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| 12/29/1986 12:00:00 AM

AL QUE QUIERE TINTO...

Polémica por la idea del gobierno de pedirle fondos a los caféteros para financiar la erradicación de la pobreza absoluta

Pocas veces en el último año habían sentido los cafeteros que se estaban tomando un tinto tan amargo. Al fin y al cabo, el 86 fue el año de la bonanza en el cual la subida en los precios internacionales del grano borró los sinsabores de comienzos de esta década. Pero bastó una frase en el discurso del presidente Barco durante la instalación del Congreso Nacional de Cafeteros la semana pasada, para que la sensación de euforia del gremio fuera remplazada por una de incertidumbre ante el futuro. La afirmación del jefe del Estado en el sentido de que "se deber garantizar que el Fondo (Nacional del Café) participe justa y proporcionalmente con el resto de los sectores de la economía que tienen excedentes financieros importantes en la financiación de las labores del Estado", cayó como un baldado de agua fría sobre los cafeteros, quienes de la noche a la mañana se vieron can el peso del plan de desarrollo. La iniciativa gubernamental de erradicar la pobreza absoluta se vio supuestamente animada--según el gobierno--no sólo por el dinero, sino también por el éxito que ha tenido la Federación de Cafeteros en ese aspecto, en las zonas donde se cultiva el grano.

TONO REGAÑON
Irónicamente, la idea del gobierno de utilizar la experiencia y el dinero de los cafeteros dentro de la estrategia de mejoramiento de las condiciones de vida de la población, era hasta cierto punto esperada por el gremio.
Sin embargo, no había tetminado el presidente Barco su discurso, cuando algunos de los asistentes al Congreso Cafetero ya estaban protestando. En algunos casos las reacciones fueron tan fuertes que inclusive se llegó a pensar en un enfrentamiento abierto entre el gobierno y el gremio más poderoso del país. Afortunadamente, las asperezas empezaron a limarse a finales de la semana, y lo que en un principio pradujo revuelo se acabó aceptando como algo negociable y de mutua conveniencia para las partes.
Al parecer, buena parte del problema inicial estuvo relacionada más con el tono del discurso que con su contenido. Tal como dijera uno de los asistentes al evento, "sonó como si se estuviera regañando a un socio".

Regaño o no, lo cierto es que el problema de fondo radica en la distribución de utilidades de la sociedad.
Para el ejercicio de este año, la administración pasada firmó en enero un acuerdo con los cafeteros, en el cual se pactó que, después de aumentar el precio interno de compra y de pagar la deuda externa del Fondo Nacional del Café (unos 400 millones de dólares en esa epoca), el dinero que sobrara se dividiría en tres partes: una para la capitalización del Fondo, otra para estimular el ahorro cafetero (básicamente la entrega del Título de Ahorro Cafetero, TAC, a los productores) y otra para el gobierno a través de préstamos y transferencias de recursos. El desarrollo del trato se mantuvo dentro de los términos acordados y todo hace pensar que para el fin de año cada tajada del porqué equivaldrá a unos 60 mil millones de pesos.

La gran pregunta ahora tiene que ver con el valor del ponqué para 1987.
Aunque la situación general del mercado es incierta y por ello es muy difícil predecir el valor de las ventas externas de café, por ahora se cree que la torta va a ser más grande en 1986.
Por una parte, ya se pagó la deuda externa del Fondo y, por otra, se prevé que el incremento en el precio interno no va a ser nunca similar al de 1986 (la carga pasó de 20.700 pesos hace un año a 41.250 pesos ahora, incluyendo el TAC). Esas dos circunstancias combinadas hacen pensar que aun con una situación de precios floja, el excedente cafetero en 1987 bien podría llegar a los 300 mil millones de pesos.

EL TAMAÑO DEL PLATO
Frente a ese volumen de recursos, existe en el gobierno la impresión de que ahora los platos deben ser de diferente tamaño. El principal argumento en favor de la idea radica en los beneficios que ha derivado el gremio de la devaluación del peso frente al dólar. Tal como dijo el presidente Barco en su discurso en la medida en que la acelerada devaluación implica considerables egresos para el sector público, se debe conseguir que los beneficios que el gremio cafefero recibe y ha recibido de la devaluación, se destinen en parte a compensar los costos del gobierno, especialmente los relacionados con el considerable aumento de nuestra deuda externa, que ha menoscabado nuestras posibilidades de inversión en los sectores sociales básicos".

Esa compensación se hizo hasta mediados de la década de los 70 mediante el manejo del impuesto ad valorem aplicado a las exportaciones de café. Sin embargo, la tasa del impuesto se redujo y en opinión de los técnicos del gobierno ya perdió buena parte de su efecto. Teniendo eso en cuenta, todo hace pensar que lo lógico hubiera sido que el gobierno le hubiera propuesto al Congreso una elevación del ad valorem dentro del proyecto de reforma tributaria. No obstante, la antipatia que crea el impuesto ante los cafeteros, asi como la posibilidad de que el proyecto fiscal se hubiera empantanado aún más de incluirse la idea del ad valorem en el articulado, condujo a la administración a buscar lo mismo, pero "a las buenas".

Aunque el gobierno esta todavia a más de un mes de definir los puntos básicos de su idea, se cree que esta podria incluir la entrega de una porción mayoritaria del excedente y la cesión definitiva de una buena parte (no la entrega en forma de préstamo como se hace ahora), o bien el compromiso de la Federación de financiar programas de erradicación de la pobreza en zonas como la Costa pacifica, los valles del Sinú y San Jorge, el valle del Magdalena Medio y los Territorios Nacionales.

Por su parte, hay que ver la manera en que los cafeteros asimilan la iniciativa una vez esta se encuentre más explicada. Por el momento se cree que estarán de acuerdo con parte de la idea, pero haciendo énfasis en que una buena proporción de los recursos se concentre en la zona cafetera. Tal como dijera desde Manizales Javier Ramirez Gómez, un directivo de Ascafé, la propuesta "está bien después de que sobre acá". Aunque el gobierno sostiene que los niveles de pobreza son inferiores en la zona cafetera que en el resto del país, Ramirez insiste en que "lo que pasa es que no han venido" y recuerda que aqui "hay gente que medio vive de cuatro palos de café y una mata de plátano".

A su vez, se tiene la impresión de que la Federación desea mantener un esquema similar al-que se encuentra vigente para este año. Los especialistas le reconocen al pacto existente que ha sido definitivo para devolverle la confianza al productor interno y para conseguir la solidez patrimonial del Fondo Nacional del Café. Es asi como el patrimonio del Fondo pasó de 137 mil millones de pesos en diciembre de 1985 a 294 mil millones a septiembre pasado, un incremento del 115% en nueve meses.

Si eso no se consigue, la prioridad sigue siendo la concertación. Tal co mo dijera el gerente de la Federación, Jorge Cárdenas, la semana pasada, "resulta evidente que es mejor poder trabajar sobre la base de una capacidad de respuesta institucional que dentro de unos marcos estrechos, rígidos e inflexibles, como los que a veces se proponen y que parecen olvidar que el mercado cafetero está dominado no por la estabilidad sino por las coyunturas y el cambio". La frase de Cárdenas, dirigida a quienes han propuesto que se nacionalice el manejo del café y no al presidente Barco como erróneamente se interpretó, dejó en claro que el gremio también es partidario de la negociación directa. La experiencia de este año, en el cual en términos generales se lograron los objetivos propuestos, indica que es posible obtener un arreglo satisfactorio para el gremio y para los planes del gobierno. En el intermedio hay que esperar a que se defina el panorama del mercado externo para que se pueda discutir la magnitud del excedente y su distribución posible con base en cifras más sólidas. En el proceso, la administración es optimista y confia en que con buenos argumentos logre convencer a los productores del grano de que al que quiere café... se le deben dar dos tazas. --
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