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| 7/9/2011 12:00:00 AM

Accionistas por miles

La sociedad anónima, que prosperó en Colombia hace medio siglo y después se desplomó, comienza a resurgir con nuevos bríos.

El mercado aún no sale de su asombro ante el histórico resultado de la emisión de acciones del Grupo Nutresa (antes Nacional de Chocolates). La compañía recibió pedidos de acciones por 8,98 billones de pesos, cifra que supera en 17 veces el monto que esperaba, de 522.300 millones.

El más sorprendido fue el presidente de la compañía, Carlos Enrique Piedrahíta. "Nos sentimos muy satisfechos por la positiva respuesta de los inversionistas frente a la emisión de acciones, y damos la bienvenida a los nuevos propietarios", afirmó.

Aunque todavía no se sabe cuánto quedó en poder de grandes inversionistas institucionales y cuánto entre el público en general -porque aún no ha terminado el periodo de adjudicación-, lo que se ha confirmado es la enorme confianza que despierta el Grupo Nutresa. Tras su exitosa expansión en el área, se ha convertido en la primera multilatina colombiana y en una de las compañías con mayor potencial para los accionistas.

Más llamativo aún es que esta emisión y las que le han precedido de otras empresas, también con gran éxito, están reflejando el gran momento por el que pasan las acciones en Colombia. Sergio Clavijo, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), lo ha llamado el "revivir del mercado accionario", y el exministro Néstor Humberto Martínez lo considera "la revolución cultural", pues la gente volvió a acercarse a las acciones.

Varios analistas consideran que la sociedad anónima, tan próspera hace medio siglo, encontró un camino para renacer. El dirigente empresarial antioqueño Alejandro Ceballos recuerda que en los días de auge de la sociedad por acciones, muchas personas participaban en la propiedad de las compañías y había una verdadera democratización. Por aquel entonces, en sociedades tan importantes como Coltejer, Fabricato, Chocolates, Avianca o Bavaria, el mayor accionista no tenía más del 10 por ciento del capital accionario. Se debían unir cuatro o cinco accionistas para conformar un grupo poseedor del 30 por ciento para tener control sobre la empresa o acordar una junta directiva.

Eran otros tiempos. Las acciones eran los instrumentos de ahorro de largo plazo más populares entre las familias colombianas. Las acciones eran el regalo más tradicional que hacían los padres a sus hijos, pensando en el futuro.

Pero el esquema fue perdiendo fuerza cuando aparecieron poderosos grupos económicos, a partir de los años setenta, y se desató una 'guerra' entre los Ardila, los Michelsen y los Santo Domingo por hacerse a las compañías más exitosas del país. Fue en aquel entonces cuando se produjo el famoso 'enroque' paisa, mediante el cual se cruzaron las acciones de un conjunto de compañías antioqueñas que se veían amenazadas por la toma hostil de los grandes grupos.

En los años ochenta, el empresario Hernán Echavarría Olózaga acuñó la frase "el desplume de las empresas", para describir lo que sucedía con las compañías a la llegada de los nuevos dueños, que solo buscaban control para aumentar su poder en la sociedad Las acciones perdieron atractivo. Ya no se movían en la bolsa y, por lo tanto, no había valorizaciones ni atractiva repartición de dividendos. Las asambleas de accionistas dejaron los grandes salones a los que concurrían miles de accionistas, y pasaron a pequeños salones de junta.

Tuvo que llegar la globalización para que volviera a cambiar la visión de muchos empresarios. Competir con los grandes jugadores internacionales requiere enormes recursos, y el mercado de capitales es una vía para conseguirlos de manera más barata. Estar en bolsa no es solo un asunto de good will (buen nombre). Como dice el presidente de Valores Bancolombia, Emilio Echavarría, "es tener las tuberías abiertas y listas para captar dinero que permita el crecimiento de las empresas".

Así fue perdiendo relevancia el axioma de que la propiedad del ciento por ciento de las acciones era indispensable. Hasta con el 30 o 40 por ciento se puede asumir el control de las empresas. Un gran impulsor de las empresas públicas -las inscritas en bolsa- ha sido el reconocido dirigente antioqueño Nicanor Restrepo Santamaría, que inspiró esta apertura en las sociedades paisas. El llamado Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) hace varios años decidió desenredar la maraña de inversiones y conformar tres holdings, bajo los cuales se agruparon todas las compañías: Suramericana de Inversiones, Cementos Argos y Grupo Nutresa, sociedades que se entrecruzan la propiedad accionaria y conservan el concepto de empresas públicas inscritas en la Bolsa de Valores. Tienen más de 60.000 accionistas en todo el país.

Para el exministro Néstor Humberto Martínez, la figura de las acciones preferentes (sin derecho a voto) también ayudó a impulsar la democratización accionaria, porque ha permitido que los mayores accionistas conserven el control, pero también facilita que otros participen en la propiedad de las empresas y gocen de su crecimiento por la vía de los dividendos y la valorización. Llegar a la bolsa implica también grandes compromisos como las prácticas de buen gobierno, que han sido claves en todo este cambio empresarial.

Lo cierto es que los recientes procesos confirman la tesis de que el mercado accionario está resurgiendo. La primera emisión de acciones de Avianca-Taca, realizada este año, superó en cinco veces el monto que se había previsto. La aerolínea ya tiene el 10 por ciento de sus acciones en manos de 50.000 nuevos dueños. Por su parte, en abril, el Grupo Aval recibió solicitudes de compra por 3,1 billones (un billón más de la máxima oferta que había propuesto), lo que marcó un hito en el mercado de valores del país como la mayor colocación de acciones entre accionistas no controlantes de una empresa privada nacional. Con esta emisión, la organización financiera incorporó 91.000 nuevos accionistas. En la última década, Luis Carlos Sarmiento ha emprendido tres procesos de democratización accionaria, que lo han llevado a colocar ya más del 13 por ciento de la organización en poder de más de 130.000 personas.

Davivienda protagonizó otro de los procesos más exitosos el año pasado. La meta era conseguir 41.000 nuevos accionistas que aportaran recursos por 416.000 millones de pesos, y al final se incorporaron 82.000 accionistas y hubo ofertas por 5,2 billones de pesos, 12 veces el tamaño de la emisión.

La serie de emisiones exitosas arrancó en 2007 cuando Ecopetrol hizo una invitación masiva a personas que no estaban familiarizadas con el mercado accionario, con lo que realizó una democratización que marcó un hito. Hoy, 360.000 personas son accionistas de la petrolera.

El horizonte se ve mucho más interesante. El Éxito colocará 1.400 millones de dólares en acciones para financiar su plan de expansión internacional. Aunque el grupo francés Casino, su mayor accionista, suscribirá el 54 por ciento para mantener su posición de control, el hecho de que se coloquen 654 millones de dólares entre el público es ya muy importante. En camino vienen dos emisiones más de Ecopetrol, y Davivienda tiene planes, aún sin fecha, de realizar una segunda venta de acciones.

Sin duda, hoy las personas naturales están más interesadas en invertir en acciones, tienen liquidez y han afianzado su confianza en el mercado y en las empresas. Un estudio de la bolsa estima que las personas naturales representan el 40 por ciento del volumen negociado a diario en acciones. En este momento, 840.000 personas son accionistas de alguna compañía en el país.

Todo esto constituye una gran noticia. Sin embargo, los expertos dicen que más importante es que los accionistas sean conscientes de que no deben salir corriendo ante la primera caída en el precio de las acciones. Estas son inversiones de largo plazo, y con las positivas perspectivas de crecimiento que tienen el país y la economía, una apuesta por el futuro de las empresas podrá ser muy exitosa. Pero hay que aguantar y esperar.
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