Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 1984/10/01 00:00

TODA COMPARACION ES ODIOSA PERO...

Si los países del Este hubieran asistido a los Olímpicos de Los Angeles, los resultados no habrían sido los mismos

TODA COMPARACION ES ODIOSA PERO...

El boicot de la Unión Soviética y la mayoría de sus aliados a las pasadas olimpiadas fue motivo de especulación. Antes de iniciarse los juegos, muchos comentaristas dudaban de la validez de buena parte de las medallas que se otorgarían en Los Angeles, sobre todo en aquellas disciplinas como la lucha o la halterofilia, dominadas por los deportistas del Este. Una vez iniciados los Juegos, la fiesta y el espectáculo relegaron a un segundo plano la polémica sobre los récords. El mundo entero tuvo durante 15 días la imagen de un país invencible en todo sentido: los Estados Unidos.
Sin embargo, a la hora del balance final surgieron otra vez las dudas. No sólo las 84 medallas de oro ganadas por los Estados Unidos fueron tema de discusión: ¿Ecaterina Szabo y Mary Lou Retton habrían sido las reinas exclusivas de gimnasia? ¿Rumania habría ganado 20 medallas de oro? ¿China habría dominado en gimnasia masculina y en tiro? ¿Australia, Nueva Zelanda, Italia, habrían cosechado tantas medallas de oro? Otra serie de preguntas "prohibidas" incluso cuestionarían la actuación colombiana. ¿Bellingrodt habría sido subcampeón olimpico, Pablo Restrepo sexto en 200 metros pecho o el ciclista Néstor Mora octavo en la prueba individual de ruta?
Los Juegos "Amistad 84", celebrados en varias capitales de Europa del Este, ayudaron a contestar ciertas preguntas. Sin embargo, son pocos los deportes en los que se puede comparar resultados. Resulta imposible, por ejemplo, predecir lo que ocurriría en un torneo de boxeo o de hockey sobre el césped. Otros deportes, como la gimnasia o los saltos de trampolín, otorgan puntajes que son asignados por jueces. Por eso, solamente el atletismo, el ciclismo la natación y unos pocos deportes más, permiten aproximar, con bastantes posibilidades de error, lo que habría ocurrido si los países del Este hubieran asistido a Los Angeles.
Atletismo, deporte rey
La confrontación de los registros obtenidos por los atletas en Los Angeles por un lado, y Moscú y Praga por el otro deja muy en claro, entre otras cosas, la supremacía absoluta de los norteamericanos Carl Lewis, Edwin Moses y Evelyn Ashford, quienes lograron registros muy superiores a los de sus rivales de Europa Oriental. El brasileño Cruz y los británicos Sebastián Coe y Daley Thompson tampoco habrían tenido problemas para imponerse en los 800 metros, los 1500 metros y el decatlón.
Los europeos del Este, en cambio, habrían barrido con las medallas en las pruebas de lanzamientos, tanto en masculino como en femenino. En los relevos, Estados Unidos habría triunfado, pero las medallas de plata y bronce se las habrían repartido canadienses y británicos con rusos y alemanes democráticos. Mary Decker, campeona mundial el año pasado en Helsinki y su rival Zola Budd, protagonistas del famoso drama de la zancadilla en la final de los 3000 metros, tal vez no hubieran tropezado, pero se habrían inclinado ante las soviéticas, que impusieron nuevo récord mundial. Estos y otros ejemplos deben ser vistos con cuidado. En las pruebas de semifondo, por ejemplo, el registro depende de las características de la carrera. Si desde el principio alguien pone un ritmo rápido, como Earl Jones en la final olímpica de los 800 metros, el tiempo del ganador será mejor que el de un competidor que vence a unos rivales que comienzan la carrera cuidándose. En la maratón y las pruebas se recorren distancias iguales en condiciones topográficas muy diferentes.
Natación y ciclismo
En la natación, los Estados Unidos no habrían podido barrer como lo hicieron en Los Angeles si asisten rusos y alemanes democráticos. Otras naciones como Gran Bretaña o los Países Bajos (ver recuadro), también habrían perdido buena parte de sus medallas. La comparación del cuadro final de medallas de natación de Los Angeles y otro intercalando las olimpiadas con los juegos "Amistad 84" son apenas un pálido reflejo de la lluvia de récords mundiales que cayeron en la pileta de Moscú. El caso del ciclismo es muy polémico. Por un lado, el velódromo de Moscú es más rápido que el de Los Angeles. Sin embargo, los campeones norteamericanos de pista utilizaron unas bicicletas Raleigh mucho más avanzadas que las convencionales, por lo que será mejor esperar los mundiales de ciclismo amateur del año entrante para obtener conclusiones más precisas. Vale la pena reseñar que en Moscú se impusieron nuevos récords del mundo, cosa que no ocurrió en el viejo velódromo de Los Angeles.
Olímpicos son olímpicos, lo demás...
Las comparaciones son odiosas. Y mucho en aquellas disciplinas como las pesas, el boxeo, el judo o la lucha, en las que no estuvieron presentes los campeones mundiales. Mientras los seguidores de los países socialistas se deleitan revisando y comparando récords, los defensores de los pasados Juegos Olímpicos cuentan con un argumento mucho más emocional. Cualquier día es bueno para batir un récord del mundo. Una olimpiada, en cambio, hay que esperarla con mucha paciencia y sus medallas son las que cada cuatro años escriben la historia del deporte.
Los que más pierden con esta historia de los boicots, además de los atletas, son los aficionados al deporte, que no les queda más remedio que jugar con cifras para descubrir "qué hubiera pasado si..." o acostumbrarse de una vez, como los seguidores del boxeo profesional, al campeón de la CODECOM y al campeón de la OTAN.--

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