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| 11/12/2011 12:00:00 AM

Y ahora, quién sigue...

Italia ya llegó al mismo punto en el que Grecia, Irlanda y Portugal tuvieron que buscar rescates. Temen que España sea el próximo en contagiarse.

La crisis de la eurozona llegó al punto más temible. Italia entró en el ojo de la tormenta y sus problemas son ahora la principal amenaza para la supervivencia de la moneda única. Ya se encuentra en un territorio en el que Grecia, Irlanda y Portugal tuvieron que buscar ayuda, pero al ser la tercera economía de la región, detrás de Alemania y Francia, su rescate tiene implicaciones mucho más severas.

La deuda de Italia asciende a 1,9 billones de euros, la segunda más grande de Europa y uno de los mercados de bonos más importantes del mundo. Para los analistas y los mercados, que Italia no pueda pagar su deuda es sinónimo de una gran crisis.

El país de Berlusconi ya prácticamente perdió el acceso voluntario al mercado financiero. Ante la desconfianza de que el gobierno italiano logre sacar adelante las reformas que necesita para estabilizar sus finanzas y cumplir con el pago de sus obligaciones, la deuda se ha encarecido el 70 por ciento.

La semana pasada, la prima de riesgo de la deuda italiana a diez años frente a la alemana llegó a superar la tasa del 7,5 por ciento, algo que, según los expertos, es insostenible. Para el analista Alberto Bernal, Italia no se puede dar el lujo de pagar esos intereses pues su economía solo crece al 1 por ciento anual. Durante el ciclo de mayor crecimiento de la zona euro, la industria italiana se rezagó, y aunque sigue siendo considerada una potencia, hoy enfrenta muchas dificultades para competir. Otras economías le tomaron la delantera. Durante los últimos 16 años, solo en 2006 la economía creció por encima del 2 por ciento. Lo crítico es que la deuda equivale al 120 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). "Tendría que crecer al 4 por ciento anual sostenido o implementar un ajuste fiscal sin precedentes con un costo social inmenso", dice Bernal.

Por donde se mire, la situación es complicada. Tiene que refinanciar 307.000 millones de euros el próximo año y cubrir un déficit presupuestal de alrededor de 25.000 millones de euros. Si los inversionistas no le prestan esa suma, la situación se agravaría aún más.

El hecho es que una potencia industrial que representa un 17 por ciento del PIB de la eurozona está bajo una situación similar a la de Grecia. Los analistas pensaban que la siguiente víctima sería España y tardaron en reconocer que Italia iba camino al abismo. Y mientras todos los miembros de la eurozona se afanaron por anunciar planes de ajuste para amainar la preocupación de los mercados, Italia vivía pendiente de las particularidades, peripecias y escándalos de su primer ministro, Silvio Berlusconi. De alguna manera, el gobierno italiano estaba tranquilo porque su déficit público era de apenas el 4,6 por ciento. Pero no era así: la tormenta se estaba formando.

Lo que sucederá si cae Italia es impredecible. Si no puede pagar la deuda, los bancos que tienen sus bonos, entre ellos los franceses (el mayor acreedor, con el 45 por ciento), alemanes (19 por ciento), españoles, británicos, norteamericanos y, por supuesto, italianos, tendrían que registrar una gran pérdida y los requerimientos de capitalización serán inmensos. Todo el mundo se pregunta quién los va a asumir. Además se sabe que una crisis financiera arrastra con todo a su paso y se transmite enseguida al sector real por la vía del crédito. Y el pánico empieza a cundir entre la gente. El diario El País de España informó que "los griegos han retirado en la última semana unos 5.000 millones de euros de sus cuentas bancarias, aproximadamente un 3 por ciento del total de los depósitos". Según el diario, el temor a la salida del euro ha provocado la fuga de estos recursos.

El mundo definitivamente está en una situación extremadamente difícil. José Juan Ruiz, economista del Banco Santander, dice que el planeta está tan interconectado que lo que pase en Europa no se queda solo en el Viejo Continente. Lo sentirá todo el mundo. Por eso afirma que lo peor que podría pasar es dejar que se destruya la eurozona.

Para Ruiz, si alguien aprieta el botón que acabe con el euro, la situación sería irreversible y las consecuencias, nefastas.

Lo más grave-afirma- es que el problema pasó de los terrenos de la economía a la política, y los técnicos están supeditados a las decisiones políticas, lo que ha complicado la puesta en práctica de soluciones. La crisis les ha dado un golpe de Estado a varios gobiernos europeos. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se apartará de su cargo cuando se aprueben los ajustes (ver artículo). En Grecia, el primer ministro, Yorgos Papandréu, salió para darle paso al exvicepresidente del Banco Central Europeo (BCE) Lucas Papademos. Este año, en Portugal, el presidente Aníbal Cavaco convocó a elecciones anticipadas, ante la renuncia de su primer ministro, José Sócrates, por el rechazo del Parlamento del plan de ajuste. Y el año pasado, en Irlanda, en medio de la operación rescate, hubo también un cambio político.

Todo esto hace que los economistas sean tan escépticos frente a una solución. En este momento, hay un gran debate sobre cómo evitar que la crisis siga contagiando a otras economías, como la española, que para muchos ya está en una situación de alto riesgo.

Para los economistas, solo el BCE podría frenar un desangre. Alberto Bernal opina que si el BCE interviene en el mercado secundario comprando deuda de los países emproblemados, podría bajar las tasas de interés a niveles que podrían ser asumidos por los países. Ya este ha comprado bonos de Irlanda y España, pero a menor escala. El problema es que una ley le impide al BCE ser prestamista de última hora de los gobiernos. No fue diseñado para eso.

Muchos piden una operación rescate como la que lanzó en 2008 la Reserva Federal (FED), el banco central de Estados Unidos, pero es más sencillo decirlo que hacerlo. Como dice José Juan Ruiz, en el caso europeo no hay un Tesoro único. Allí son 17 países los que están dentro de la unión monetaria, con políticas fiscales diferentes y con economías diversas.

Comprar deuda pública al gobierno, como lo hace la FED en Estados Unidos, le está prohibido al BCE por el Tratado de Lisboa. Además es claro que Alemania llevaría las de perder, por lo que no quiere oír hablar del tema.

Por ahora, es necesario acelerar los planes de mayor austeridad pública de los países. Sin embargo, hay gran incertidumbre sobre la capacidad de los gobiernos para concretar las reformas estructurales (privatizaciones, pensiones y trabajo). Pero también hay preocupación por la capacidad de crecimiento que tengan los países. Crecer es clave para soportar la carga de la deuda acumulada.

Los pronósticos de expansión para la zona euro fueron recortados por la mayoría de analistas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) bajó su proyección de crecimiento para 2012 a 0,3 por ciento, desde el 2,0 por ciento previsto. Según la Organización, la zona euro camina hacia una brusca desaceleración, con algunos países que se aprestan a un crecimiento negativo.

También redujo su estimación de crecimiento para Estados Unidos de 3,1 a 1,8 por ciento y advirtió de riesgos mayores a la baja en el panorama global si los líderes fracasan en su intento por detener la crisis de deuda soberana.

La OCDE estima que un deterioro de las condiciones financieras de la magnitud observada durante la crisis global (2007-2009) podría llevar a una caída de hasta 5 por ciento en el nivel del PIB en algunas de las mayores economías durante la primera mitad de 2013.

Una encuesta de la agencia Reuters entre especialistas muestra que la eurozona aumenta del 40 al 60 por ciento sus probabilidades de entrar en recesión en los próximos 12 meses. El jueves pasado, la Comisión Europea dijo que la economía española bordea la recesión y que incumplirá los objetivos de déficit y deuda.

Pero no todo lo que inquieta viene de Europa. Estados Unidos también preocupa a los analistas, por su débil crecimiento, pero también por la propuesta fiscal que tiene pendiente para reducir a largo plazo su deuda. Una tarea difícil de cumplir cuando falta ya menos de un año para una nueva elección presidencial, que va a ser más reñida de lo que se pensaba.

La semana pasada, la directora-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, afirmó que si los gobiernos de todo el mundo no actúan de forma coordinada y toman medidas contundentes, la economía global corre el riesgo de hundirse en "una espiral descendente de incertidumbre e inestabilidad financiera". Como se ve, el pesimismo ronda por el mundo y todos se preguntan quién será la próxima víctima.
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