grupos de teatro y hasta dirigió periódicos. En su barrio, Florida Nueva, fundó varios equipos de fútbol aficionado. Incursionó en la radio deportiva sin haber pasado por la universidad, de la mano de Guillermo Hinestroza Isaza, uno de sus grandes amigos y mentores, ya fallecido.

“En 1977 escuché por primera vez a Guillermo, quien hacía un programa bastante polémico en Radio Familia, del Sistema Antioqueño de Radiodifusión.

Luego en el 78 pasé a Todelar, en Emisora Claridad, para hacer un programa llamado Tribuna Roja, que era a las 7 a. m., y empecé a hacer mis pinitos radiales ahí. En el 79 arrancamos con Goles y Comentarios, junto a Luciano González”, narra.

En 1979, tras haber fallado en su primer intento por pasar a la Universidad de Antioquia, Roosevelt, junto a Guillermo Hinestroza, lideró una iniciativa llamada Baby Fútbol, de la cual, asegura él, surgió el Pony Fútbol en 1985.

Antes, en 1980, formó y dirigió un equipo llamado Medellincito, al cual entrenaba en la Universidad Pontificia Bolivariana, y con el que participó en Liga de Fútbol de Antioquia, en cuarta categoría. Esa experiencia lo llevó a dirigir los equipos de la UPB, de los cuales surgieron estrellas como Víctor Marulanda, Óscar Pareja y Gustavo ‘Misil’ Restrepo.

Entre los años 1981 y 1982 comenzó un curso de arbitraje con Gonzalo Valderrama en Comfama, que luego repitió en 1985. Al año siguiente empezó a ejercer el arbitraje. Al mismo tiempo fundó la revista Sólo Fútbol Aficionado.

Como árbitro pitaba esencialmente las categorías infantiles. Les enseñaba a los niños y jóvenes las 27 reglas del fútbol, no más, pero empezaron a llegarle cartas de felicitación por su pedagogía. En 1996, luego de un receso de cuatro años en el arbitraje, ingresó a la Universidad de Antioquia para estudiar Historia, pero luego se pasó a Comunicación Social – Periodismo.

Ese mismo año comenzó a repartir una laminita del Divino Niño en los partidos que dirigía, partiendo del concepto axiológico de educar en valores y enseñar las normas del fútbol y la vida. La lámina tenía la imagen del Divino Niño por un lado y por el otro una frase: “Yo amo, tolero y respeto a mi adversario”.

Debido al estudio no pudo convertirse en árbitro profesional, de modo que se hizo independiente, yendo a donde lo invitaban, siempre llevando su mensaje de juego limpio. En el 2004 se ganó el Premio Chofar es Tiempo de Paz al Comunicador para la Paz que entrega anualmente Colfolider. También se ganó órdenes cívicas por parte de la corporación Colima. En la Universidad de Antioquia le dieron una moción de reconocimiento por su actividad pedagógica en valores, y finalmente en el 2009 lo invitaron al Foro Mundial de la Paz en Bogotá, donde comienza la historia oficial de la tarjeta Verde.

“En la Cumbre Mundial de Paz les mostré la Tarjeta Verde, porque el Divino Niño pues no era creencia en muchas culturas. Y empecé a repartirlas en partidos invitacionales a los que me llevaban. Prácticamente la idea surgió en el 85, pero vivamente surgió en 2009. En el 2015 me di cuenta que la Tarjeta Verde se utilizaba en Italia, en una categoría inferior. Fueron los mexicanos quienes se dieron cuenta que había sido un colombiano el que había comenzado con todo eso”, expresa.

Hoy día la Tarjeta Verde se implementa en torneos de categorías menores en Chile, España, México, Italia, Brasil y otros países. En la mayoría de casos se utiliza la estructura conceptual de Roosevelt, quien, de todos modos, no ha recibido ningún tipo de reconocimiento por ello.

Ahora, uno de los nuevos proyectos de este antioqueño con ancestro tolimense, es implementar la Tarjeta Verde en el marco del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC.

“Quiero poner a jugar a guerrilleros y soldados con la Tarjeta Verde, para aportar a la paz. Para promover el juego limpio y las acciones no violentas”, dice Roosevelt, un hombre que, desde la oscuridad del anonimato pero desde la claridad de sus ideas, continúa luchando por un mundo mejor, y que mejor plataforma que el fútbol el deporte más popular del planeta.

(*) especial para Semana.com

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