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| 7/8/2006 12:00:00 AM

¿Y los goles qué?

Los partidos sin goles aburren al público en general. Y más los que tienen muy pocas llegadas claras. ¿Se hacen necesarios cambios para que el espectáculo no naufrague en medio de tantas tácticas y del miedo a perder?

En esta Copa del Mundo goles y golazos se vieron a mares en la primera fase. Pero desde cuando el argentino Maxi Rodríguez le anotó ese tanto de ensueño a México en octavos de final, los partidos se han comenzado a resolver con muy pocas anotaciones y como resultado de jugadas con pelota parada.

Portugal e Inglaterra decidieron un cupo a semifinales luego de 120 minutos de fútbol sin goles y con muy pocas llegadas claras. En el mejor partido del torneo, Brasil perdió ante Francia gracias a un gol de Henry, producto de un error de la defensa brasileña.

Argentina y Alemania empataron a un gol en 120 minutos, y ambas jugadas fueron de cabeza y como resultado directo de un tiro de esquina y un saque de banda. Esta ha sido la tónica. Italia, ante Ucrania y ya en semifinales contra Alemania, ha sido la excepción al marcar goles que fueron el resultado de jugadas hilvanadas.

Sólo los que conocen los detalles y la complejidad del juego le sacan partido a algo tan poco emocionante como el segundo tiempo entre Italia y Alemania. Partidos largos, con pasajes aburridos para los espectadores y los televidentes, aunque también es cierto que cada vez son más los hinchas que tratan de entender el juego más allá de las simples emociones y que aprenden a apreciar el trabajo poco vistoso de un buen medio campo y una efectiva defensa. Una admiración más analítica que no se basa en la emoción y la incertidumbre que provocan los partidos de ida y vuelta con opciones de gol en ambas porterías.

Es evidente que conocedores y legos, que son los que en últimas sostiene un espectáculo de la magnitud de la Copa del Mundo, quieren ver goles. Y ciertos cambios en el reglamento podrían ayudar en gran forma a desbaratar las tácticas destructivas. Se habla de ampliar el tamaño de las porterías, de que sólo jueguen 10 jugadores por equipo. O que la ley del fuera de juego sólo se configure en los últimos metros de la cancha, lo que abriría el campo y les daría más espacio a los atacantes.

Pero no todo es culpa del reglamento, de las tácticas cada vez más complejas y efectivas y del miedo a perder de los técnicos, que hace que desde hace 25 años para acá el mediocampo se volviera cada vez más determinante. También tienen mucho que ver los árbitros, que por lo general se preocupan más en castigar las faltas de los atacantes y toleran las de los defensores. Se supone que en caso de duda, en un fuera de lugar se debería dar privilegio al atacante, pero la norma suele ser al revés.

Una reflexión final: ¿es preferible ver una cantidad de goles flojos, o menos anotaciones pero que sean el resultado de una gran jugada? Por sólo poner un ejemplo. ¿Es preferible ver un gol como el de Joe Cole a Suecia, o los tres que le hizo Brasil a Checoslovaquia en la final de 1962, todos consecuencia directa de los errores groseros del arquero Schroihof? Cuando uno repasa los goles del Mundial de México 70 se encuentra a cada rato con las pifias del brasileño Félix, del peruano Rubiños, goles que parecen sacados de un partido de potrero y no del "más espectacular Mundial de la historia".

De todas maneras, como dice el dicho, goles son amores y en el fútbol de alta competencia se han vuelto un bien muy escaso. Y esto exaspera tanto a los hinchas del común como a los que disfrutan de un partido táctico sin opciones de gol, así no lo reconozcan públicamente.
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