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| 11/7/1994 12:00:00 AM

UNA GOLODRINA HACE EL VERANO

La extravagancia y el espectáculo de André Agassi, recupera aquellos aficionados al tenis que se habían aburrido de la frialdad de los tenistas modernos.


QUIZAS MUY pocos se acuerdan de quién ganó el abierto de tenis de Estados Unidos hace un par de años, pero lo más seguro es que a muy pocos aficionados de este deporte se les olvidará que el irreverente mechudo, André Agassi, ganó este torneo en 1994. Inclusive, todos recordarán el apasionado beso que se dio el tenista con su novia, la famosa actriz Brooke Shields, cuando se coronó campeón.

Y es que el tenista estadounidense entendió que para llevar espectadores a los circuitos y para tener mayor recordación, más que jugar lindo lo que hay que hacer es montar todo un show alrededor de este deporte. Con ese fin se compró en 1992 el Jet Star que usaba el equipo Los Angeles Kings de hockey sobre hielo, por 2,5 millones de dólares. Simplemente, para viajar más tranquilo y en compañía de Barbra Streisand, la veterana actriz de 51 años con la que mantuvo una estrecha y 'peligrosa' relación durante todo ese año.

El mismo lo reconoció en una entrevista que sostuvo con la revista argentina El Gráfico hace tres semanas. "Encontrarme al lado de ella era sensacional. Siempre gente invitando, reuniones, cocteles, sexo y diversión... No me arrepiento de ese año casi loco que me costó bajar al número 32 del mundo del tenis, pero que por otra parte me hizo conocer muchas realidades de la vida".
En esa vida desordenada, Agassi se enamoró después de Brooke Shields. Todo el mundo pensó que si el tenista estaba en descenso, con su nuevo amor dejaría el tenis en muy pocos meses. Pero para sorpresa de muchos, fue la propia Shields la que ordenó la vida de Agassi. Esa es la verdad. Además de la compañía de su novia, el tenista logró con Brad Gilbert y con su amigo Jhon McEnroe, complementar un equipo que está de acuerdo con su personalidad. "Aquí no hay presiones -dice Agassi-, todo es divertido y distensionado".

Es precisamente por eso que ahora el mundo del tenis ve en André Agassi a ese jugador que puede sacarlo de la crisis en la que está. Los apasionados besos con su novia después de cada triunfo, los gritos en la cancha, su imagen de playboy, lujuria y rock and roll, y sus excéntricas vestimentas atrapan más espectadores que el calculador y frío juego de Pete Sampras y Michael Stich.



TODO POR EL ORO

A TAL punto ha llegado la obsesión de los chinos por sobresalir en los deportes, que sus técnicas de entrenamiento para los deportistas principiantes están rayando en lo infrahumano. Esta fotografía tomada del Eyewitness, muestra a una pequeña gimnasta, de solo ocho años, durante una rutina de estiramiento que lleva la elasticidad humana a sus últimos límites. La preparación se desarrolla en internados, que obligan a los deportistas a estar de pie a las 5:30 de la mañana. Las agotadoras jornadas terminan a las nueve de la noche, cuando se apagan todas las luces. La filosofía de este duro trabajo es lograr la gloria del joven deportista a través de la dedicación y el dolor.
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