Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/7/2003 12:00:00 AM

Toma Pacífica

Lejos de las canchas que los vieron crecer como futbolistas, los jugadores de las colonias afrocolombianas encontraron en Bogotá un lugar para mostrar lo que saben.

Aunque no hay largas filas con reventa de boletas, ni comercio de banderas y camisetas, y tampoco se ven tanquetas policiales para evitar enfrentamientos entre las barras bravas, a las 12 del día del domingo 22 de junio, en los alrededores del estadio Olaya Herrera, en el sur de Bogotá, se vive un ambiente de final.

A las 3:30 de la tarde sonará el pitazo inicial del partido que definirá el campeón del torneo Afro Colombia 2003. Creado para integrar las colonias negras del Pacífico que habitan Bogotá y ahora un nuevo semillero de futbolistas profesionales, este campeonato se ha convertido en el de mayor asistencia a nivel aficionado y en el lugar donde todos buscan un chance para cumplir el sueño de ser futbolistas.

En las calles del barrio Olaya empiezan a oírse los cantos y los tambores que indican la llegada de las barras. Se trata de primos, hermanas, mamás, novias y compadres de los 400 jugadores que conforman los 20 equipos que participaron en el torneo. Y es que, muy lejos del mar, la población negra que salió de su tierra a buscar nuevas oportunidades y que ya alcanza cerca de 1.400.000 habitantes en Bogotá, ha sabido tomarse la capital y convertir cada fin de semana a este barrio en una típica colonia de la zona Pacífica.

Doña Betsabé vende las cocadas, Iris y su madre los pasteles 'chocuanos' que prepararon durante la semana. Toño vende chontaduro y afirma que cuando se juegan buenos partidos triplica las ventas de tres días normales. Emeterio vende las carimañolas, Benito el coco y así, además de reencontrarse con los viejos amigos y disfrutar el deporte que más les gusta, se consiguen algunos pesos para seguir sobreviviendo.

La música de la Fania suena en los parlantes de las tiendas aledañas. Al son de unos rones los primos Rugeles golpean sus tambores y Libardo Asprilla, representante al Concejo de Bogotá por las negritudes, vende boletas para la rifa de un róbalo y un pargo. En pocos minutos este populoso barrio ya no tiene nada qué envidiarle a un día de carnaval en la Costa. Todo sabe a ron, fútbol y currulao.

Nezken Mantilla y Uber Hurtado son dos de los protagonistas de la final que esta tarde disputarán Independiente Chocó y el Club Buenaventura. Al igual que muchos de los que juegan en este torneo, Nezken y Uber son amigos desde los 5 años y desde los 7 se hicieron compañeros de delantera en la Escuela de Fútbol Don Juan, en Buenaventura. A los 17 Nezken, en una tarde gloriosa, descrestó con sus goles y jugadas a los cazatalentos de El Cóndor, de la categoría B. Comida y hospedaje gratis y un contrato por un año fueron razones suficientes para que el espigado moreno viera cómo empezaba a realizarse su sueño.

Para Uber la suerte fue diferente. Aunque no tenía nada que envidiarle a su compañero de juego sólo obtuvo por su pase simples propuestas. Así que, sin siquiera imaginarse lo lejos que se iba, empacó los guayos y los cortos y compró un tiquete de flota que lo llevara a la fría Bogotá.

Una lesión de tobillo le impidió a Nezken mostrar su talento. Uber, perdido en un mundo extraño para él, buscó por lo menos la oportunidad de que lo vieran pero todo fue en vano. Después de cinco años y muchos padecimientos y trabajos llegó el reencuentro. Por diferentes fuentes se enteraron de que se iba a jugar un torneo en el que participarían las colonias negras de Colombia. Cada uno por su lado habló con los paisanos y en la primera concentración del equipo se volvió a reunir la dupla goleadora. La lesión de Mantilla lo tuvo como asesor técnico del equipo durante esta edición del torneo. Uber es el goleador con 11 anotaciones y algunos equipos de la primera y la segunda división ya pusieron sus ojos en él.

En el torneo pasado Sauyer Cortés, Dani Márquez y Harold Centeno realizaron su sueño y ya están en las filas de Atlético Nacional. Al igual que ellos, Watson Rentería logró un cupo en el Atlético Sogamoso y hoy es goleador de la categoría C.

De esta forma este torneo se va consolidando como el mejor lugar para encontrar aquellos talentos ocultos. "Para nadie es un secreto que un gran porcentaje de los futbolistas colombianos salen de la zona Pacífica. Otro de los objetivos del torneo es que, con toda esta materia prima de jugadores, se logre en un año participar en el torneo profesional de la categoría B", afirma Escolástico Sinisterra, organizador del torneo.

Sin embargo no sólo los que buscan un cupo en el fútbol profesional protagonizan el torneo. El primo, el que algo sabe, al que ya se le olvidó y el que ya tuvo la oportunidad también se puede poner la camiseta. Veteranos de mil batallas que ya colgaron los guayos profesionalmente, como 'El Viejo Willi', 'Pepe' Portocarrero y Cerveleón Cuesta integran los equipos de sus ciudades.

A las 2 de la tarde la fiesta sigue. Los jugadores de ambos equipos, cuerpo técnico y terna arbitral, los tres de raza negra, hacen antesala en la tienda El tercer Tiempo. Revueltos unos con otros mientras ven el partido que Colombia juega contra Japón por la Copa Confederaciones, ovacionan a Patiño, Martínez y a otros con los que hace algunos años se compartieron tocatas en las canchas de Cauca, Nariño, Chocó y Valle del Cauca. El triunfo de la selección ante Japón aumenta la motivación de los jugadores, que se trasladan a la cancha.

Las tribunas del campo auxiliar del estadio del Olaya se empiezan a colmar. Como no cuentan con camerinos, los integrantes de ambos bandos se cambian en las esquinas del campo y detrás de ellos, al mejor estilo de las barras bravas argentinas, se ubica la folclórica hinchada. Los tambores, pitos y cantos dan aliento a los equipos. Zoilo Perea, ex arquero de la Selección Colombia Sub-19, hoy arquero de Independiente Chocó, pierde el duelo con el goleador Hurtado, que ya aumentó a 12 sus anotaciones en la tabla. Ambos equipos ofrecen un primer tiempo de buen fútbol y, aunque Buenaventura está en ventaja 2-1, se hace difícil pronosticar un ganador.

Los espectadores del partido que juegan en la cancha principal, el Chicó F.C. contra Itagüí, donde tapa René Higuita, se interesan más en el clásico del litoral pacífico y buscan la mejor ubicación para no perderse la final de la Copa Afro Colombia.

Un segundo tiempo con expulsados, penaltis y cuatro anotaciones más para Buenaventura lo coronan campeón. Sin embargo eso no es razón para que el derrotado Independiente y los de Puerto Tejada y los de Tumaco y los de la Costa Atlántica y los de Ortega, Tolima, y todos los que este año participaron en el torneo, se unan a la fiesta que irá hasta la madrugada.

El DJ de El tercer Tiempo ha cambiado la salsa por champeta y chirimías. Todas las colonias bailan unidas en un mismo abrazo al sonar de las tamboras. Betsabé, Toño y Benito ofrecen lo poco que les queda en pasteles y cocadas. Ellos, al igual que los empresarios ambulantes, saben que durante el receso del torneo el rebusque será su compañero pero que esta vez le ganaron la partida a una ciudad que solo comienzan a conquistar.

Al anochecer el barrio Olaya recupera su aspecto frío y desolado. Algunos empresarios les piden los teléfonos a los jugadores, que esperarán ansiosos alguna propuesta. La gran hinchada se pierde entre las angostas calles y a lo lejos se oye el eco de las tamboras, que sólo en septiembre volverán a sonar.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.