Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/07/22 00:00

Ahora sí viene lo bueno

El fallo del Consejo de Estado le despeja el camino al TLC, cuyos textos por fin están listos. Pero falta lo más difícil: su aprobación en los Congresos.

En febrero, el equipo del gobierno anunció el cierre de la negociación. (En la foto, los ministros Andrés Arias y Jorge Humberto Botero y el jefe negociador Hernando José Gómez). Sin embargo, el tema se alargó cinco meses. Ahora el trabajo sigue en el Capitolio de Washington

En las últimas dos semanas ocurrieron dos cosas que dejaron respirar tranquilos a todos los hinchas del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos: por fin se cerraron los textos y el Consejo de Estado no aceptó una acción popular, le quitó inseguridad jurídica al acuerdo, y dejó en manos del presidente Álvaro Uribe y de la Corte Constitucional las responsabilidades sobre el tema.

Sin embargo, si alguien pensaba que lo más duro ya había pasado, estaba equivocado. Durante los próximos 12 meses, el trabajo para el gobierno, en su afán por poner en vigencia el acuerdo más importante de los últimos años, será en jornadas de 24 horas. La razón: ahora toca convencer a los Congresos norteamericano y colombiano y lograr la pronta aprobación del tratado.

El camino tiene más dificultades que las de la negociación técnica. El asunto ya no es de dar para recibir, como en cualquier transacción, sino de 'retórica'. En Estados Unidos hay que mantener el apoyo republicano en el Congreso y, además, persuadir a un importante sector de los demócratas para lograr los votos necesarios. En Colombia, esperar que se respete la disciplina de bancadas. Aunque en ambos lugares el cabildeo será difícil, sin duda es con los legisladores gringos con quienes se definirá el futuro del TLC.

Entonces, en Washington, ¿quién le pone el cascabel al gato? La tarea estaba ni mandada a hacer para el saliente embajador, Andrés Pastrana, quien conocía ese mundo político gringo como la palma de su mano. Pero ahora la pelota quedó en los terrenos de la nueva embajadora Carolina Barco, quien tendrá que coger el ritmo de inmediato para evitar demoras adicionales.

Para lograr este cometido, Colombia deberá hablar de algo más que los simples beneficios del libre comercio; concretamente, deberá poner sobre la mesa sus resultados en la política laboral y sindical. Así lo deja claro el editorial en el diario New York Times, donde se consideraba como condición sine qua non para la aprobación del acuerdo el respeto de los derechos de los trabajadores en Colombia.

Y aunque el embajador Pastrana ya respondió al periódico norteamericano, es evidente que esto es mucho más que un titular periodístico. Refleja un sentimiento de ONG influyentes en el Congreso de Estados Unidos. Es necesario que los legisladores norteamericanos queden convencidos de que se están esclareciendo los crímenes contra los trabajadores.

Pero los buenos argumentos no bastarán. También hay que ser eficiente en el uso del tiempo. Hasta los más optimistas saben que antes de junio de 2007 no habrá entrado en vigencia el TLC, lo que significa que se deberá buscar algún esquema para que los exportadores colombianos sigan vendiendo sus productos en el mercado norteamericano. El primero de enero próximo vencen las preferencias arancelarias. El cronograma entonces está bastante ajustado y cualquier demora sería fatal para los intereses colombianos.

El gobierno tiene claro que para enfrentar el vacío generado entre el vencimiento de las preferencias y la entrada en vigencia del TLC, sólo quedan dos opciones: establecer el reembolso retroactivo de los aranceles pagados o ampliar temporalmente las preferencias arancelarias.

Ambos escenarios son complicados, porque de establecerse el TLC retroactivo -devolución de recursos apenas entre en vigencia el acuerdo-, se afectaría el flujo de caja de los empresarios colombianos. E incluso no hay certeza de si el mecanismo es viable. Como si fuera poco, ampliar las preferencias arancelarias es una eventualidad remota y condicionada a la pronta firma del acuerdo. Colombia tendría más opciones que Ecuador y Bolivia para lograr la extensión de las preferencias, ya que por lo menos firmó un TLC. Así se lo hizo saber la representante comercial Susan Schwab al embajador Andrés Pastrana, de manera informal. El gobierno deberá buscar la ratificación de ese compromiso.

La demora en definir los textos -cinco meses- le robó tiempo valioso al TLC. Ahora, como siempre, habrá que obrar contrarreloj, para evitar un gol en el minuto 92 que eche al traste todo este esfuerzo. O, lo que es peor, un cabezazo en el pecho como el de Zinedine Zidane.

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