Viernes, 20 de enero de 2017

| 2001/05/28 00:00

Al borde de otra quiebra

Cada día que pasa se profundiza la crisis económica por la que atraviesa el Ecuador. Los organismos multilaterales están a punto de quitarle la ayuda.

Al borde de otra quiebra

La comunidad financiera internacional ha dado un ultimátum a Ecuador. Si no cumple con su promesa de realizar una reforma tributaria de acuerdo con lo pactado en abril del año pasado con el Fondo Monetario Internacional, el paquete de asistencia económica será cancelado y la renegociación de deuda llegará a su fin.

Esta decisión es consecuencia de la reciente negativa del Congreso ecuatoriano de aprobar una reforma que, en su parte medular, busca incrementar el Impuesto al Valor Agregado —IVA— del 12 al 15 por ciento. El presidente del país, Gustavo Noboa, ha responsabilizado a los legisladores de lo que pueda ocurrir con la economía, ya que de la aprobación de la reforma depende el salvavidas financiero, necesario para amortizar los 1.000 millones de dólares de deuda externa pagaderos este año y disminuir el déficit presupuestario, calculado en 674 millones (5 por ciento del PIB).

La decisión del legislativo incumple con la Carta de Intención suscrita a comienzos de 2000 con el FMI. El punto fundamental del acuerdo era el alza del IVA en tres puntos, que generaría ingresos fiscales por 250 millones de dólares. Una vez aprobado el paquete de medidas tributarias, los organismos multilaterales empezarían sus desembolsos: el Banco Mundial con 150 millones de dólares, el BID con 90 millones de dólares, el Fondo Monetario con 150 millones y la Corporación Andina de Fomento con 230 millones de dólares.

Pero eso no es todo. Ante la negativa del Parlamento ecuatoriano, los Estados acreedores que forman el Club de París, han suspendido las negociaciones sobre refinanciación de deuda externa y condonación de algunos tramos vencidos. El anuncio del Club de París —al que Ecuador adeuda un total de 1.200 millones de dólares— ha caído como baldado de agua fría, pese a las previas advertencias de sus miembros.

No hace mucho que el vicepresidente del Club, Bruno Bizard, le envió al ministro de Economía del Ecuador, Jorge Gallardo, una carta en la que señalaba que de no cumplirse el acuerdo con el FMI, “la negociación acordada en septiembre del año 2000 con los miembros del Club quedaría sin efecto, por lo cual Ecuador tendría que pagar intereses por mora desde 1995 hasta la fecha”. De esta manera, Ecuador deberá proceder a pagar al Club intereses de mora por cerca de 200 millones de dólares, mientras pone en riesgo una prevista condonación de otros 400 millones orientados a inversión social. “Sería una gran pena romper las conversaciones con el Club de París. En especial, porque se complicaría dramáticamente el pago del dinero que les adeudamos”, asegura Alexander Mejía, viceministro de Finanzas del Ecuador.

La respuesta del Congreso también ha ocasionado reacciones en las agencias calificadoras de riesgo. Standard and Poor’s bajó la calificación de la deuda externa de Ecuador a largo y corto plazo desde el nivel B al CCC+ (decimoséptimo de 23 categorías), lo que refleja la falta de confianza en la capacidad del país de cumplir con sus obligaciones financieras. Moody’s ha hecho lo propio y ha colocado al Ecuador en el último lugar de su lista de 181 países. “En su último informe, el banco de inversión Lehman Brothers recomienda a los inversionistas del mundo vender los remanentes que tengan de bonos ecuatorianos. Esta advertencia confirma la imposibilidad de volver a conseguir financiación en los mercados internacionales”, afirma Water Spurria, reconocido analista ecuatoriano. “Para rematar, los mercados internacionales están castigando aún más el precio del petróleo del Ecuador. Mientras que en 2000 el crudo se vendió con un descuento de tres dólares por barril, en lo corrido del año se ha dado un diferencial cercano a los ocho dólares”, agrega.



Ultimos intentos

Frente al rechazo del Congreso a la reforma tributaria, el gobierno ecuatoriano presentó lo que se conoce como ‘veto parcial’, con la esperanza de sacar adelante su proyecto en un segundo —y último— intento. Para tal fin hizo algunas modificaciones a la reforma: en lugar de aumentar el IVA del 12 al 15 por ciento, decidió hacerlo del 12 al 14 durante 2001, con una reducción al 13 por ciento para el año 2002. La nueva propuesta del presidente se votará el próximo 9 de mayo.

Si la estrategia del gobierno ecuatoriano no funciona, el riesgo de ruptura con los organismos multilaterales de crédito y con el FMI será inminente. Y con ella, la imposibilidad de cumplir con los compromisos externos por más de 1.000 millones de dólares. Hace unos años hubiera podido pagarle a todo el mundo, aunque con sucres devaluados. Hoy, en una economía completamente dolarizada, no tendrá dinero con qué pagar pues escasearán los dólares.

A juicio de muchos, no le queda otra alternativa diferente a entrar nuevamente en default. Es decir, a repetir la historia de hace un par de años cuando la comunidad financiera internacional veía con asombro cómo se convertía en el primer país del mundo en no honrar los bonos Brady. En esa oportunidad el Fondo Monetario sorprendió a todo el planeta al rehusarse a rescatar a los acreedores del Ecuador. Desde entonces se hizo evidente un cambio significativo en su política respecto de los mercados emergentes: ya nadie puede estar seguro de que cuenta con una garantía de hecho del Fondo.

La convicción de que el FMI va a rescatar a los inversionistas privados si un país no puede pagar, es cosa del pasado. La era del antirrescate ha llegado. Y con ella, el fin de muchos países que, como Ecuador, se acostumbraron a vivir bajo la sombra de la deuda.

De hecho, la contraída originalmente por el Libertador Simón Bolívar en 1815 se terminó de pagar en 1976, gracias a los ingresos extraordinarios producidos por el petróleo. Pasaron más de 160 años. “Cuando el país se constituyó como República independiente en 1840 la deuda ejerció como partera”, explica Alberto Acosta, economista ecuatoriano y experto en deuda externa.

Lo que está ocurriendo en Ecuador demuestra dos cosas. Primero, que la globalización de los mercados financieros impone a los gobernantes una disciplina muy estricta. El costo de hacer locuras fiscales y monetarias es ahora más grande que nunca. Y segundo, que un país se puede literalmente quebrar (ver recuadro), si sus autoridades se obstinan en no aprobar las reformas que se requieren para sacarlo del atolladero. Ojalá que la experiencia del Ecuador le sirva tanto a Colombia como al resto de naciones latinoamericanas para no repetir los mismos errores que el país vecino. En especial, en lo que tiene que ver con cumplir lo pactado en las cartas de intención con el Fondo.

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