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| 11/10/2003 12:00:00 AM

Al tablero, otra vez

Aun con la reforma tributaria es poco probable que el gobierno logre las metas fiscales pactadas con el FMI. ¿Qué pasa si no cumple?

Mientras el presidente de Brasil habla mal del Fondo Monetario Internacional (FMI) pero cumple al pie de la letra los compromisos que tiene con el organismo, el de Colombia hace exactamente lo contrario. En sus discursos alaba el apoyo que recibe del Fondo. Sin embargo, cuando llega la hora de 'pasar al tablero' no tiene mucho para mostrar.

Este contraste se hizo bastante evidente con las noticias de la semana pasada. El miércoles el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que el FMI debe cambiar de comportamiento para no seguir exigiéndoles a los países que hagan ajustes fiscales y que más bien debería comprometerse con el desarrollo económico. Lo curioso del asunto es que el mismo día de esa declaración firmó un nuevo acuerdo con el Fondo, que es más estricto incluso que el anterior, cuyas metas había cumplido de sobra.

Por los lados de Colombia, en cambio, la historia es muy distinta. La semana pasada llegó al país una misión del FMI y encontró al presidente Alvaro Uribe muy comprometido con el ajuste en sus discursos, pero no tanto en la chequera. Ya antes de que se hundieran los puntos económicos del referendo el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, había anunciado que no cumpliría la meta de déficit fiscal que había pactado con el Fondo para 2003, que era de 2,5 por ciento del PIB, pues unos gastos mayores a los presupuestados elevarían el faltante a 2,8 por ciento.

Esto suponía la aprobación de la parte económica del referendo. Pero ahora que se ha hundido cabe esperar que el incumplimiento sea mayor. La congelación de gastos incluida en la consulta le habría ahorrado al sector público cerca de un billón y medio de pesos en 2003 y tres billones en 2004. Lo de 2003, sin embargo, se puede compensar en parte con recortes de gastos en los últimos dos meses del año y por eso la situación es relativamente menos grave en comparación con la del año entrante.

El acuerdo pactado a fines del año pasado hablaba de un déficit de 2,1 por ciento del PIB en 2004. Antes de hundirse la parte económica del referendo el Ministro de Hacienda había dicho que intentaría subir ese tope a 2,5 por ciento. La pregunta del millón es qué pedirá ahora y qué tanto déficit estará dispuesto a aceptar el Fondo.

En principio la reforma tributaria que el ministro Carrasquilla radicó en la Cámara de Representantes el miércoles pasado debería bastar para compensar la caída del referendo. Esta propuesta incluye un impuesto para las pensiones que superen los seis salarios mínimos, un IVA de 17 por ciento para todos los productos, salvo lo básico de la canasta familiar, y vuelve permanente la sobretasa que eleva el impuesto de renta a 38,5 por ciento.

Estos cambios, junto con las medidas antievasión, subirían los ingresos tributarios en 2,8 billones de pesos el año entrante, que es un poco menos de lo que se dejó de ahorrar por la caída del referendo. Por lo menos así se ve la reforma en el papel. Pero falta ver cómo sale ésta del Congreso, donde los proyectos tributarios suelen sufrir la tradicional peluqueada y el gobierno parece tener menos amigos que el año pasado.

En todo caso, aun con la reforma completa, las cuentas del gobierno siguen muy apretadas. En lo que va de este año, por ejemplo, los recaudos tributarios han estado un poco por debajo de lo presupuestado, lo cual traería un mayor déficit este año y además reduciría la base para calcular los ingresos de 2004. De manera que así le salgan bien las cosas al gobierno en el Congreso lo más probable es que el déficit resulte superior al que se había pactado anteriormente con el FMI.

Al Fondo no le quedará más remedio que ser flexible. De hecho, ya lo ha sido en el pasado con Colombia. En el primer acuerdo que firmó el país con el organismo en 1999 se proyectaba que en 2002 el déficit del sector público sería de 1,3 por ciento en 2002. Con el paso del tiempo se fueron moviendo los topes y al final el Fondo terminó tolerando un déficit de 3,6 por ciento el año pasado. Con el nuevo acuerdo, que empezó a regir este año, se podría repetir la historia. Por lo menos las cifras que se conocen hasta ahora para 2003 y 2004 son un mal presagio.

Muchos se preguntan ahora qué tan grave sería incumplir las metas iniciales de este segundo acuerdo con el FMI. Como están las cosas, podría ser más grave que la vez pasada. La dificultad no estaría por los lados del Fondo, que al fin y al cabo se ha mostrado flexible y paciente con Colombia. Es probable que el organismo termine por comprender las restricciones políticas y constitucionales que le impiden al gobierno colombiano poner sus finanzas en orden y acceda a ampliar los topes de déficit.

Lograr esa ampliación es lo de menos. Lo grave en ese caso sería que el mayor déficit inevitablemente se traduciría en una deuda pública más grande, y ese es el problema de fondo. Los acuerdos con el FMI son como una especie de sello de calidad que les manda la señal a los inversionistas de que el país se volverá juicioso en materia fiscal. Si con el paso del tiempo éstos empiezan a ver que las promesas se están quedando en el papel se empezarán a asustar y a cortar el chorro de recursos al país. Por eso, para preservar el acceso de Colombia al crédito internacional, no basta con tranquilizar a los gringos del Fondo que están de visita sino que hay que aplicar medidas tangibles para salir de las angustias fiscales que ahogan al gobierno.
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