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| 7/4/2015 6:00:00 PM

Una Copa intensa, pero sin brillo

Chile se coronó campeón de una Copa América que tuvo más expectativas que realidades. Las figuras brillaron por su ausencia y las polémicas arbitrales tuvieron más relevancia que el fútbol.

Días antes de comenzar la Copa América de Chile la prensa especializada la calificó como “la reunión de las estrellas”. No era para menos. En el torneo continental se daban cita las superestrellas que deslumbran al fútbol mundial semana a semana en Europa. Con el correr de los partidos las ilusiones se fueron diluyendo como la resistencia física de los jugadores.

Tener a Lionel Messi, Neymar, James Rodríguez, Arturo Vidal o Alexis Sánchez era promesa de buen fútbol. Son los mejores jugadores del mundo, en las selecciones más competitivas del planeta, pero la Copa de las estrellas no colmó las expectativas de los aficionados. Apenas un puñado de partidos se salieron del molde y quedaron en la retina de los hinchas. “En la cancha poco se pudo rescatar”, espetó un periodista argentino tras conocerse al campeón.

Todos los encuentros tuvieron un denominador común: la intensidad. Cada selección vendió caras sus derrotas. Es cierto lo que planteó BBC Mundo recientemente, ganar un campeonato en Suramérica es lo más difícil de hacer en el mundo del fútbol. “Acá se juega a otra cosa”, expresó Javier Mascherano después del partido entre Argentina y Paraguay. No le falta razón. En este continente cada balón se lucha a muerte, las figuras se ven reducidas y aquellos que mayor fuerza mental y física muestren terminan por imponerse.

Pero jugar con intensidad no es sinónimo de jugar bien. En promedio, cada partido tuvo una media de 20 faltas por equipo, en los torneos por equipos la cifra apenas llega a las 15. Esto demuestra que se pegó más de lo que se jugó; muestra además que los equipos se armaron para no perder por lo que las propuestas casi siempre eran defensivas, salvo por los equipos que llegaron a la final que sin importar el rival atacaron con sus formas.

Basta con revisar el rendimiento de las superestrellas que tanta expectativa generaron. Apenas Lionel Messi pudo aparecer en todo su dimensión en el partido semifinal ante Paraguay: antes apenas tuvo unos chispazos contra rivales que lo presionaron, lo golpearon y llegaron hasta a desesperarlo, como ocurrió contra Colombia en la fase de cuartos de final.

La suerte de figuras como Neymar y Edinson Cavani estuvo marcada por el pésimo rendimiento arbitral que fue otra constante del torneo. El brasileño sucumbió ante la presión de la defensa colombiana y retrató todo se frustración apenas terminó el partido con actos de indisciplina que lo sacaron del torneo. La historia de Cavani fue la polémica del certamen. Cayo en los dedos del chileno Jara, respondió y salió expulsado. No fue mucho lo que pudo mostrar.

Cansancio, la respuesta


Pero el rendimiento de los equipos tiene una explicación o al menos un atenuante que merece ser analizado. Los jugadores más destacados de las selecciones han jugado por lo menos 40 partidos durante la temporada (que se cuenta de junio a junio). Los protagonistas de élite como Lionel Messi, Alexis Sánchez, Neymar o Dani Alves tienen en sus espaldas más de 60 partidos. Messi, por ejemplo estuvo presente en 69 juegos, una barbaridad.

El diario deportivo Olé, de Argentina, señaló que los futbolistas del plantel argentino sumaron 708 partidos en sus clubes durante la temporada 2014/2015. Ningún equipo de esta Copa iguala esa cifra. "No somos máquinas. Es normal que la cuestión física y mental pueda incidir en muchos jugadores”, dijo el lateral Pablo Zabaleta en entrevista con el canal ESPN.

Y es que ha sido una constante ver que los equipos tienen un rendimiento aceptable en los primeros tiempos para luego deambular en la cancha en las segundas mitades. “La intensidad baja, más cuando el resultado no favorece”, aseguró el técnico de la Selección Colombia José Pékerman, en una rueda de prensa.

Hay que aceptar que la Copa América se convirtió en un torneo intenso, que presenta partidos disputados, interesantes, pero no memorables. Las selecciones del continente americano venden caras las derrotas por el orgullo que siempre han tenido, pero es claro que ni los mejores jugadores del mundo pudieron superar al cansancio.
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