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| 7/9/2011 12:00:00 AM

Al filo de la navaja

El presidente Barack Obama busca un difícil acuerdo en el Congreso para evitar que Estados Unidos entre en mora por primera vez en su historia. ¿Qué tan grave es el asunto?

Si en el otro lado del Atlántico la pasan mal con la crisis fiscal que vive la eurozona, a este lado las noticias no son mejores. Estados Unidos, la primera potencia del planeta, está en una situación fiscal muy complicada que la tiene peligrosamente cerca de una cesación de pagos, algo jamás imaginado.

Estados Unidos alcanzó el pasado mes de mayo los 14,3 billones (millones de millones) de dólares de deuda, lo que representa poco más del 90 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Es decir, la primera economía del planeta debe prácticamente lo que vale su producción de un año, algo que suena insólito y que refuerza la idea de que este es un mal propio de las economías desarrolladas. De las veinte economías más endeudas del planeta, más de la mitad son europeas.

Pero más allá de la cifra, ya de por sí peligrosa, lo que realmente preocupa es que la solución no pasa tanto por la economía sino por la política. El gobierno del presidente Barack Obama necesita una autorización del Congreso para ampliar el techo del endeudamiento y evitar que a partir del 2 de agosto empiece a incumplir con los pagos de su deuda, lo cual se ha dificultado por la falta de acuerdo entre demócratas y republicanos.

José Antonio Ocampo, profesor de la Universidad de Columbia, en Nueva York, señala que "la actual situación no tiene que ver ni con la capacidad de pago del gobierno ni con la falta de atractivo de los bonos del Tesoro, que están fuera de duda, sino con el poder que tiene el Congreso en ese país y con la profunda división política".

Los dos partidos tienen profundas diferencias sobre la forma como el gobierno debería reducir el déficit y bajar la deuda. "Existe una profunda brecha ideológica que se refleja en las posiciones excesivamente radicales de algunos sectores republicanos en torno al ajuste fiscal que hay que hacer, que contempla recortes masivos al gasto público sin alza de impuestos. Esto es imposible de hacer con un déficit de cerca del 10 por ciento del PIB: en el mundo entero, un déficit de este tamaño hay que corregirlo tanto por la vía del gasto como de los impuestos", le dijo Ocampo a SEMANA. 

La presión sobre el Congreso es muy grande. El propio presidente Obama se ha encargado de alertarlo. La semana pasada dijo que la idea de que el país pueda incumplir el pago de su deuda es "irresponsable", y alertó que el hacerlo podría provocar que el país caiga de nuevo en recesión o "algo peor".

También el presidente de la Reserva Federal (FED), Ben Bernanke, dijo que si el Congreso no aumenta el límite de la deuda, el resultado será la ruina económica y fiscal. "Aun una corta suspensión de pagos al capital o al interés en la deuda del Tesoro causaría severas interrupciones en los mercados financieros, induciría a la baja de calificaciones de la deuda del gobierno estadounidense, crearía fundamentales dudas sobre la solvencia de Estados Unidos y dañaría el rol especial del dólar y los bonos del Tesoro en los mercados globales", dijo Bernanke, en una conferencia en Washington.

Es probable que los legisladores lleguen a un acuerdo para ampliar el techo de la deuda y apagar el incendio. Pero una vez apagado, el tema de fondo es que existe un abultado déficit y que los estadounidenses se tendrán que apretar el cinturón. Y eso genera un círculo vicioso: un ajuste fiscal duro en Estados Unidos puede llevar a una caída de la economía gringa con repercusiones negativas en el mundo. Pero, si no se hace, en el futuro la situación se tornará aún peor. La gran potencia está en el filo de una peligrosa navaja.
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