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| 2/23/2009 12:00:00 AM

Corrida de frustración y pena

El encierro de Juan Bernardo Caicedo echó al traste la última corrida de la temporada por su mansedumbre. El Juli y Luis Bolívar cortaron una oreja a cada uno de sus ejemplares ante un lleno completo.

El domingo todo estaba servido para una tarde espectacular: un clima primaveral, expectativa entre los aficionados –personalidades de la política, empresarios, farándula y periodismo– que llenaron los tendidos de la Santamaría, un cartel de lujo, y una de las mejores ganaderías del país. Pero qué pena. Todo se vino al suelo porque la materia prima, los toros, base indiscutible de la fiesta, se rajaron después del tercio de varas y se refugiaron en las tablas. Y para completar varios de ellos con peligro, desarrollando sentido.

El Juli
Como cosa particular los dos toros que le correspondieron en suerte luego del sorteo, tuvieron que ser cambiados, porque se lesionaron al salir al ruedo. Valiente, de 491 kilos fue devuelto a los chiqueros y Sevillano, de 508 kilos, fue apuntillado en el ruedo. Es decir los dos toros de reserva fueron los que tuvo que lidiar el buen diestro español. Pues a base de poder y de ganas le instrumentó tandas de derechazos muy templados y con mando. No obstante, después de cada pase el toro protestaba e impedía la ligazón de la faena. Entonces, El Juli, con mucha voluntad y arrojo se pegó una arrimada de padre y señor mío, sacando pases donde no los había. Al final dejó una estocada trasera que remató con un descabello por lo que fue premiado con una oreja. A su segundo ejemplar, un toro que se paró desde el principio no le permitió el lucimiento por lo que lo mató después de estocada entera y descabello. Al finalizar el festejo, fue despedido con palmas cariñosas por parte del respetable que lo tiene como uno de sus consentidos.

Luis Bolívar
El diestro colombiano está pasando por uno de sus mejores momentos y ahora que parte a España a la temporada en ese país, con seguridad dará mucho de qué hablar, pues se encuentra muy bien puesto, con sitio, poder y voluntad. Y eso fue lo que mostró el domingo en la plaza capitalina. Una voluntad a toda prueba. De su primer ejemplar es poco lo que hay que reseñar. Y del segundo, que se refugió en la querencia de los chiqueros y que no quería saber nada de nada, lo lidió en ese terreno, arrancándole cada uno de los pases y sobre todo exponiéndose a una cogida. Prácticamente metido entre las tablas consiguió una faena porfiada, valerosa y con una voluntad a raudales. Y ahí mismo le dejó una estocada un tanto desprendida, pero de mucho mérito, que hizo rodar al toro. Los aficionados, que entendieron el tesón y las ganas del colombiano, pidieron la oreja, que fue concedida por la presidencia.

Cayetano Rivera
Mucha expectativa había despertado este diestro, que lleva sangre de torero por donde se le mire. Hijo de torero, nieto de torero, bisnieto de torero. Y por supuesto, con una campaña en ruedos ibéricos, que hacían presagiar cosas grandes. Pero, qué pena, apenas unos ‘pellizcos’ del arte que lleva dentro, pues sus dos toros, igual que el resto del encierro, no le dejaron mostrar sus cualidades. En el que confirmó alternativa, tres derechazos largos, artistas y con quietud y precisamente por eso, el toro le hizo un extraño y lo cogió, por fortuna sin nada que lamentar. Lo mató de estocada entera. Y a su segundo, de nombre Colombiano y de 473 kilos, del que quedaba esa puntica de esperanza que permitiera ver algo de su repertorio, lastimosamente también se rajó, buscó las tablas y todo quedó ahí. Sin embargo, la afición bogotana, que es tan sensible y conocedora, lo despidió con una clamorosa ovación. Es decir, quedaron las puertas abiertas para una próxima oportunidad.

El encierro
El ganadero Juan Bernardo Caicedo debe estar por estos días pasando un trago amargo. Pero si miramos la realidad de las cosas, lo sucedido el domingo tampoco es como para echarse a la pena. Y por una razón sencilla: en esta temporada sus toros triunfaron en Cali, donde fueron indultados dos de sus ejemplares y uno en la pasada feria de Manizales. Así las cosas, uno no puede pasar de ser el mejor ganadero del país a ser el más malo, por el solo hecho de que no hayan funcionado algunos de ellos. Sabemos de la perseverancia y la afición del ganadero Juan Bernardo Caicedo y a pesar de esas frases destempladas y salidas de tono que se escucharon el domingo, y que por supuesto no vamos a repetir, hay que salir adelante y seguir ocupando el puesto que se merece, una persona que aparte de ser un excelente ganadero y aficionado es un señor de la cabeza a los pies.
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