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| 1/27/1986 12:00:00 AM

1985: REGULAR GRACIAS

Es una descripción que a Steven Spielberg, el mago de Hollywood, nunca se le hubiera ocurrido, pero según un analista, a la economía colombiana le fue en 1985 como a Indiana Jones en sus películas: "Estuvimos varias veces en las garras de la muerte y al final acabamos magullados, pero vivos". Y es que pese a lo pintoresco de la comparación, pocas expresiones pueden reflejar de manera tan concisa lo sucedido en los doce meses que acaban de pasar. Al cabo de uno de los años más duros en la memoria reciente de los colombianos, los especialistas sostienen que, con todo y las heridas recibidas, la economía nacional está de nuevo en la senda correcta y que en los años por venir se podrán olvidar los sinsabores de los últimos meses.
Aunque en opinión de los observadores, el saldo de 1985 fue menos malo que lo inicialmente previsto, esas palabras escasamente sirven de consuelo para los miles de colombianos que sufrieron las consecuencias del programa de ajuste "concertado" entre la administración Betancur y el Fondo Monetario Internacional. El alza sin precedentes en la tasa de desempleo, la caída abrupta en el poder adquisitivo de los salarios y un clima de recesión económica generalizada, se constituyeron en los tres grandes lunares que hicieron que los anuncios sobre la política social del gobierno, parecieran más una consigna demagógica que el fruto de una estrategia definida de desarrollo.
Sin embargo, a modo de consuelo, es justo reconocer que a pesar del fuerte ajuste, no se cumplieron las tenebrosas predicciones de un comienzo. A principios del año, aun los más optimistas hablaban de que la tasa de crecimiento de la economía no pasaría del 2% y que la tasa de desempleo superaría con facilidad el nivel del 20%. Hoy en día, aun los críticos del gobierno reconocen que el crecimiento de la economía será, como mínimo, de un 2.8% y que el nivel de desocupación no llegará en un futuro cercano al 15%.
Más aún, se acepta a todos los niveles que el ajuste ha sido exitoso. Las metas de desempeño acordadas con el FMI se han cumplido con creces y Colombia se ha convertido en el país modelo del Tercer Mundo a los ojos de los países industrializados y de la comunidad financiera internacional. La propuesta del secretario del Tesoro norteamericano, James Baker, expuesta recientemente en Corea y orientada a buscar una solución a la deuda externa del Tercer Mundo, se basó en la experiencia colombiana. Tal como anotara Robert Callander del Chemical Bank, en la ceremonia de firma del contrato de préstamo por mil millones de dólares, que le concedieran los bancos privados internacionales al país, el pasado 17 de diciembre: "En mi opinión, los componentes de este crédito representan la verdadera esencia del plan Baker y muestran lo que la buena fe, el buen desempeño y la cooperación pueden hacer".
Pero aparte de las palabras de aliento en el extranjero, los expertos señalan que lo más importante de 1985 es que ya se acabó y da paso a 1986, época en la cual se pueden enterrar los problemas del pasado. Los estimativos del gobierno para el próximo año indican que la economía puede crecer a un ritmo superior al 4.5%, con excelentes perspectivas en los frentes externo y fiscal, y teniendo las condiciones básicas para atacar a fondo el desempleo y lograr la recuperación del aparato productivo. No obstante, un panorama tan rosado no debe dejar olvidar las angustias del año que pasó, entre cuyos hechos hay que destacar los siguientes:
1. El ajuste con Fondo
Uno de los resultados indudables de 1985 es el de haber puesto en la categoría de palabras antipáticas a un término más propio de la mecánica que de la economía. En efecto, tan pronto se vio que el gobierno tenia toda la intención de adoptar una serie de medidas para evitar un mayor deterioro de la situación, el verbo ajustar fue acuñado por los especialistas. En opinión de éstos, Colombia venía mostrando serios desequilibrios en la evolución de las finanzas públicas y en el comportamiento del sector externo, hechos que ameritaban una serie de fuertes correctivos.
Dicho y hecho, a comienzos de 1985 se empezaron a apretar los tornillos. En el frente fiscal, se logró que el Congreso aprobara dos proyectos de ley que aumentaron sustancialmente los recaudos del Estado. Al mismo tiempo se implantó una política de austeridad en el gasto público, al limitar el incremento salarial de los empleados públicos a un 10% ponderado y al recortar sustancialmente los planes de inversión pública en una serie de proyectos de desarrollo. Como resultado, el déficit del sector público consolidado pasó de ser un 7.6% del Producto Interno en 1984 a 4.9% en 1985.
En el área externa se decidió eleval apresuradamente el ritmo de devaluación, con el fin de devolverle a las exportaciones colombianas la competitividad perdida en los mercados internacionales. A finales del primer trimestre, la devaluación gota a gota pasó a ser a chorro y ya para septiembre se habían alcanzado las metas originales. La tasa de devaluación superó el 50% y el dólar que había comenzado el año a $113.89 acabó a $172.20. Esa estrategia, permitió que el déficit en cuenta corriente (exportaciones e importaciones de bienes y servicios, más transferencias) pasara de 2 mil 800 millones de dólares en 1982 y 1983 a 1.300 millones de dólares en 1985.
La implantación de tales medidas levantó una serie de ampollas entre la opinión pública. Aparte de ser dolorosas en sí, los criticos del gobierno se levantaron airados porque existía una sospechosa coincidencia entre las políticas tomadas y el diagnóstico proferido por entidades como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La supuesta pérdida de la soberanía nacional en el manejo económico produjo fuertes debates en el Congreso, el cual, con todo y protestas, acabó aprobando los proyectos de ley presentados por el gobierno.
Una vez pasado el escándalo inicial, el humo comenzó a disiparse. En realidad, el gobierno colombiano necesitaba que la banca comercial extranjera le prestara dinero para una serie de proyectos de desarrollo. Pese a la buena trayectoria del país en materia de crédito, la banca, todavía nerviosa por los episodios de la crisis de la deuda, exigió como condición indispensable que Colombia firmara una carta de intención con el FMI, el cual quedaría como garante de la capacidad de pago del país.
La propuesta fue rechazada por el equipo económico debido a una serie de consideraciones de orden práctico y político. Como contrapropuesta, se le dijo a los bancos que para que estuvieran tranquilos, el país aceptaría que el Fondo Monetario revisara periódicamente el desempeño de la economía en ciertas áreas específicas, condicionando los desembolsos de los créditos a los resultados.
La iniciativa contó con el rechazo inicial tanto del Fondo como de los bancos, pero el viaje del presidente Betancur a Washington a finales de marzo produjo una serie de presiones políticas que obligaron al directorio del Fondo a aceptar a regañadientes la fórmula colombiana. El logro del país no fue nada despreciable: por primera vez en 40 años el FMI se salió de sus rígidos esquemas para intentar una nueva fórmula con un país subdesarrollado.
Una vez recibida la bendición informal del Fondo, se procedió a buscar el apoyo de más de 250 bancos internacionales que, a última hora, confirmaron su voluntad de prestarle a Colombia. A cambio, el FMI empezó su monitoría trimestral de la economía, siguiendo los parámetros del programa de ajuste que se discutió durante largas jornadas entre los técnicos colombianos y los del Fondo. Al evaluar los resultados de junio y septiembre el organismo reconoció que Colombia se había "Sobrado" en el cumplimiento de las metas, con lo cual los bancos internacionales prestaron el dinero, el cual llegará al país a lo largo de 1986. La situación ahora es tal, que hace pocos días un funcionario de la administración sostuvo en privado que "tanto el ajuste como el Fondo serán historia patria en los próximos meses".
2. El desempleo
El final feliz de la historia anterior, probablemente podría formar parte de los cuentos de hadas si el ajuste no hubiera convertido al príncipe del empleo, en sapo. En respuesta a los pronósticos, la tasa de desempleo en Colombia bordeó la marca del 15% (14.7% en julio pasado), la cifra más alta en la historia del país. Según las cifras oficiales, casi 500 mil personas se encuentran sin trabajo en las cuatro ciudades más grandes de Colombia.
Pero como si lo anterior fuera poco, la calidad de vida de los que permanecieron empleados empeoró sustancialmente. Más de la mitad de personas con trabajo están adscritas al "sector informal" de la economía, el cual se caracteriza por sus bajos salarios y la falta casi absoluta de prestaciones legales y extralegales. Semejante circunstancia, unida a un aumento inesperado en la inflación, condujo a que el poder adquisitivo de los colombianos disminuyera sustancialmente. Estimativos independientes consideran que en 1985 los salarios reales cayeron en un 14%.
Con otras prioridades en materia económica, la administración descuidó en forma casi total el tema del empleo. Se anunciaron una serie de estrategias de corto plazo que tuvieron más de publicitarias que de ciertas y se conformó la misión Chenery o Misión de Empleo, la cual entregará sus recomendaciones de largo plazo a mediados de 1986.
Pese a tal apatía, se considera que para el próximo año están dadas las condiciones para que se creen más puestos de trabajo y, por primera vez en mucho tiempo, el problema del desempleo ha sido incluido en la agenda que trata las prioridades en materia económica para el nuevo año. Aunque según el Dane, la tasa de desocupación cayó hasta el 13.1%, en diciembre se anticipa que, no obstante, pasará mucho tiempo antes de que se vuelva a una tasa de desempleo del 7%, como la observada en 1981.

3. La crisis financiera
Tres años y medio después de que estallaran los escándalos que condujeron a la intervención de una serie de entidades, el sector financiero colombiano sigue de capa caída. Aparte de problemas de vieja data, en 1985 se dispararon las deudas de dudoso recaudo, llevando a la quiebra técnica a un buen número de instituciones.
La situación llegó a tal extremo, que el gobierno reconoció que todas las estrategias intentadas habían sido exitosas sólo en parte e infructuosas para resolver el problema de fondo de las entidades en dificultades. En el caso concreto de algunos bancos --sector donde se ubican los interrogantes más grandes-- hubo de acudirse a capitalizaciones por parte de extranjeros e inyecciones de fondos para mantenerlos a flote.
Buena parte de esas angustias deberían estar en vías de solución con la creación del Fondo de Garantías del sector, el cual empezó a ser conformado la semana pasada. En opinión de los especialistas, el Fondo cuenta con los mecanismos necesarios Dara solucionar los problemas que existen en una decena de instituciones y debe empezar cuanto antes a hacerlo. Al igual que con el empleo, existe en el gobierno la voluntad de dedicarle más tiempo al sector financiero, una vez que han sido superadas las angustias en los frentes externo y fiscal. Los documentos de trabajo del equipo económico indican que existe voluntad para rebajar el nivel de las tasas de interés, pero que para hacer esto es indispensable tener un sistema financiero en franca recuperación.
4. El sector externo
De todas las áreas donde se ha tratado de conseguir una mejoría, es indudable que el sector externo es el que presenta los más llamativos resultados. Después de que en 1982 las importaciones superaran en 2 mil 076 millones de dólares a las exportaciones, en 1985 éstas últimas serán superiores a las primeras en 100 millones de dólares y para 1986 se calcula que el superávit podría superar con facilidad los mil millones de dólares.
Semejantes alcances se han obtenido con mucho esfuerzo. Por el lado de las importaciones todavía existe una serie de rígidos controles que impiden que un presupuesto medido con cuentagotas se vaya a desbordar. Pese a que se ha venido presentando una flexibilización paulatina, pasará mucho tiempo para que se pueda pensar en una liberación total de importaciones. Con todo, pese a las trabas existentes, aun los más escépticos reconocen que el Incomex ha sido especialmente eficaz al administrar el presupuesto de importaciones y ha corregido los problemas de falta de abastecimiento que se presentaron en un principio. Para el próximo año se planea una mayor flexibilidad, pero tal como afirmara recientemente un miembro del equipo económico "nosostros no vamos a soltar la manija del control a las importaciones".
A su vez, las exportaciones continuaron creciendo por segundo año consecutivo. Las metas de devaluación del peso se lograron y se estima que durante lo que queda de la década, las ventas de productos no tradicionales al exterior van a aumentar a un ritmo creciente.
Sin embargo, el verdadero regalo que recibió la economía al final del año fue el del alza en los precios inter nacionales del café. Aunque si no es bien manejada, la presencia de la bonanza puede crear más problemas que beneficios debido a sus repercusiones internas, se cree que va a permitir una acumulación de reservas que le proporcionará al país una posición más holgada en un futuro.
Curiosamente, la confirmación de la bonanza se produjo la misma semana en que otro producto de exportación, el petróleo, entraba en barrena en los mercados internacionales. Después de haber estado en 29 dólares por barril, el crudo cayó hasta 24 dólares con tendencia a la baja. Como consecuencia, Colombia va a dejar de ganar mucho dinero, especialmente si lo precios se mantienen y se cumplen los planes de exportación de 250 mil barriles diarios de petróleo para 1986.
5. Producción y precios
En otras áreas también hubo algo de suerte. Al cabo de un prudente compás de espera sobre el desempeño de la economía, los especialistas se sorprendieron cuando su supo que, a pesar del ajuste, el crecimiento de ésta podría llegar a igualar el 3% obtenido en 1984. Semejante cifra parece inexplicable a la luz de las políticas de cinturón apretado de los últimos meses y, en realidad, son pocas las razones contundentes que puedan justificar el crecimiento del país.
En opinión de algunos expertos consultados hay varias razones para que el sector productivo y especialmente la industria (cuya tasa de crecimiento debe superar el 4.5%), hayan tenido un buen resultado. Al parecer todavía se están sintiendo los efectos de la sustitución de importaciones que ha obligado a un mayor consumo de productos nacionales. Así mismo hay que destacar que, pese a los limitantes, la inversión pública en 1985 creció en términos reales con respecto a la del año pasado y ello puede haber contribuido al aumento en la producción. Finalmente, existe la hipótesis que afirma que la economía subterránea ha tenido mucho que ver en mantener la salud del sistema. La existencia aparente de una minibonanza en el mercado de estupefacientes y los controles a las cuentas en dólares en el exterior, podrían haber influido para que hayan regresado al país parte de los capitales que algún día se fueron. Como justificación, quienes creen en la idea citan el hecho de que el dólar negro ha caído repetidas veces por debajo del cambio oficial, tal como sucedió era la década pasada.
Por su parte, el temor a la inflación se convirtió en el susto más grande de 1985. Debido a una serie de factores climáticos, los precios de los alimentos se dispararon durante el primer semestre y la tasa de inflación anual llegó a más de un 28% en junio. Afortunadamente, el abastecimiento de productos se normalizó en el segundo semestre y se calcula que la variación de los precios en 1985 será de un 22.1%, cifra mayor que la del año pasado, pero considerada como manejable. Con todo, es en esta área donde se colocan los interrogantes para 1986. La posibilidad de una expansión en el sector externo y la presencia de factores de otra índole, hacen temer que, si no se toman los controles apropiados, la inflación se dispare el próximo año y dé al traste con las esperanzas de aquellos que, habiendo aguantado el peso del ajuste, desean llegar hasta el final del túnel.
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