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| 1/4/2014 3:00:00 AM

El acuerdo que impulsará el comercio global

El pacto de la OMC inyectaría más de 1.000 millones de dólares anuales a la economía global y crearía 21 millones de empleos.

Hace un mes, en la paradisíaca isla de Bali (Indonesia), famosa por sus templos, playas y manantiales ocurrió un hecho histórico para el comercio mundial, que pasó relativamente desapercibido en Colombia: los ministros de Comercio de 159 países lograron un acuerdo para impulsar el intercambio internacional de mercancías.

La noticia causó un gran revuelo en el mundo económico. Para algunos fue un gran avance, para otros se quedó corto. Los más optimistas calificaron el acuerdo como un gran reconstituyente para la economía global, que no se repone aún de la crisis que la llevó a una recesión. El Instituto Peterson de Economía Internacional, influyente consultor de Washington, estimó que podría significar un crecimiento de 1.000 millones de dólares anuales en la economía mundial y generar 21 millones de nuevos empleos.

Los críticos de la OMC subestimaron el acuerdo y minimizaron sus efectos, principalmente porque el tema de los subsidios agrícolas, que ha sido parte de la negociación durante 12 años, no se abordó. Organizaciones civiles, señalaron que el alcance de Bali debió ser mayor.

Lo cierto es que este es el primer acuerdo integral que se logra, en casi dos décadas, desde que se fundó la Organización Mundial del Comercio. Parte de la trascendencia radica precisamente en este hecho. Lo sucedido en Bali podría ayudar incluso a restablecer la débil credibilidad de este organismo multilateral del comercio y dar un paso para superar la ronda de negociaciones de Doha, lanzada hace 12 años.

Para lograr cerrar este acuerdo, la OMC, bajo la dirección del brasileño Roberto Azevêdo, utilizó una estrategia que le funcionó: avanzar en los puntos donde había opciones claras de llegar a un acuerdo, como los relacionados con la Facilitación del Comercio y no tocar –por ahora– los más álgidos.

Por esta causa, la cuestión de los subsidios agrícolas de la Unión Europea y Estados Unidos, que efectivamente distorsionan el comercio del mundo, no fue a Bali. Técnicamente, la negociación sobre subsidios no está suspendida, dijeron analistas de la OMC. Existe el compromiso tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea de reducir el apoyo a la agricultura para cuando concluya la negociación en el marco de la OMC. Las conversaciones seguirán este año.

El paquete de Bali –como se le ha llamado a lo acordado– no es de menor importancia. Las medidas buscan simplificar la labor de las aduanas, hacer que funcionen con mayor rapidez, que haya menos corrupción y más transparencia y que intervengan menos agentes aduaneros. En últimas, todo esto debe llevar a abaratar costos del comercio.

Contempla eliminar barreras físicas al tráfico comercial (aduanas, trámites portuarios, controles en tránsito), la declaración electrónica de los manifiestos de carga y las ayudas al desarrollo.

Se supone que facilitar el comercio beneficia a las grandes, las medianas y las pequeñas compañías, pero en verdad son estas últimas las más favorecidas al suprimir prácticas, como papeleos y demoras, que encarecen la operación del comercio.

El acuerdo también prevé medidas para facilitar el envío urgente, que no se obligue a partir de ahora a que haya agentes aduaneros, porque se ha considerado que esto aumenta también la burocracia.

Se estima que la simplificación de los trámites tiene un dividendo generoso sobre el crecimiento del comercio. Algunos técnicos calculan que habría reducciones entre el 13 y el 15 por ciento en los costos de aduanas y esto se reflejará en un aumento de las exportaciones que hagan las empresas y por consiguiente en más empleo.

Estudios de la Cámara de Comercio Internacional demuestran que las empresas que más participan del comercio mundial crean más empleos.

Dentro de las medidas acordadas en Bali se destacan especificaciones técnicas que deberán seguir los países. Pero para que todos se pongan a tono con estos nuevos estándares, está previsto que los países en desarrollo tengan derecho a fondos, para implementar y cubrir los gastos técnicos que requiere poner en práctica el acuerdo. El Banco Mundial, el BID y otros bancos de desarrollo del mundo se comprometen a proporcionar los recursos para apoyar a los países que no dispongan de fondos suficientes.

Si un país necesita montar un sistema automatizado de sus aduanas y no tiene presupuesto para hacerlo, podrá usar dichos fondos. La idea es que los países se pongan al día con la infraestructura aduanera lo más pronto posible para que el acuerdo de Bali se vaya aplicando.

Los países en vías de desarrollo también podrán acumular inventarios de alimentos si se comprometen a no desviarlos a la exportación. Quedó además establecido que los acuerdos solo pueden alcanzarse por consenso. Además, el paquete incluye exenciones de impuestos para algunos productos que quieran exportar los países más pobres del planeta.

Ahora bien, el acuerdo todavía no va a entrar en vigor. Primero hay que revisar todo lo que se aprobó en Indonesia y que los 159 países lo ratifiquen. Se espera que en un año ya esté listo para su aplicación, por lo menos para un grupo importante de países. Cuando sea ratificado por dos terceras partes de los miembros de la OMC, entrará en vigor. Las naciones en desarrollo pueden aplicarlo por plazos, dependiendo de sus capacidades de inversión. Aquellos que no lo ratifiquen no estarán obligados al mismo.

Se espera que el resto de los temas de la Ronda de Doha –incluidos los subsidios agrícolas y la reducción de aranceles industriales, dos auténticas papas calientes– se traten en próximas reuniones ministeriales. Muchos son escépticos frente a estos temas, porque involucran decisiones políticas dentro de los países miembro de la OMC.

Muchos están de acuerdo en que Bali fue un triunfo personal de Azevêdo, y en cierta forma de Brasil, un país que ha entrado en el radar del comercio mundial como una gran potencia. Para Azevêdo, el acuerdo de Bali “es un escalón más hacia la consecución de la Ronda de Doha” y una hoja de ruta para lograr su culminación.

Lo cierto es que Bali renovó los ánimos. Había un temor a fracasar porque esto hubiera alentado aun más a los países a establecer acuerdos bilaterales o regionales.

Otros piensan que si bien estos acuerdos continuarán firmándose, el mundo seguirá buscando un acuerdo multilateral para tener un comercio más justo. Aunque esto todavía se ve lejano, por ahora hay que reconocer que la liberalización del comercio mundial ha salido del congelador.
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