Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1994/08/22 00:00

ADMINISTRANDO LA RIQUEZA

La bonanza cafetera es tan grande que el gobierno tomó medidas para evitar que la economía se desborde.

ADMINISTRANDO LA RIQUEZA

En el ùltimo mes se ha presentado toda una serie de cambios sustanciales en la estructura de la industria cafetera mundial que nadie se esperaba. Lo curioso es que esos cambios no resultan exclusivamente de las heladas del Brasil -que por supuesto aceleraron el proceso- sino de una reacomodación paulatina entre la demanda y la oferta, que transformó un mercado de compradores en uno de vendedores en el transcurso de unos pocos meses.
En el último año el inventario de café en manos de los países consumidores se redujo como resultado del acuerdo de productores celebrado el año pasado, que le puso orden al mercado y obligó a los países consumidores a gastar los inventarios que tenían en su poder. De otra parte, la retención establecida por los países productores dentro del acuerdo permitió dejar en su origen 4'200.000 sacos.
Además de la retención de los productores, se presentaron dos retenciones adicionales: una en los países productores que se conoce como la retención en los palos y otra en los países consumidores. La primera resulta de la menor producción registrada como consecuencia del deterioro del precio internacional del café. Este fenómeno redujo la producción mundial en dos millones de sacos en el primer semestre del presente año y se tradujo en menores embarques de café hacía los países consumidores.
La segunda retención, conocida como la del comercio cafetero, es la que se genera de la expectativa del alza en los precios. En la medida en que los grandes comerciantes mundiales del grano empezaron a registrar los menores flujos a nivel mundial el precio comenzó a reaccionar. Eso condujo a muchos de ellos a retener su propio inventario para liberarlo a precios más altos. Ese fenómeno de escasez y expectativa de alza empujó a su vez las compras de los grandes tostadores y distribuidores. La suma de esas tres retenciones generó una reacción importante del precio. De hecho, permitió que el mercado se ajustara y llevó a los países productores a liberar sus inventarios de café retenido después de que el precio por libra superó la barrera del dólar. Esos 4.2 millones de sacos se liberaron en apenas 60 días durante abril y mayo de este año.
Ese era el panorama cafetero mundial a principios de junio. El mercado para el año cafetero 19941995 se veía bien para los productores puesto que las cifras indicaban un faltante exportable. Brasil acreditaba una producción estimada de 22 millones de sacos cuando lo normal son 28 millones. La producción estimada para Colombia y Centroamérica también estaba por debajo de los promedios históricos y la producción exportable mundial era de 66 millones de sacos, cuando la demanda total es de 73 millones. Tal escenario permitía pensar que el precio iba a fluctuar entre un dólar con 20 centavos y un dólar con 50 centavos por libra.


LAS HELADAS
La primera helada en Brasil ocurrió el pasado 26 de junio. Este fenómeno climatológico no sólo desequilibró más la cuenta para el año cafetero 19941995 sino que generó un faltante adicional para el año 19951996. La emergencia en el mercado se hizo evidente puesto que no existían inventarios para atender tanto faltante y por ende se reflejó en la disparada del precio internacional a un dólar con 80 centavos por libra.
La segunda helada en Brasil, que se presentó hace 10 días, complicó todavía más las cosas pues aumentó el daño de seis a 10 millones de sacos. Esto puede poner en peligro la economía cafetera, pues su efecto -que sólo se podrá medir dentro de seis u ocho meses- se extiende de dos a tres cosechas. Así las cosas, el equilibrio en este mercado sólo se podrá alcanzar en 1997.
Brasil tendrá un faltante de por lo menos 14 millones de sacos en los próximos dos años. Aun aceptando que tuviera los inventarios de 17 millones de sacos que se afirma -aunque hay grandes dudas y para aforar su dimensión real se contrató a la Societé General de Surveillance (SGS)-, ese país no puede disponer de más 10 millones de esos sacos pues necesita por lo menos seis millones de inventarios para el movimiento normal de su economía cafetera. Y todavía falta esperar hasta mediados de agosto para que se acaben los fríos y con ello las posibilidades de nuevas heladas.

LA POSICION COLOMBIANA
Esta dramática situación precipitó el diálogo con el actual y el nuevo gobierno pues no se podía esperar hasta agosto. Para reajustar el precio interno y definir una política de manejo de la bonanza que se viene se tuvieron en cuenta las experiencias de las bonanzas anteriores. Se definió que era necesario trazar un esquema de ajuste automático para el precio interno pues es dificil que este siga un mercado volátil. Se dejó un espacio para que los compradores y productores definan su precio teniendo en cuenta los movimientos que se presentan durante cada día en las bolsas internacionales. Se dejó espacio para la competencia entre los exportadores privados -con lo cual se beneficia al productor- evitando que la Federación de Cafeteros monopolizara las compras de café como sucedió en las bonanzas anteriores. Se buscó un esquema que permitiera que los precios internacionales -que están fluctuando por segundo- se consolidaran para que el precio interno reflejara una tendencia sostenida. También se definió que esta bonanza, a diferencia de las anteriores, sólo tendría dos socios: los productores y el Fondo Nacional del Café.
Tanto el gobierno saliente como el entrante estuvieron de acuerdo con esas bases y sobre ellas se definió la nueva política cafetera. En materia de precio interno se aportó un esquema variable -que regirá desde el próximo mes de septiembre hasta marzo del año entrante- mediante el cual se ajusta el precio de sustentación del café cada 15 días con base en la evolución del precio promedio de los últimos 60 días en los mercados internacionales. El precio interno resultará de cotejar el precio internacional con una tabla que va ascendiendo en tramos de cinco centavos de dólar. El precio de arranque será de 180.000 pesos, de los cuales 17.000 serán pagaderos en Títulos de Ahorro Cafetero. Esto representa un ajuste del 96 por ciento en el último año corrido.
La tabla también establece una escala de asignación de cada centavo adicional del precio internacional. Partiendo de un dólar con 50 por libra se reparte entre el Fondo Nacional del Café y el productor -vía precio interno por mitades. Esa escala de repartición va aumentando en favor del Fondo hasta alcanzar la cifra de dos dólares con 60 centavos por libra de café, donde la repartición sería de 94 por ciento para el Fondo y 6 por ciento para el productor. A partir de ese precio internacional el interno se mantendría en 220.000 pesos por carga y todos los excedentes se destinarían al Fondo.
En cuanto a la destinación de los fondos excedentarios del Fondo Nacional del Café se acordó que en el primer año de la bonanza se pagarán deudas por 600 millones de dólares y en el segundo se recuperará su patrimonio. Esto debería permitir alcanzar los niveles patrimoniales de 1989 que fue el año en que se acabó el pacto internacional de cuotas y empezó la última crisis del café.
También se acordó destinar cerca de 12.000 millones a gastos sociales relacionados con la reconstrucción de infraestructura y vivienda cafetera en las zonas del Cauca y del Huila afectadas por el reciente terremoto, con la diversificación en zonas cafeteras marginales afectadas por la broca y con un programa ambiental para la protección y recuperación de las aguas en las zonas cafeteras.
De otra parte, se definió la creación de un fondo de esterilización en el exterior para evitar que la entrada masiva de divisas provenientes de mayores reintegros cafeteros pudiera estimular la inflación. Los recursos que se mantengan en el exterior se deberán invertir en títulos en el extranjero de acuerdo con las políticas trazadas por el Comité Nacional de Cafeteros y servirán para capitalizar el Fondo Nacional del Café. Para rematar ese paquete se dictaron una serie de medidas con el fin de aliviar la carga financiera de los exportadores. De ahora en adelante se les permitirà pagar la llamada contribución cafetera en dólares en el momento de realizar la exportación, con lo cual se ahorran el costo financiero de tener que utilizar recursos en divisas de prefinanciación de exportaciones, convertirlos en pesos y esperar a que se surta todo el proceso de exportación para poderlos cancelar a las entidades financieras.
Con todas estas medidas se aspira a manejar algo que hace un año nadie hubiera imaginado que podría pasar tan pronto: una nueva bonanza cafetera. -

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