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| 11/24/2003 12:00:00 AM

Un triste final

La salida de Maturana de la selección complació a la mayoría. Pero hay problemas que no se solucionan con esta decisión.

¿Era Maturana realmente el problema principal de la Selección Colombia de fútbol? Aunque ya no vale la pena hablar de lo que fue o pudo ser, queda una sensación extraña después del pasado miércoles

cuando Colombia jugó de igual a igual ante Argentina, muy cerca del triunfo no sólo por las opciones de gol que tuvo sino también porque nadie contaba con un error como el que cometió el arquero Oscar Córdoba. La sensación, incluso, para los que atacaron al estratega chocoano es que "sí se podía" y aunque se dio lo que la gran mayoría esperaba -la salida de Maturana- quedó en el aire una pregunta que pocos responden convincentemente: ¿esa era la solución?

No hay discusión que los resultados lo condenan: desde la Copa de Oro y la Copa Confederaciones hasta estos primeros cuatro juegos de las eliminatorias, con excepción del partido ante Argentina. De los cuestionados microciclos, también quedó muy poco. ¿Se atascó Maturana en el tiempo con sus planteamientos tácticos?, ¿en qué pecó Maturana? Ya no se le puede acusar de "rosquero", ni de "que en la selección sólo hay paisas", ni que "sólo jugamos al toque-toque", o que "el equipo sólo juega un fútbol horizontal y que necesita 15 pases para llegar al área contraria". También es irrelevante culparlo por incluir a Harold Lozano, por no llamar a Andrés Pérez, por insistir en Giovanni Hernández, pues como siempre ocurrirá en cualquier selección del mundo (basta ver a Bielsa en Argentina), nadie estará de acuerdo ciento por ciento con un entrenador. ¿Cuál es el error? ¿Es un técnico desactualizado y su estilo de juego es cosa del pasado?

Tras el pitazo final del partido entre Colombia y Argentina ya se habla del ocaso de una era en la historia del fútbol colombiano. Una visión muy simplista, sin duda, pues una cosa era el fútbol colombiano cuando Francisco Maturana asumió por primera vez la dirección de un seleccionado colombiano en 1987, otra en 1993 cuando estuvo en la antesala de la élite, escenario muy diferente al panorama actual.

A finales de los 80, cuando Maturana inició su ciclo al frente de la selección, los mejores futbolistas de Colombia jugaban en el país. Una muy buena presentación suya en el preolímpico y en la Copa América que se celebraron en 1987 le abrió las puertas al proceso más importante de la historia del fútbol colombiano. En aquellos tiempos, cuando no se hablaba del "Boca de los colombianos", del "Inter de Iván Ramiro" o del "River de Yepes y Angel", Maturana pudo hacerles un seguimiento muy detallado a los jugadores. Además, mientras dirigía la selección, también estuvo al frente de Atlético Nacional, en el cual logró armar una columna vertebral (Higuita, Perea, luego Andrés Escobar, Leonel Alvarez, 'Chonto' Herrera, entre otros) que en su momento se llamó "la rosca paisa" con la que trabajaba casi a diario y con la que podía experimentar infinidad de variantes. Un grupo de jugadores excepcional (Valderrama, Leonel Alvarez, Andrés Escobar, entre otros) que no es fácil reemplazar de la noche a la mañana. O que lo digan los húngaros, que desde 1966 no han podido volver a brillar en los mundiales de fútbol ni en la escena europea.

En pocos años Maturana construyó un equipo muy estructurado que brilló con luz propia en el Mundial de Italia 90, a pesar de que ya en aquel entonces se le criticaba a Colombia su poca agresividad ofensiva, la cual mejoraría con la aparición, a comienzos de los 90, de Faustino Asprilla y Adolfo el 'Tren' Valencia. Entonces fue el apogeo, la eliminatoria al Mundial de Estados Unidos, el 5-0 a Argentina en Buenos Aires, Colombia por primera y única vez en su historia aspirante a ganar un mundial.

Tras el fracaso en el Mundial de Estados Unidos se esperaba una renovación en el fútbol colombiano. Sin embargo la cuerda todavía les alcanzaba a jugadores como Asprilla, el 'Pibe' Valderrama y Freddy Rincón, y con ellos el 'Bolillo' Gómez, sucesor de Maturana, logró una decorosa actuación en las Copa América de 1995 y 1997 y clasificar con algo de angustia al Mundial de Francia 98.

Hoy las cosas son a otro precio. Los técnicos tienen que armar la estructura de sus equipos con elementos que actúan en el exterior y deben adaptarse a las cada vez más complicadas restricciones que imponen los clubes para prestar jugadores. Hace 10 años la eliminatoria era un torneo corto que duraba, a lo sumo, mes y medio y enfrentaba a Colombia con dos, máximo cuatro equipos, de los cuales si acaso uno era una gran potencia. Hoy en día es un proceso que se dilata durante varios años y en el que es obligatorio enfrentar a Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay...

Los jugadores, a su vez, tienen que 'cambiar de casete' cada vez que se ponen la camiseta de Colombia, pues en la selección se les pide que jueguen de una manera que raras veces coincide con el estilo de juego de sus clubes. Así, un delantero neto como Juan Pablo Angel que semana a semana juega en el dinámico y veloz pero torpe fútbol inglés, tiene pocos días para compenetrarse con sus compañeros de selección que vienen también de jugar a otra cosa.

Resta esperar a que la cuestionada Federación Colombiana de Fútbol elija el nuevo timonel del equipo pero, para el que venga, seguramente será igual de difícil estructurar una selección cuando sólo dispone de sus jugadores cuatro días antes de un partido. Lo cierto es que nadie dividirá tanto a los colombianos como Francisco Maturana.
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