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| 6/5/1995 12:00:00 AM

ACERO OXIDABLE

Tras 46 años de historia, la crisis en Acerias Paz del Río tocó fondo y ahora sus dueños buscan fórmulas mágicas para salvarla.

A LAS TRES DE LA MAÑANA DEL 28 DE ABRIL la Clínica Shaio de Bogotá recibió un paciente que se sentía al borde de un infarto. Nadie, ni siquiera el médico que lo atendió, supo la causa de su estado, pues el enfermo se negó a hablar y lo único que se atrevió a confesar es que había que calmarlo como fuera, pues al día siguiente tenía que realizar una diligencia inaplazable y además la quería hacer él mismo. Pocos días después se conocería la razón de tanto sigilo. Consistía en contarle al gobierno que una de las empresas más tradicionales del país se disponía a entrar en concordato. Se trataba de Acerías Paz del Río, y el paciente en cuestión era su presidente, Néstor Fernández de Soto, cuya emergencia médica resultó ser un ataque, pero de nervios. Y no era para menos. Fernández de Soto fue el responsable de una decisión que todos los directivos de la compañía habían contemplado por lo menos una vez al estar frente a la empresa, pero que ninguno había tomado porque siempre hubo otra salida.
Ese fue el preámbulo de una historia que tomó cuerpo el 21 de abril, cuando el ministro de Hacienda, Guillermo Perry Rubio, le sugirió a varios ejecutivos de la empresa tomar la decisión. Aunque ya la administración de la siderúrgica estaba considerando seriamente la idea, la propuesta de Perry fue definitiva. El lunes 24 la junta discutió el tema y autorizó a Fernández para hacer los trámites, que concluyeron a las cuatro de la tarde del viernes 28, varias horas después de salir de la Shaio, cuando la Superintendencia de Sociedades terminó de recibir una 'tonelada' de documentos que contenían la fundamentación del concordato.
Tal fue la historia resumida de un proceso sin antecedentes, no sólo por la cuantía -activos por 298.271 millones de pesos en tanto que los pasivos son de 190.399 millones de pesos- sino porque se trata de una de las empresas con mayor tradición en Colombia. Tanto es así que es la primera vez en que los Ministros de Desarrollo y Hacienda citan a los acreedores en su despacho para contarles ellos mismos la noticia y pedirles colaboración.

MALA MEZCLA
No obstante la crisis de la empresa no es nueva ni explotó la semana pasada. Como si se tratara de mezclar varios ingredientes tóxicos, en Acerías Paz del Río se conjugaron tal cantidad de elementos negativos, y durante tantos años, que era difícil pensar en una salida distinta. Muchos de los problemas surgieron desde el momento en que se creó la siderúrgica, en 1948, con la idea de proveer al país de productos de acero, que escaseaban como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces se adoptó un esquema paternalista que dificultó su modernización.
Lo que es peor, el monopolio de antes ya no existe y ahora la empresa está expuesta a una dura competencia interna y externa. Juan Camilo Restrepo, presidente de la empresa entre 1990 y 1991, dice que "el gran problema de Acerías Paz del Rio es ser una siderúrgica integrada porque eso implica unos costos fijos muy altos. Al fin y al cabo, demanda más mano de obra, lo que la hace especialmente sensible a la apertura económica".
El problema de costos ha sido siempre una piedra en el zapato para la empresa,y en más de una vez le ha faltado capital de trabajo. Así sucedió a comienzos de los 50 cuando se diseñaron varios mecanismos de capitalización, mediante inversiones sustitutivas de impuestos en favor de quienes compraran acciones de Acerías.
Pero las dificultades volvieron a aparecer a comienzos de los 80. En ese momento, el gobierno de Belisario Betancur adontó una serie de medidas de apoyo que, junto con una recuperación económica, le permitió a la empresa tomar un segundo aire. Pocos años después se pensó que la crisis quedaba finalmente atrás, cuando el Sindicato Antioqueño compró acciones de la compañía, hasta tener el 42 por ciento hoy, siendo el más grande accionista.
Pero el nuevo capital no fue suficiente, pues con los años 90 llegaron los problemas de mercado, no sólo a nivel nacional sino mundial. "La rentabilidad del negocio en la mayoría de los países ha sido decreciente. (...) En América Latina, las constantes pérdidas de las siderúrgicas brasileñas, mexicanas y peruanas indujeron a su privatización, las fusiones en las siderúrgicas argentinas, la crisis de precios hasta mediados de 1994 y la dura situación de Venezuela han transformado el negocio", según un informe de Corredores Asociados.
Y si de hablar de Colombia se trata, el sector siderúrgico sufrió en carne propia las consecuencias de una fuerte competencia interna, de la aceleración de la apertura y del proceso de integración con Venezuela, que inicialmente se diseñó para cinco años y luego se decidió que fuera a 15 meses. Estos dos últimos eventos aceleraron y desnudaron problemas que, con o sin apertura, iban a salir tarde o temprano a la luz del día.
Si a eso se une el exceso de oferta a nivel internacional, no es de extrañar porqué los precios se descolgaron. Como consecuencia, la siderúrgica está vendiendo menos acero y más barato que nunca, pues no ha podido con la competencia legal ni mucho menos con el contrabando. El año pasado, por ejemplo, entraron al país 287.000 tonelattas de acero terminado -con un incremento del 19 por ciento- y 163.000 de producto semiterminado -que significó un aumento del 58 por ciento-. Además, justo cuando se inició la apertura, la empresa se metió en un ambicioso plan de inversiones, que hoy critican los conocedores.
Pero eso no es todo. Como si el palo estuviera para cucharas, el apagón de 1992 causó una reducción de ingresos por 13.600 millones de pesos. Para acabar de pintar el negro panorama, el año pasado los trabajadores decidieron entrar en una huelga que duró 60 días, con lo que la empresa acumuló pérdidas por 6.634 millones de pesos. Lo peor es que ese proceso aún no ha terminado, pues los trabajadores todavía reciben sueldos de 1993 porque la Corte Suprema de Justicia no se ha pronunciado sobre el Tribu nal de Arbitramento, y cuando lo haga, la compañía podría asumir costos adicionales de por lo menos 1.300 millones de pesos pues estará obligada a incrementar los salarios.
Es difícil pensar en una combinación más explosiva. De ahí que la empresa afrontara este año una iliquidez tan grave que ni siquiera tenía capital de trabajo para operar normalmente. A pesar de la venta parcial de una de la joyas de la corona de Acerías -la cementera- eso no fue suficiente para parar la hemorragia. En su balance de los primeros tres meses arrojó pérdidas operacionales por 11.182 millones de pesos.
LAS FORMULAS
Ahora, lo único que le queda a Paz del Río es confiar en que los acreedores acepten las fórmulas de pago para disminuir sus costos financieros y laborales, pues hoy en día éstos hacen que Acerías pierda 150 dólares por cada tonelada que vende. Si no hay humo blanco, es posible que el concordato no sea suficiente sino que sea necesario recurrir a la liquidación.
Gran parte de las esperanzas está centrada en la venta del 42 por ciento de las acciones que tiene Acerías en Cementos Paz del Río, lo cual podría significar recursos por 63,4 millones de dólares. El problema es que esas acciones son parte de la garantía que tiene los bancos por la deuda de Ace-rías. Néstor Fernández dice que "la idea es que los bancos no se queden con esas acciones, porque inmediatamente bajarían de precio y además no significarían capital de trabajo para la empresa, sino que se logre un acuerdo para venderlas". Argumenta que los bancos tienen garantías por 1.500 millones de dólares sobre una deuda de 50 millones de dólares y además que ya han recibido un gran beneficio de la compañía, pues entre 1992 y lo que va corrido de 1995 obtuvieron de ella 102.243 millones de pesos sólo por el pago de intereses. Y es que el costo financiero es una de las cargas más pesadas que lleva la empresa a sus espaldas, a pesar de que el año pasado logró cancelar 40 millones de dólares mediante la venta de la mitad de la cementera. Alejandro Figueroa, presidente del Banco de Bogotá -segundo acreedor con deudas por 7,5 millones de dólares- dijo en diálogo con SEMANA que "tenemos el mayor interés de que la empresa salga adelante, pero como presidente de un banco tengo la obligación de pedir que nos paguen la deuda, y las acciones en la cementera son nuestra garantla" . Su declaración hace pensar que no va a ser fácil convencer a los banqueros, y esa será la primera batalla que tendrá que librar la empresa.
La segunda será con los trabajadores, pues la compañía considera esencial que acepten pasarse a la Ley 50. Pero ese no es el único mecanismo al cual se espera recurrir para disminuir el pasivo laboral que hoy es de 15.000 millones de pesos. El otro es invitarlos a capitalizar sus acreencias, para lo cual se diseñaron tres mecanismos: compra de acciones de Acerías Paz del Río; bonificación para quienes cambien de régimen laboral, mediante bonos opcionalmente convertibles en acciones; y participación en una nueva sociedad minera que crearía la empresa, que es otro de los ases bajo la manga de Acerías.
Además, se espera que el gobierno adopte una salvaguardia contra el acero venezolano y que siga la devaluación del peso, que le ha permitido a la empresa subir su precios un 8 por ciento este año. Pero aún cuando se logre todo lo anterior quedará faltando una nueva 'pela', nada menos que con el gobierno. Paz del Río pedirá la refinanciación de 11.000 millones que le adeuda a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales -Dian- y un préstamo por 10.000 millones por parte del Instituto de Fomento Industrial -IFI-, garantizados con una planta de oxígeno. A la administración departamental le pedirá un costo de energía más racional, pues hoy significa el 30 por ciento del presupuesto. De manera que el verdadero viacrucis hasta ahora comienza, pues no será fácil poner de acuerdo a banqueros, sindieato y gobierno para crear una verdadera red de solidaridad y salvar a una empresa que varias veces ha sido cuestionada por las dificultades financieras, pero que aspira, como el acero que se funde en el alto horno, salir más fuerte del crisol de las dificultades.
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