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| 7/7/2006 12:00:00 AM

Un cruel consuelo

Alemania y Portugal juegan por el honor un partido que ofrece dos miradas diametralmente opuestas. Para Portugal jugar este partido es todo un logro. Para Alemania, el triste final de un torneo que organizaron para ganarlo.

Ser tercero en una Copa del Mundo es un logro que permite muchas miradas. Puede ser motivo de alegría suprema. Suecia, en 1994, Croacia, en 1998 y Turquía, en 2002, lo consideraron una hazaña irrepetible.
Pero una cosa es colarse en el grupo de los llamados a ganar y otra muy distinta ser una potencia histórica que juega el Mundial en casa. Eso le sucedió a Italia en 1990 y ahora lo vive Alemania. Destinados a jugar una 'final natural' con Brasil, los pupilos de Jürgen Klinsmann deben consolarse con ir a Stuttgart para enfrentar al difícil equipo portugués.
Terceros, cuartos... de todas maneras Alemania debe ganar o ganar porque se juega su honor, así el premio sea una magra medalla de bronce. En cambio, para Portugal sería todo un suceso repetir su logro en el mundial de 1966, donde fueron terceros después de superar a la URSS.
Un partido que a cada rato los hinchas piden suprimir porque, alegan, no sirve para nada. Sin embargo, ¿qué no darían naciones de gran tradición como Paraguay o la mismísima España por salir alguna vez terceros en una Copa del Mundo?
Así que a disfrutar mañana de un partido relajado, melancólico, pero que suele terminar con bastantes goles.
 
 
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