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| 5/15/2000 12:00:00 AM

Al borde de un ataque de nervios

Los altibajos de la Bolsa de Nueva York hacen temer a los especialistas por la salud de la economía mundial.

Hoy en día no es extraño escuchar a dos o más colombianos hablando sobre sus inversiones en la Bolsa de Nueva York. De hecho, un creciente número de inversionistas nacionales ha encontrado en el mercado de acciones de Estados Unidos —en particular en las empresas de tecnología— una fuente de altos rendimientos. En 1999 el índice Nasdaq —que reúne las principales acciones tecnológicas inscritas en la bolsa— tuvo un incremento superior al 90 por ciento, cifra que supera con creces el rendimiento promedio de los CDT en Colombia, que apenas alcanzó el 20 por ciento.

Pero en lo que va corrido de este año las cosas han cambiado. Aquellos que celebraban sus ganancias hasta hace tres semanas se encuentran hoy al borde de un ataque de nervios. El índice Nasdaq —del que forman parte, entre otras empresas, Microsoft, Cisco y Yahoo— ha caído cerca de un 30 por ciento en sólo 20 días. Y su rentabilidad en 2000 ha sido negativa.

Más allá de las pérdidas de unos pocos inversionistas, sin embargo, la realidad es que el estrepitoso declive del índice tecnológico de la Bolsa de Nueva York está generando una gran preocupación sobre la estabilidad de la economía mundial.

Sube o baja

Todavía hay expertos optimistas. Bruce Steinberg, de Merril Lynch, reconoce que la volatilidad actual del mercado responde a valoraciones excesivamente altas en las acciones tecnológicas, pero dice que este sector sigue siendo fuerte y sus fundamentos están intactos, por lo que no debe haber preocupación, ni por las acciones ni por la economía de Estados Unidos. Y Mark Lebovit, jefe de estrategia de la firma comisionista de bolsa Vr Trade, el mercado no solamente no caerá sino que “el Dow Jones y el Nasdaq subirán dramáticamente en los próximos 12 meses”.

Pero cada día son más los analistas que piensan de otra manera. Para la revista The Economist no hay nada más alejado de la realidad que la creencia en que estos títulos valores seguirán subiendo. Según sus analistas, las valoraciones actuales son absurdas. Mientras que de 1973 a 1995 la relación precio ganancias de las acciones del Nasdaq nunca superó una proporción de 21 en la actualidad llega a 62, por lo que necesariamente se debe presentar una corrección en el mercado. Y las consecuencias de esa corrección pueden ser funestas para la economía mundial.



Los riesgos

Parte del aumento vertiginoso en los precios de las acciones en Estados Unidos se debe a la especulación. Y ésta la hacen inversionistas que no sólo compran títulos valores con sus ahorros sino que se endeudan para aumentar sus posiciones con el fin de obtener mayores ganancias. En un mercado al alza, endeudarse no tiene ningún problema. Pero cuando la bolsa empieza a caer los bancos les piden a los deudores que cubran sus deudas y en muchas ocasiones éstos no tienen los recursos disponibles para hacerlo.

La situación no sería grave si se tratara de unos pocos inversionistas. El problema es que esta modalidad de inversión ha crecido mucho en los últimos años en Estados Unidos. Según la firma Sanford C. Bernstein & Co. los préstamos de este tipo equivalen en la actualidad al 3 por ciento de los ingresos personales de los norteamericanos, el nivel más alto en la historia financiera de ese país. De allí que una caída sostenida en los índices de la bolsa podría llevar a muchos inversionistas a la quiebra, lo que afectaría la solidez de las entidades financieras.

Pero esa no es la única preocupación de los analistas. Otra, de mayor alcance, es la que llaman el fin del ‘efecto riqueza’. En los últimos 10 años el inmenso valor que se ha creado en el mercado de valores aumentó el ingreso de los norteamericanos hasta en cuatro billones (millones de millones) de dólares. Y una consecuencia de ello fue que los consumidores de ese país aumentaron significativamente el consumo de bienes, lo que desembocó en un incremento de la demanda agregada y en un impulso definitivo del crecimiento económico. Todo lo anterior se puede ir al traste con la caída de las acciones. Si éstas bajan se erosiona la confianza de las personas en la solidez de la economía y disminuyen las compras de los consumidores. De ser así, la economía de Estados Unidos se desaceleraría y esto influiría negativamente en el resto del mundo.

El Nasdaq y el mundo

En 1998, después de la crisis de Rusia, Brasil y Asia, la economía mundial quedó al borde del abismo. Y fueron muchos los expertos que vaticinaron una depresión mundial similar a la de los años 30. El dinamismo de la economía de Estados Unidos pudo más, sin embargo, que el declive de Rusia y de los llamados tigres asiáticos. Gracias al aumento del consumo en Estados Unidos las importaciones de ese país se dispararon, lo que absorbió en gran medida la oferta mundial de productos y el buen ambiente que se vivía en las bolsas de ese país repercutió favorablemente en otros mercados del mundo, dejando atrás el fantasma de la crisis.

El FMI cambió hace pocas semanas su pronóstico de crecimiento para este año —pasando de un moderado 3,5 por ciento a un impresionante 4,2 por ciento— como consecuencia del comportamiento de la economía de Estados Unidos. Pero el mismo Fondo es el primero en advertir que la rápida expansión de la economía de este país es un riesgo latente para la economía mundial.

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, ha expresado su preocupación por los riesgos inflacionarios que se han generado en Estados Unidos como consecuencia del bajo nivel de desempleo —de sólo 3,9 por ciento— y la creciente escasez de mano de obra. Para los analistas esta situación mantiene las expectativas de un nuevo incremento en las tasas de interés, motivo por el cual el mercado está nervioso y se ha resentido severamente el precio de las acciones.

Lo cierto es que a pesar de que todavía no es clara la dirección final que tomará el mercado accionario de Estados Unidos, de continuar la tendencia de la semana pasada —con varios récords diarios en la caída de las acciones—, el motor de la economía se podría apagar. Y las conversaciones de salón sobre la posible quiebra de unos pocos inversionistas cederían el paso a una preocupación colectiva sobre los desastrosos efectos de una crisis mundial.
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