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| 11/4/1996 12:00:00 AM

¡A VOLAR!

EL CRECIMIENTO DE LOS PRECIOS EN LO CORRIDO DEL AÑO HA EVIDENCIADO LAS LIMITACIONES DEL MANEJO MONETARIO DE LA INFLACION.

El anuncio de la cifra de inflación la semana pasada dio lugar a un ritual que ya es familiar para los colombianos. Tras conocer que los precios crecieron 1,2 por ciento en el mes de septiembre y que la inflación acumulada en lo corrido del año llegó a 18,4 por ciento, los gremios de la producción sentaron su voz de protesta contra las autoridades económicas por su incapacidad para controlar el costo de vida. Lo curioso es que estas declaraciones casi siempre estuvieron acompañadas de quejas sobre las bajas ventas y los despidos de personal.
Y es que la situación no podría ser más paradójica. Según los principios económicos básicos la inflación debería crecer cuando hay excesos de demanda. Pero lo que le está pasando a la economía colombiana es algo muy distinto. Por una parte, la actividad económica atraviesa su peor momento: la caída de la demanda ha llevado al aparato productivo a estar en el nivel más bajo de utilización de su capacidad instalada desde 1991, mientras que el desempleo ya bordea el 12 por ciento. Por otra, ya nadie duda que en este año se romperá la tendencia descendente que ha tenido la inflación desde que la Constitución puso a funcionar a la Junta Directiva del Banco de la República como ente independiente con el mandato de controlar los precios. (Ver gráfico).
Esta situación ha llevado a muchos a pensar que el banco central se está quedando con el pecado y sin el género, pues mientras el control monetario ha tenido unos costos considerables, sus beneficios en cuanto al control de los precios no son evidentes. Y es que para nadie es un secreto que las altas tasas de interés han sido uno de los factores que más han incidido sobre la desaceleración económica, circunstancia que ha llevado a la Junta del Emisor a permitir una leve baja de las mismas en los últimos dos meses.
Lo cierto es que la evidencia señala que no es correcto señalar a la política monetaria como única responsable del fracaso en el control inflacionario. Entre los rubros que más han jalonado el aumento de los precios en lo corrido del año aparecen los costos relacionados con la educación y la energía, y en ambos casos los aumentos tienen que ver con decisiones del gobierno ajenas al manejo de la cantidad de dinero en la economía (ver gráfico). De hecho, todavía es tema de controversia entre los técnicos del gobierno la amplitud con la que la actual canciller, María Emma Mejía, reglamentó los aumentos en las matrículas escolares cuando era Ministra de Educación, cediendo a las pretensiones de la Asociación de Colegios Privados y Fecode (ver SEMANA #740).
Todo esto lleva a pensar que el debate sobre el crecimiento de los precios debe ir más allá de la política monetaria. Para Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, "la inflación no baja cuando hay tanta incertidumbre pues nadie quiere dar el primer paso para reducir sus precios o su salario". Y las cifras parecen darle la razón. Un estudio reciente del Departamento Nacional de Planeación muestra que, a pesar de los compromisos adquiridos al interior del Pacto Social el año pasado, hacia el final del primer semestre de este año los salarios del sector industrial estaban creciendo a un ritmo anual de 24 por ciento.
Armando Montenegro, presidente de Anif, es más drástico en su apreciación sobre el desboque inflacionario. Para Montenegro, "El control inflacionario en Colombia hizo crisis, pues ha quedado claro que los precios no se manejan con la cantidad de dinero. Entre 1993 y 1994 los medios de pago crecieron por encima de 40 por ciento y la inflación bajó, y ahora que crecen a 8 por ciento la inflación está volviendo a aumentar".
En este contexto, el panorama inflacionario no es muy alentador. Los cálculos más recientes de Fedesarrollo sobre inflación para 1996 apuntan a 21 por ciento y los de Anif son superiores a 22 por ciento. Y lo peor es que el futuro no pinta mejor. Por un lado, hay elementos que podrían contribuir a aligerar las presiones inflacionarias, como el efecto que tiene la revaluación sobre la reducción del costo de algunos productos y el hecho de que, tras los ajustes de este año, los costos de la educación no deberían volver a ser problema. Sin embargo la inflación sería empujada al alza por el creciente déficit fiscal, así como por la resistencia de distintos agentes económicos a ceder parte de su tajada en plena coyuntura recesiva.
Por el momento los analistas no son muy optimistas. Tanto Cárdenas como Montenegro coinciden en que el gobierno seguramente tratará de poner una meta inflacionaria más alta para el año entrante, para dar espacio así a la recuperación económica. Entre tanto habrá que seguir con atención las negociaciones salariales de fin de año y la evolución de las finanzas públicas, porque si algo está claro es que la calentura no sólo está en las sábanas monetarias.
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