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| 2/16/2008 12:00:00 AM

Todos a ganar

Si el país no tiene más triunfos es por falta de mentalidad ganadora. Eso tiene que cambiar.

Jorge Diego Llano es un deportista extremo paisa. Logró el primer lugar en Huairasinchi, la carrera de aventuras más alta del mundo, que se celebra en Ecuador. Él no cree que el límite de un deportista está cuando el músculo se cansa y el dolor lo vence. Está mucho más allá. Como cuando caminó en una competencia extrema en Brasil durante tres días con un grupo de ampollas que alarmaron a los médicos y nunca se retiró, aunque le salieron otras más en las manos por usar bastones para apoyarse, desarrolló luego una septicemia en los dedos y llegó casi a rastras. Movido sólo por su mentalidad.
Pero lo que funciona para unos no funciona siempre. Y menos en Colombia. Aunque algunos deportistas hayan conseguido hazañas importantes que los colombianos rememoran, lo habitual es que el país no figure en las listas de ganadores de las mayores justas mundiales; que volver a jugar en el Mundial de fútbol siga siendo un sueño; que los tenistas, golfistas, boxeadores y ciclistas que llegan lejos se derrumben sicológicamente y que sólo algunos individuos se destaquen por su terquedad. Ganar, en Colombia no es una regla. Es la excepción. Y la mentalidad parece ser el problema de fondo.

Pero ¿por qué en países como Cuba y Argentina sí se gana o sus deportistas se destacan? La respuesta parecen tenerla la sicología, la ciencia y la sociedad.

Sicólogos como la doctora Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford, aseguran que hay dos tipos de personas: las que tienen una mentalidad fija y las que tienen una mentalidad de crecimiento. En su libro Mindset explica que deportistas con mentalidades fijas creen que sus cualidades básicas, como la inteligencia y el talento, son rasgos fijos. Por eso todo el tiempo se empeñan en demostrar que son ganadores. Se empeñan en que no se adviertan sus deficiencias. En esta categoría entran casi todos los deportistas que se esfuerzan por mantenerse y estar en la elite.

Pero los que logran hazañas tienen mentalidad de crecimiento. Este tipo de deportistas cree que puede mejorar mediante el esfuerzo y el aprendizaje. Buscan experiencias que conlleven desafíos para evolucionar. No sólo ganan, como la mayoría de deportistas colombianos que han triunfado en algo, sino que siguen ganando.
Dweck recalca el segundo punto diferencial de una mentalidad ganadora: la sociedad. Afirma que las influencias de los padres y del ambiente son determinantes para crear una mentalidad ganadora. Si se desestimula o sólo se elogia la capacidad, se vuelve conformistas a los futuros deportistas. Si en cambio se elogia su esfuerzo, se les fuerza a esforzarse. Si la sociedad es competitiva en general, como en Estados Unidos, orgullosa de lo suyo, como la argentina o la china, y no conformista e inmediatista como la colombiana, la balanza se inclina a favor de los que desde pequeños impulsan a sus niños a destacarse.

Por la misma línea está el libro de Robert Kriegel titulado Si no está roto, rómpalo. El autor critica la educación que no impulsa a romper con lo convencional, sino a repetir y aquietarse, porque evita los retos reales, frena la rebeldía de todo deportista y le obliga a luchar el doble, primero para derrotar las adversidades sociales y luego a su cuerpo. Jorge Diego Llano insiste en ese punto: “Si uno quiere correr con los mejores necesita la mejor bicicleta, pero para tenerla hay que trabajar en otra cosa, y eso desgasta. El que no está decidido a dar la vida por esto llega hasta ahí. En Colombia hay que tener más que mentalidad, hay que luchar contra las adversidades”.

Lo positivo es que hay cambios. Diego Rosero, del equipo colombiano de patinaje, aseguró que tanto él como el equipo nacional de patinaje ya están en la senda ganadora porque su mentalidad es distinta. No sólo han ganado ya, sino que Rosero augura que volverán a ganar. Podrían ser los primeros en darle la vuelta a la torta, dejar de lado la tradición de individualidades que triunfan y en acabar con la historia de un país acostumbrado a quedar en el fondo de las tablas de medallería.
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