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| 3/19/1990 12:00:00 AM

ABRETE SESAMO

Polémicas, pero necesarias, esta semana salen a la luz pública las medidas sobre apertura.

La moda no salió precisamente de París. Pero a pesar de eso practicamente todos los paises latinoamericanos estan cambiando su guardarropa en materia economica.
El vestido largo del proteccionismo esta siendo remplazado por los atractivos de la minifalda aperturista, con todos los riesgos y oportunidades que ello implica.

Eso, por lo menos, es lo que ha ocurrido desde Mexico hasta Chile, con muy contadas excepciones. Incluso los más duros defensores del esquema cepalino, que predicaba el crecimiento hacia dentro, estan cambiando. Brasil, el arquetipo del proteccionismo, debe entrar en la senda aperturista apenas el nuevo presidente, Fernando Collor de Melo, se pase a vivir al palacio de gobierno de Brasilia. Algo similar le debe ocurrir al Peru, donde Mario Vargas Llosa tambien quiere intentar las recetas del liberalismo económico. Dentro del grupo de los grandes el unico que quedaría alineado con la vieja guardia, si no se hace nada, sería Colombia.

Todo parece indicar, sin embargo, que al país también le van a llegar los vientos de cambio. Lo mas probable es que esta semana el gobierno anuncie todo un paquete de medidas encaminadas a demostrar que Colombia se decidio por la apertura. El tema ha generado su buena dosis de polémica entre los posibles ganadores y perdedores .

NUEVO MODELO
Porque, en verdad, la idea es bien ambiciosa. Se trata, ni más ni menos, de ensayar un nuevo modelo de desarrollo para una de las economias mas estables de America Latina. A lo largo de los ultimos años el país se ha desarrollado conservando un esquema segun el cual los bienes de producción nacional no tenían ningun tipo de competencia--por lo menos legal--frente a productos similares venidos del extranjero. Eso, en teoría, le permitía a los industriales colombianos conservar el mercado interno alcanzar paulatinamente mayores grados de eficiencia. Tal estrategia estaba combinada con un rígido control de cambios y algunas políticas de promoción a las exportaciones.

Bueno o malo, lo cierto es que este planteamiento le permitió a la economía colombiana navegar sin mayores contratiempos a traves de las turbulentas aguas de la década del ochenta cuando la crisis economica era común denominador en Latinoamerica el país logró mantener indices positivos de crecimiento. De acuerdo con la Cepal, Colombia fue el país que registró la mayor tasa de aumento de producto en todo el continente, duran los últimos diez años.

Pero, al mismo tiempo, los observadores internacionales insistieron en que si Colombia deseaba adentrarse por la senda del crecimiento rapido tenia que hacer algo diferente. Una mirada a las cifras sobre el desempeño de la economía en los ultimos años indica que el aumento anual promedio de la economía es cercano al tres por ciento, una cifra considerada mediocre por los especialistas. Más aún si se tiene en cuenta que, en las actuales circunstancias, parece difícil que Colombia pueda alcanzar tasas de crecimiento promedio superiores al 6 por ciento anual, una meta considerada normal en economías como las del sudeste asiático.

El convencimiento de que el modelo de desarrollo esta agotado llevó a los miembros del gobierno a mirar el tema de la apertura. El ambiente comenzó a caldearse desde noviembre de 1988, cuando varios funcionarios del Banco Mundial se reunieron con los principales integrantes del equipo economico para promover el esquema de la apertura. De manera global, la idea consiste en darle prioridad al sector externo como motor del desarrollo. Aunque a primera vista todo se reduciría a promover agresivamente las exportaciones, lo cierto es que esa estrategia aperturista tambien implica un cambio en la politica de importaciones, en la actitud hacia el sector industrial y en la concepción general sobre como se obtiene el crecimiento económico.

Quizás como en ningun otra area, la apertura depende de como se implemente su letra menuda. Aunque la idea general es la misma a lo largo y ancho del continente, lo cierto es que hay aperturas de aperturas. Y Colombia tambien tiene sus ideas muy particulares sobre el tema.

La formulación de una estrategia con un marcado tinte nacional, ha sido el factor que ha explicado las continuas demoras en la decision sobre el tema. Despues de un primer intento, a mediados del año pasado, la idea fue archivada por el gobierno, el cual justifico su decisión en la caida abismal de los precios internacionales del café, y en el comienzo de la guerra contra el narcotrafico. Un primer plan, que incluia un cambio en la política de importaciones, fue pospuesto de manera indefinida. No obstante, para finales del año pasado, la iniciativa recibió un segundo aire. Por una parte, se vio que los estragos que se esperaban para la economia nacional no fueron tan grandes. Pero, más Importante todavía, los miembros del equipo económico estaban convencidos de que este gobierno tenia que comenzar con la apertura, ante la seguridad de que esta, tarde o temprano, sería inevitable.

LA ULTIMA ETAPA
Las sesiones de trabajo, en forma, empezaron el dos de enero. A partir de esa fecha se reunieron en las instalaciones del Instituto Colombiano de Comercio Exterior, Incomex, funcionarios tecnicos de los ministerios de Hacienda y Desarrollo, del Departamento Nacional de Planeacion y del mismo Incomex. La idea era proponer un nuevo esquema, conservando los puntos básicos del que se habia archivado a mediados de 1989. Además, se comenzó una tarea para convencer a otros miembros del gobierno de que la idea no era mala. Esa labor, aparentemente, tuvo exito y, en consecuencia, se procedió a diseñar la estrategia. Esta se encontraba lista desde comienzos de febrero, pero, a ultima hora, surgieron problemas técnicos y dudas de orden legal que hicieron que el anuncio se retrasara. No obstante, si todo sale como esta mandado, esta semana la iniciativa se volvera realidad.

Toda la estrategia se enmarca dentro de dos principios básicos:el gradualismo y la universalidad. Por una parte, el gobierno está convencido de que el relativo exito económico del país se debe a que los cambios no se implementan de un día para otro.
En el caso de la apertura, se plantea por lo menos un termino de cinco años para que esta quede funcionando plenamente. El otro principio es que no habrá excepciones ni concesiones. Ese es un cambio grande para un país donde los favores y los casos especiales son la orden del día. En el caso de la apertura los funcionarios del gobierno insisten en que, para que funcione, todos los afectados deben estar al tiempo, ya sea en la cama o en el suelo.

En términos operativos, el componente central de la propuesta es el desmonte de la estructura de protección a ultranza de la produccion nacional que ha regido en el país durante los ultimos años. Sin embargo, se ha insistido en que este cambio no consiste en una liberación de importaciones.
Ese es el principal argumento para tranquilizar a los industriales que todavía recuerdan los efectos de la liberación comercial de finales de los años setenta, cuando, con una tasa de cambio sobrevaluada, el país se inundó de productos extranjeros, con lo cual se pusieron las bases para la fuerte recesion de comienzos de la década pasada.

En consecuencia, las medidas se concentran en dos puntos. Por una parte, permitir la libre importacion de algunos bienes que hoy se encuentran bajo el regimen de licencia previa (es decir, que el permiso es concedido por el Incomex), pero que, en terminos prácticos siempre se aprueban.
Ese cambio hace más flexible el abastecimiento de ciertas materias primas y disminuye los costos administrativos para los importadores. El otro punto es permitir la importación de ciertos bienes finales, bajo un esquema de asignación de cupos de divisas, equivalentes a una parte mínima de la producción nacional en cada caso. Entre los bienes que queden bajo este sistema, unos (aproximadamente 750) podran ser traidos bajo un complicado mecanismo para la adjudicación de los dolares, en el que los importadores serán los encargados de fijar el arancel que estan dispuestos a pagar. El otro grupo seguirá siendo distribuido por la Junta de Importaciones, bajo nuevas reglas de juego que le serán fijadas por el Gobierno.
La justiticación de esa medida se basa en la tan citada eficiencia económica. Los especialistas sostienen que la protección absoluta a la producción nacional ha llevado a que los industriales colombianos no se fijen en el control de sus costos y le acaben trasladando su baja productividad al consumidor. Según el Banco Mundial, por haber limitado la presión de la competencia internacional sobre la industria doméstica, la protección ha contribuido probablemente a la desilusionante productividad de la industria colombiana (.) particularmente en algunas industrias altamente protegidas por licencias de importación ".

A COMPETIR SE DIJO
La eficiencia en la producción doméstica es clave si en un futuro cercano el país se va a lanzar agresivamente al mercado internacional. Aunque las exportaciones colombianas han venido creciendo en el pasado, los análisis indican que todavia el país depende de las ventas de productos primarios como el café, el petróleo o el carbón. La experiencia revela que estos bienes estan sujetos a grandes fluctuaciones de precios y al mismo tiempo que pueden darle vigor a la economía también la pueden llevar a la quiebra. En consecuencia, lo mas aconsejable es vender productos con cierto grado de elaboración, pues los analisis demuestran que las fluctuaciones de precios en esas areas son menores y mas predecibles que en el campo de los productos primarios.

Por lo tanto, la unica manera de hacer competitiva a la industria nacional es enfrentarla a los productos importados. Aunque esto va a ser un proceso gradual, el gobierno aspira a que sirva para demostrarle a los industriales que tan eficientes son en el caso de lo más atrasados, se plantean programas de reconversión que, en un plazo prudencial, deberian incidir en que se alcance la eticiencia. Toda esa estrategia esta complementada con medidas en otras areas. Tal es el caso de las aduanas, uno de esos sectores que más trabas prácticas impone al comercio internacional. Con la corrupción y el contrabando existentes actualmente, sería imposible llevar a cabo una nueva política comercial, sin poner en serio peligro a la producción nacional.

Sin embargo, la Aduana ha estado implementando un nuevo plan de sistematización y control que, en teoria, le permitiria ponerse a la altura de las nuevas circunstancias. Uno de los aspectos más novedosos es el que tiene que ver con la prevención del contrabando técnico, un sistema mediante el cual un importador introduce, bajo una sola licencia, decenas de unidades del mismo producto. Ahora será posible vigilar que eso no suceda, pues la Aduana y la Administración de Impuestos podrán hacer visitas conjuntas para revisar si un importador determinado trajo al país el numero exacto de productos que solicitó.

También la apertura tiene que ver con la mayor eficiencia en el aspecto portuario. Para nadie es un misterio que los puertos colombianos son un verdadero cuello de botella, aparte de ser costosos e ineficientes. En consecuencia, el gobierno ha impulsado el establecimiento de puertos privados y recientemente el Conpes aprobó la apertura de las instalaciones de la firma Prodeco en Santa Marta y Buenaventura. Esa iniciativa debe verse complementada con una rebaja en los derechos y fletes que, en las circunstancias actuales, son de los más altos del mundo. El gobierno esta estudiando, al respecto, la posibilidad de eliminar la llamada reserva de carga, que le asegura a la Flota Mercante Grancolombiana el virtual monopolio sobre una parte importante de la carga transportada por via marítima.

Esos aspectos, y muchos más, comenzarán a ser debatidos, en forma todavía más intensa, cuando el gobierno de a conocer sus planes para la apertura. Este insiste en que no hay un camino mejor para aumentar sustancialmente el ritmo de crecimiento economico. Según las cifras de los técnicos, la producción interna aumentaría a un ritmo anual inferior al 4 por ciento de no abrirse la economía. En el caso contrario, el país alcanzaría tasas de crecimiento promedio superiores al 5 por ciento, con probabilidades de seguir aumentando. La comparación de esos numeros es quizas el mejor argumento en pro de la apertura. A pesar de los temores de los industriales y de las polémicas que seguramente se generaran, el gobierno insiste en que no hay otra salida. La apertura se ve como algo inevitable y ahora solo cabe esperar que, con la debida prudencia, Colombia pueda obtener de ella los mejores resultados.
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